Lameda, ex director de Petróleos de
Venezuela, tuvo cinco meses para aceitar el golpe
STELLA CALLONIENVIADA
Caracas, 25 de
septiembre. Aunque
la sombra del golpismo que envuelve a Venezuela no parece desvanecerse, el
avance del proceso encabezado por el presidente Hugo Chávez y el debate sobre
las razones múltiples que adujeron los golpistas del pasado 11 de abril, está
sirviendo para ver las razones reales de ese poder que conforma un eje mediático
empresarial con una Coordinaroa Democrática que terminó siendo una calca de las
coaliciones diseñadas por Washington tanto en Nicaragua, como en Panamá, en los
años 80.
Durante la serie de
entrevistas y reuniones que mantuvo La Jornada en Caracas en estos días,
quedaron en claro las acciones más profundas del golpe, muchos de cuyos
elementos conspirativos están funcionando hoy en la misma dirección: la de
golpear otra vez.
Para varios analistas
consultados la Constitución aprobada en diciembre de 1999, en favor de las
mayorías marginadas y en defensa de la soberanía nacional, desata el odio de una
clase alta que disfrutó los encantos de la inmensa renta petrolera, dejando
afuera un mundo de marginación y pobreza, cuya realidad subsiste en las alturas
de los cerros que rodean la capital y en el interior.
Pero es sólo uno de los
desencadenantes, como el tema de las leyes habilitantes, utilizadas todas en
favor de mejorar la situación del pueblo pobre y también proveer una
modernización necesaria, pero ajustada a las necesidades propias. Sin embargo,
lo que nadie puede ocultar es la "conspiración madre" en torno a la riqueza
petrolera, agudizada con los anuncios del presidente estadunidense, George W.
Bush, sobre la guerra contra Irak.
Un informe especial sobre el
tema, realizado por un grupo de analistas que escriben en el semanario
venezolano Proceso, señala a los verdaderos actores del "golpe de Estado
petrolero", una de cuyas primeras acciones durante el 11 de abril pasado fue
suspender, mediante el control computarizado en sus manos, los envíos de
petróleo a Cuba, que ahora acaba de restituir el gobierno.
Para estos analistas la
conspiración en Petróleos de Venezuela (PDVSA) se aceleró cuando Guaicaipuro
Lameda fue nombrado presidente de esta empresa estatal en octubre de 2001. "Ahí
se inició un proceso de las fuerzas más reaccionarias amalgamadas internamente
en PDVSA", señala el análisis, que reúne una larga lista de los
responsables.
Crean "fuerza de
choque"
Entre ellos, operadores
políticos como Luis Pacheco, a su vez vinculado a otros como Luis Giusti, ex
presidente de la petrolera estatal venezolana y nada menos que asesor de energía
de Bush, con lo cual se conformó lo que denominan "una fuerza de choque
ideológico que comenzó a actuar entre bastidores para conformar corrientes de
opinión y de aproximación a entes políticos de emergencia con el objetivo de
privatizar PDVSA".
Esto llevó a la ocupación de
posiciones claves imponiendo figuras afines a esos grupos tradicionales, los
cuales ocuparon lugares estratégicos en la empresa. Los analistas reseñan que en
abril y mayo de 2001 ya existía un plan real que tenía como objetivo la
privatización de PDVSA y una conspiración para derrocar a Chávez, lo que había
convertido a esa institución en "un centro de discusión de acciones internas y
externas".
Desde octubre pasado, Lameda
cumplió además el papel de acercamiento con el sector militar que participó en
el golpe, mientras otros eran los encargados de aceitar los nexos con el
sector civil. Los organismos de inteligencia estatales comenzaron a detectar las
actividades de Lameda, entre las cuales destacan sus reuniones con Luis Giusti
en Washington, con Henry Kissinger en Nueva York, con el ex presidente Carlos
Andrés Pérez en Miami y, por supuesto, con el conglomerado empresarial y de
medios de comunicación, así como con el llamado Frente Institucional
Militar.
En esta actividad también se
extendieron las relaciones y el apoyo a los alcaldes de municipios opositores,
como Baruta, Carabobo, Chacao y la gran Caracas, en este caso Alfredo Peña,
quien comprometió activamente a su poderosa policía metropolitana. Para entender
la situación baste mencionar que en Venezuela existe una insólita
descentralización de fuerzas policiales y éstas dependen de los alcaldes, lo que
hizo posible la confusión en las primeras horas del golpe y mentir sobre de qué
lado salieron los disparos.
Y también es el símbolo de
algo visible en el país, que evidencia el desorden institucional dejado por los
partidos tradicionales, en un esquema de anarquía que administraron muy bien en
su favor. Las acciones de Lameda finalmente llevaron a su salida del cargo en
febrero de este año, pero había tenido cinco meses para aceitar la
conspiración, apoyada por funcionarios vinculados con la poderosa Fedecámaras,
la Central de Trabajadores de Venezuela y otros, desarrollando una estrategia
"para sabotear el Acuerdo de Cooperación Energética con Cuba y también la
permanencia en Venezuela de la OPEP (Organización de Países Exportadores de
Petróleo)".
Asimismo se realizó un
trabajo "de propaganda activa con la embajada de Estados Unidos, mientras que el
propio consultor juridico de PDVSA desarrollaba unplan de acción en defensa de los contratos de apertura petrolera y para
atacar la nueva Ley de Hidrocarburos" y desde Washington se "abría fuego" contra
el gobierno venezolano. Precisamente el empresario Pedro Carmona Etranga, el
burdo presidente de menos de 48 horas del derrotado golpe, también agitaba su
campaña contra esa misma ley.
Con el alejamiento de Lameda
-señalan analistas- comenzó otra etapa: la conspiración abierta, que tuvo varias
fases. Una de ellas fue cuando, so pretexto del nombramiento de una nueva junta
directiva, con la que el gobierno intentaba poner equilibrio, se agitó la
campaña, utilizando a funcionarios identificados con las fuerzas golpistas de
Proyecto Venezuela, el Opus Dei, Primero Justicia, Tradición, Familia y
Propiedad, y otros.
Se manipuló a empleados
medios con los rumores de que vendrían despidos en masa y una intervención en
PDVSA, entre otros, mientras se ajustaban los contactos con Fedecámaras y la
llamada sociedad civil, trazando las líneas del paro industrial como parte final
del golpe.
Esto funcionaría
conjuntamente con el plan de paralización de refinerías, cierre del suministro
local de gasolina, paralización de terminales, de embarques, de aprobación de
cartas de créditos para botar buques, incluso de suministros de combustibles
para aviación, intentado llevar al caos buscado. Los analistas citan una serie
de nombres en esta conspiración, entre ellos los que manejaban los contactos con
la embajada de Estados Unidos, actuando en conjunto con Luis Giusti, en
Washington, y Carlos Andrés Pérez que accionaban con la ultraderecha en el
Congreso, el FMI y otras instituciones. Asegurando que el proceso del golpe no
duraría más de tres días, desde el 9 de abril comenzaron la intensiva
transmisión televisiva hacia el exterior en el llamado golpe mediático.
De los informes y luego de
los testimonios públicos y videos surge que necesitaban muertos para culminar su
acción. Es que en los tratos con Lameda, el grupo de militares golpistas había
advertido que no podrían convencer a otros "a menos que hubiera represión de
parte de Chávez". Es decir, muertos. Y para eso estaban puestos los alcaldes de
la conjura. Evidentemente también hubo golpes de mano en la interna del golpe y
el surgimiento de Carmona como presidente fue la expresión de esa pelea interna.
La acción del golpe petrolero fue tan evidente como burda y en horas
desconocieron como legítimo dueño de PDVSA al Estado nacional, decidieron
retirarse de la OPEP y suspender el envío de petróleo a Cuba. Toda una
definición de los intereses que se estaban sirviendo.
Pero una amnistía -muy
criticada en este caso- dejó intactas varias estructuras golpistas de PDVSA, y
es por eso que en el documento del equipo de asesores de la también golpista
Coordinadora Democrática, publicado estos días por La Jornada, se
menciona como uno de los planes en la nueva conspiración que PDVSA no entregue
el dinero que debe rendir al Estado para complicarle la situación con miras al
nuevo golpe que preparan a ojos vistas.
Por lo pronto, los
alrededores de la sede de PDVSA, muy cerca de la base aérea militar La Carlota,
serán escenario este jueves de una manifestación de la Coordinadora contra el
decreto del gobierno que prohíbe protestas en zonas claves de Caracas donde, por
ejemplo, funcionan instalaciones militares. La oposición trabaja también a pleno
para la convocatoria del nuevo "paro cívico", al cual la cúpula empresarial
podría anunciar su adhesión la próxima semana.