La Opinión - Fernando Suárez del Solar, su esposa Rosa Navarro y un grupo de familias estadounidenses cuyos hijos murieron en la guerra de Irak regresaron de Amán, Jordania, adonde fueron a llevar ayuda humanitaria por valor de 600 mil dólares para miles de refugiados iraquíes asentados en campamentos en la frontera con su país.
Suárez del Solar y su esposa arribaron ayer al Aeropuerto Internacional de Los Angeles, luego que una delegación de familiares efectuaron una vigilia frente a la sede la de Organización de Naciones Unidas (ONU) en Amán, para recordar a sus seres queridos y conversar con los refugiados iraquíes.
La delegación de “Familias para la Paz”, acompañada de representantes de varias organizaciones pacifistas de Estados Unidos, adquirieron 300 mil dólares en antibióticos, suministros médicos, equipos de oxígeno, mantas, tiendas de campaña y juguetes para unos 40 mil iraquíes de las ciudades de Karbala, Faluya y Bagdad, la capital iraquí.
La ayuda sería distribuida a través de médicos iraquíes, de la Asociación de la Media Luna Roja iraquí y activistas humanitarios. Por consejo de las autoridades jordanas y la negativa de Irak para otorgarles visa de entrada, las familias no pudieron ingresar a territorio iraquí.
Sin embargo, Suárez del Solar culpó de esta situación al gobierno de Estados Unidos. “Estados Unidos nos bloqueó. Nos dijeron que debimos haber solicitado una visa con un mes de anticipación al gobierno iraquí, a ver si la autorizaban. Pero yo les pregunté: ¿cuál gobierno iraquí, si no lo hay?”.
Suárez del Solar viajó acompañado de su esposa, quien tampoco no pudo visitar el remoto desierto de Diwaniya, donde murió su hijo, el infante de Marina Jesús Alberto Suárez del Solar, de 20 años de edad, en un combate el 27 de marzo de 2003. Posteriormente el padre constató que Jesús Alberto murió por pisar una mina personal.
“Fue otro viaje, el segundo de una serie que realizaremos a Irak”, dijo Fernando Suárez. “Significó mucho para mí, porque pudimos llevar algo tangible [la ayuda humanitaria], algo real de esperanza a los niños de Irak... en el primer viaje sólo pude llevar mi palabra, mi dolor, mi llanto”.
El hombre cargó con el mismo equipaje, pero el extra ahora fue llevar consigo el dolor de su esposa y las medicinas repartidas. “Eso fue lo más importante. No pude ir hasta Bagdad, ni llevar a mi esposa al lugar donde murió nuestro hijo [en el remoto desierto de, Irak], aunque ella pudo percibir el porqué murió nuestro hijo”.
“Para ella, creo, fue algo impactante e inolvidable”, agregó. “Pudo observar a los pobres niños y mujeres iraquíes que han sido desplazados por los estragos de la guerra”. Pero haber viajado con su esposa aligeró un poco la pena de Suárez del Solar. Su dolor fue compartido, pero al mismo tiempo se agudizó.
“Siento que hasta posiblemente seamos masoquistas. Se nos cierra la herida por la noche, y al amanecer del siguiente día le volvemos a rascar a la herida y nos arde, nos duele, volvemos a llorar y dejamos que el dolor nos pegue de nuevo”, dijo. “Pero gracias a ese dolor podemos seguir adelante, porque pienso que el día que deje de dolerme la muerte de mi hijo ese día ya estaré muerto. Siempre lo voy a llorar”.
“Mis esfuerzos actuales no son para detener esta guerra. Eso es imposible... pero sí para no iniciar nuevas guerras. Por eso voy a las escuelas, para hablarle a nuestros jóvenes hispanos de que el Ejército no es el camino para servir a nuestra patria”, añadió Fernando Suárez. “El mejor camino es la educación... Estados Unidos necesita más doctores, más enfermeras, gente que construya, porque las armas sólo sirven para matar y destruir, y no ayudan a construir”.
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