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No hay otro barrio más orgulloso en Uruguay. La Teja, en el suroeste de Montevideo, es el solar natal de quien, en horas apenas, será el nuevo presidente de este país. Tabaré Vázquez aún lo visita, allí vive una de sus hermanas y en sus humildes casas todavía habitan muchos amigos de infancia. Bajo sus maneras simples, el distrito entero comparte el clima de fiesta que ya se percibe ante el inminente cambio de gobierno. La novedad no es poca cosa. Será la primera vez, en 174 años de historia, que un partido no tradicional accede al último peldaño del poder.
Cuando Clarín lo visita bajo el sopor del mediodía, La Teja entera hace la siesta. Nadie camina por sus baldosas cuarteadas por el empuje del pasto. Todo el rumor de la vida llega sólo a través del ladrido de un perro. El barrio —una suerte de cuna nacional del Frente Amplio, la simiente de la alianza que llevó al poder a Tabaré Vázquez— está engalanado con banderas de Uruguay y las tricolores (roja, blanca y azul) de las tropas de Artigas, el prócer nacional.
"Acá ya hay fiesta y va en aumento hasta el martes que será todo cohetes, murgas y bailes. En el centro es igual". El que habla tiene el raro privilegio —según dicen— de ser uno de los que más ha tratado al presidente electo. A sus 71 años, Daniel Marsicano, conocido por todo el mundo aquí como "El Pistola", es uno de esos duendes imperdibles de esta bella ciudad. Con un Tabaré que aún no se había convertido en el oncólogo de hoy, "El Pistola" y otros amigos fundaron el club El Arbolito, un centro de asistencia social de La Teja. Allí, en un barrio obrero y castigado por el desempleo, más de 400 chicos toman la merienda, de lunes a sábados, en dos turnos.
De pronto, asoma un camión colmado de jóvenes tocando entusiastas varios bombos, envueltos en la bandera de Uruguay. "Esos practican para esta noche", dice Marsicano, mientras se alisa su cabello blanco de senador romano. Luego, se ríe por la leyenda de un cartel: "No afloje. Faltan dos días y se van". Y enseguida sugiere visitar otros barrios con aire de fiesta.
Es que ya desde anoche hubo concentraciones en Pocitos, Malvín, Buceo y Peñarol. Y esta medianoche habrá fuegos artificiales, según anunció Alfredo Curbelo, de la comisión organizadora del Frente. Por lo pronto, los stocks de pirotecnia se agotaron.
Todo está de bote a bote en esta ciudad. Desde los restaurantes hasta los hoteles. Más de 130 delegaciones están desembarcando en Montevideo. El jubileo se percibe en la calle, en los bares, en la cola de los cines, en los cientos de artículos aparecidos en la prensa. Mucha gente sacó sus banderas a los balcones. El gran tema es la asunción del nuevo gobierno, mañana martes, cuando el actual presidente, el colorado Jorge Batlle, entregue los atributos del mando a Tabaré, el hijo pródigo de La Teja y un referente clave de Montevideo, el bastión electoral del Frente Amplio, del que fue intendente a principios de los 90.
La enorme expectativa popular por el nuevo gobierno ya fue mensurada. Según un sondeo nacional de Factum, al que accedió Clarín, el 77% considera que su gestión va a ser "muy buena".
Lo curioso es que también lo piensan los votantes del Partido Colorado en el poder. Aunque son los más pesimistas, el 67% tiene una visión favorable. "Es una expectativa formidable para el inicio de una gestión", dijo Oscar Bottinelli, el director de Factum.
Claro que los problemas son enormes. Un tercio de la población vive en la pobreza y la deuda externa, pese a que fue parcialmente canjeada, equivale al 106% del PBI.
Pero aunque el horizonte es oscuro, muchos quieren seguir creyendo. Alta, pómulos marcados y un karma de antigüedad oriental, Marisa Rivero, de 43 años, lo dice sin vueltas: "No creo que nos solucionen todo de la noche a la mañana. Pero, ¡por Dios, tengo derecho a la esperanza!".
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