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ONU retira sus buenos oficios en Colombia y no remplazará a su asesor especial
Por: Panodi
Fecha de publicación: 23/01/05
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La decisión de retirar la figura política de buenos oficios la tomó la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas, tras seis años de misión.

La determinación se oficializará en abril próximo, cuando LeMoyne deje su cargo de asesor especial del secretario general de la ONU, Kofi Annan, quien decisió no reemplazarlo.

Según fuentes informadas de la ONU, el retiro se debe a que "no ven forma de ejercer los buenos oficios, de tomar contactos con las partes y de buscar acercamientos".

Con la desaparición de esta figura, el Estado colombiano se queda sin el acompañamiento de este organismo multilateral, que le brindaba un alto nivel a la discusión del tema del conflicto armado y de sus probables soluciones en el seno de las Naciones Unidas.

Paradójico, si se tiene en cuenta que incluso Uribe el día de su victoria electoral (26 de mayo del 2002) anunció que acudiría a la ONU para que "mediara" en los acercamientos con las Farc, principalmente. Y, además, porque esta guerrilla le escribió en dos oportunidades a Annan solicitándole audiencia.

Hay diferentes interpretaciones sobre por qué LeMoyne nunca logró acercarse a sus interlocutores para, luego, concretar un diálogo entre ellos.

Buena parte de la historia de la suspensión de la figura del asesor especial en Colombia está tejida alrededor del diplomático estadounidense, quien entró a suceder al noruego Jan Egeland, el primer en ocupar el cargo (1999).

La base del distanciamiento de LeMoyne con el presidente Álvaro Uribe y su comisionado de paz, Luis Carlos Restrepo, parece radicar en lo diametralmente opuestas que son sus posiciones, lo que hicieron de esta un relación tormentosa.

Por principio, Uribe descarta que lo que hay en Colombia es un conflicto armado. Afirmación que también significa que no existe contraparte. Esta administración viene insistiendo en escenarios nacionales e internacionales en que Colombia sufre la amenaza terrorista de grupos armados ilegales.

El diplomático de la ONU no es de esta línea. En su primera entrevista, el mismo día en el que asumió el cargo -primero de enero del 2002-, le dijo a EL TIEMPO que en el país "ha habido guerra total, ofensivas masivas que nunca han traído una paz sostenible, ni consenso social".

Si bien, esas palabras las pronunció seis meses antes de la posesión de Uribe, se convirtieron en un antecedente que daba cuenta de una posición crítica a lo que luego sería una de las columnas vertebrales de la política de Seguridad Democrática del entonces gobierno entrante.

Ya en la era de la nueva administración, donde Annan lo ratificó como su asesor especial para Colombia, su distanciamiento con la postura oficial quedó evidenciado en dos momentos.

El primero, cuando dijo que la esencia de los guerrilleros de mando de las Farc era política. Eso le generó un rifirrafe con la ministra de Defensa de la época, Marta Lucía Ramírez.

El segundo, cuando LeMoyne tomó distancia del proceso con los paramilitares, en el que la Oficina del Comisionado pretendió, sin éxito, hacerlo partícipe.

Incluso el Gobierno cree que LeMoyne trató de boicotear la participación de la OEA en el solitario, pero único proceso de esta administración con las Auc, acompañamiento que hoy se hace a través de una misión especial de ese organismo interamericano.

Así mismo, hay distintas versiones acerca de por qué si se mantuvo distante del Gobierno, no tuvo oportunidad de reunirse con las Farc. El encuentro de Brasil que parecía inminente no se concretó porque esta organización guerrillera quería una participación mucho más amplia que la deseada por el Gobierno y por la propia Organización de Naciones Unidas.

En territorio colombiano, aunque solo esa guerrilla sabe los motivos que la llevaron a evitar un encuentro directo con LeMoyne, pudo haber pesado el hecho de que es muy difícil que el diplomático llegue hasta lo recóndito de las selvas sin ser detectado. Su entrevista tendría que cumplirse con algún miembro del secretariado, por los que pesan fuertes sumas de dinero.

En alguna oportunidad LeMoyne comentó en círculos cerrados que no obtuvo la autorización expresa del Gobierno para cumplir ese cometido.

Incluso alguno de sus interlocutores le comentó a este diario que funcionarios gubernamentales adujeron que no era descartable un secuestro suyo si acudía a una cita con la guerrilla en las montañas de Colombia.

La suspensión de los buenos oficios de Naciones Unidas podría conducir a que el organismo le reste interés a participar en la eventual resolución del conflicto armado.

Si bien el sistema de Naciones Unidas tiene una amplia presencia en el territorio colombiano, la figura de un asesor especial es de carácter político, no humanitario, y tiene relevancia en la medida en que tiene la voz del secretario general en esos asuntos, pues es él quien directamente lo designa.

Colombia ha logrado posicionar su situación ante el mundo y demandar ayuda.

Pero hay varios factores que incidieron en el desgaste de esta figura, con la que no cuentan muchos países en el mundo.

El primero, el propio desgaste de LeMoyne. El diplomático entra en escena en un momento en el que el proceso entre la administración Pastrana y las Farc está agonizante, no logra redimirlo de su estado, y prácticamente carga el fracaso a cuestas cuando Uribe asume como Presidente.

El segundo, el actual panorama colombiano, con el Plan Patriota, la extradición de 'Simón Trinidad' y la captura de Granda en medio.

El tercero, las nuevas realidades mundiales que han llevado a que la lucha contra el terrorismo en cabeza de Estados Unidos se imponga.

Sin embargo, el Gobierno cuenta con otros facilitadores. En el caso del acuerdo humanitario, con la Iglesia, y en el caso del Eln, con México.

Si para esta administración el problema era Lemoyne y no la figura de buenos oficios, tiene tres meses para revertir la decisión de Annan.

La imposibilidad de desarrollar contactos, puso a evaluar a la Secretaría General de la ONU la viabilidad de esta figura. Desde noviembre, Annan venía pensando en la suspensión de las actividades de su asesor especial.

A su vez, el Gobierno colombiano presionaba la salida de LeMoyne. En diciembre, María Ángela Holguín, embajadora de Colombia ante la ONU en Nueva York, buscó al subsecretario político de la ONU para comunicarle que esta administración consideraba oportuna la salida de LeMoyne.

La oficialización de la renuncia de LeMoyne es cuestión de protocolo y se puede producir en cualquier momento. Solo es cuestión de que la Secretaría General tome la decisión de cómo presentará el asunto, pues no descarta que en un futuro nuevas condiciones permitan reanudar la misión.




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