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MONTEVIDEO.- Cambio es la palabra que mejor define los tiempos que se viven en Uruguay. Y no por nada: ciento setenta años de alternancia de colorados y blancos van a tocar fin mañana cuando asuma el gobierno de izquierda de Tabaré Vázquez, y este traspaso del mando -toda una vuelta de página en los futuros libros de historia- no deja a nadie indiferente de este lado del Río de la Plata.
La expectativa impregna todo en Montevideo. Es la charla obligada en calles, plazas y cafés. Por más que hayan pasado cuatro meses desde el triunfo de Tabaré, como todos llaman aquí al presidente electo, y más allá de que la transición haya dado pie a un amplio acuerdo de las principales fuerzas políticas, lo que hace prever un horizonte sin mayores sobresaltos en tres áreas fundamentales: economía, educación y política exterior.
"Aquí terminó el siglo veinte uruguayo y comienza una nueva etapa", dijo a LA NACION el analista político Gerardo Caetano acerca del significado del triunfo frenteamplista. Hizo notar, sin embargo, que el cambio no va a ser de ninguna manera un salto al vacío: "El presidente electo habla de gradualismo, y es claro que intenta consolidar una imagen de cautela", observó.
Las pintadas de "bienvenidos Chávez y Fidel" en muros del casco viejo de esta capital parecen aludir así a una revolución que está muy lejos del ánimo de los uruguayos, pese a que han elegido a un gobierno en el que todavía asoman algunas viejas utopías.
Aun así, la visita del presidente venezolano, cuya llegada está prevista para esta noche, y la presencia -todavía no confirmada y hasta desmentida por algunas fuentes- del líder cubano prometen agregar al protocolo un condimento adicional mañana durante la ceremonia de asunción de Vázquez.
De hecho, un cambio que sí tendrá efecto inmediato apenas tome posesión el nuevo gobierno va a ser el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba, interrumpidas en junio de 2002 en medio de una serie de intercambios verbales de alto voltaje entre el presidente saliente, Jorge Batlle, y Fidel Castro.
Según la prensa local, el mandatario cubano se alojaría en un hotel más bien alejado -posiblemente el Belmont House, en Carrasco- y sólo asistiría a la parte final de la ceremonia de asunción de Vázquez, luego de que Batlle abandone el edificio Independencia. Pero el misterio de Guerra Fría que rodea los movimientos de Castro tiene en vilo a la prensa internacional, expectante además ante la posibilidad de que la capital uruguaya sea el escenario de una gran cumbre de la izquierda latinoamericana.
"Ojalá le vaya bien, vamos a ver", comentó a este enviado Luis Alonso, un taxista que votó por la alianza de partidos de izquierda que respalda a Vázquez. "Creo que vamos a estar mejor. Pero la gente espera soluciones de la noche a la mañana y Tabaré no es capaz de hacer milagros: no le pueden pedir que haga un asado debajo del agua", se atajó.
El optimismo se refleja también en las encuestas. Seis de cada diez montevideanos, según un sondeo difundido por el diario El País, dicen tener "mucha" o "bastante" confianza en el próximo gobierno, que llega al poder tras el histórico triunfo del 31 de octubre pasado, cuando el Frente Amplio se impuso a blancos y colorados con el 50,5% de los votos.
Ese triunfo -y castigo a los partidos tradicionales- alimenta todavía la ilusión de un país ávido de respuestas luego de atravesar en los últimos tres años uno de los períodos más difíciles que se recuerden, con el PBI en caída libre y un dramático salto de los índices de pobreza en una sociedad que siempre se enorgulleció de su alto grado de desarrollo social.
Es cierto que, tras el colapso financiero, el presidente Batlle entrega hoy un país en franca recuperación. Pero los extremos a los que llegó la situación todavía hacen sentir sus efectos. De hecho, el nuevo gobierno asume con pocos pero firmes compromisos, y el principal, sin duda, es atender a los más afectados por la crisis mediante un plan de emergencia social. Casi un millón de pobres en un país de tres millones y medio de habitantes dan una medida del desafío que tiene por delante la coalición de izquierda.
Hoteles llenos
Este es el clima de inicio de una nueva era que van a encontrar en Montevideo las cerca de 130 delegaciones extranjeras que estarán presentes mañana en la asunción de Tabaré Vázquez, y que han copado prácticamente todos los hoteles de cuatro y cinco estrellas de Montevideo.
Unos 2000 efectivos serán movilizados para garantizar la seguridad del futuro mandatario y de las visitas de honor, entre las que también figuran los presidentes de la Argentina, Néstor Kirchner; de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva; de Chile, Ricardo Lagos, y los príncipes de España, Felipe y Letizia, los primeros en llegar anoche a esta ciudad.
El minucioso operativo policial, diseñado durante dos meses, incluirá francotiradores apostados en lugares estratégicos de Montevideo, el cierre de calles y avenidas céntricas en torno de la plaza Independencia, y una custodia permanente en coordinación con los responsables de seguridad de las delegaciones visitantes, algunas de ellas -como la de Venezuela- de más de cien integrantes.
En extraño matrimonio, la fuerte presencia policial se conjugaba ya ayer en el centro antiguo con los coloridos festejos del carnaval más largo del mundo. Y todo el conjunto parecía alterar la habitual tranquilidad de pueblo grande de esta ciudad, un anticipo, tal vez, del cambio que se avecina.
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