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“Hay personas que nacen con una objeción de conciencia. Pero algunas veces son ciertos eventos en la vida los que hacen ver que el camino en el que se estaba era el equivocado. La pregunta que me hice es si quería estar en una institución cuyo único fin es matar”, dijo el sargento Benderman.
Kevin Benderman, de 40 años, el 28 de diciembre último notificó a sus jefes que no regresaría a Iraq y se declaró "objetor de conciencia". Benderman, cuya unidad tenía planificado el retorno a Iraq este 8 de enero, está acusado de deserción y evasión intencional del despliegue en ultramar. De ser presentado a un consejo de guerra, este militar podría enfrentar hasta siete años de cárcel y la expulsión de las fuerzas armadas.
Benderman dijo no poder olvidar imágenes dantescas dejadas por la agresión armada al país del Golfo Pérsico. En Iraq, según dice, fue testigo de primera mano de las atrocidades de una guerra a la que hoy no le encuentra sentido.
Recordó las fosas comunes en el poblado de Khanaqin, cerca de la frontera con Irán, donde los perros saciaban el hambre con cadáveres, la mayoría de mujeres y niños.
En particular, recrea en pesadillas la imagen de una niña quemada a la que no se le brindó atención por que, según sus superiores, estaban “cortos” de medicinas. “Su brazo estaba quemado, quemaduras de tercer grado, negro, Y ella parada allí con su madre, suplicando por ayuda. Eso le abre a uno los ojos, ver lo absurdo que esto es”, confiesa el sargento que desde entonces no duerme en paz.
El juicio del sargento Benderman revive nuevamente los horrores que se cometen en Iraq, y pone en entredicho la imagen la guerra de ocupación del país árabe y una institución que se desgasta con cada día que pasa.
Con información de Prensa Latina, AP, CNN y Sergio Gómez Masseri (El Tiempo) y ABN.
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