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Saramago: “La MENTIRA es igual en todas partes”
Por: María Alejandra Carrillo/ Panodi
Fecha de publicación: 12/12/04
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Con toda la humildad de los sabios, con la tranquilidad de quien es coherente en pensamiento y acción, comprometido con el progreso de las mayorías, afable y tímido, el Premio Nobel de Literatura 1998, José Saramago, llegó a Venezuela y habló sobre su vida, su obra y su apreciación del orden político mundial.

El último de los temas le apasiona, asegura que su compromiso con el respeto a los derechos humanos le lleva a hablar clara y rotundamente sobre la injusticia y sus consecuencias.

Saramago concedió unos minutos de su tiempo para hablar con PANORAMA.

- ¿Qué queda de José de Sousa, el niño de campo, en José Saramago, el Premio Nobel?
- Todo. No he olvidado nada de lo que he sido antes, de mis raíces. El niño que se llamaría sencillamente José de Sousa, como su padre, y el hombre que hoy se llama José Saramago, no se diferencia en nada, el nombre se debe a un descuido del que el funcionario del registro civil, quien decidió añadir a mi nombre el apodo de mi familia paterna. Eso fue como una premonición, como si yo necesitara de otro nombre para tener otro destino como persona.

- Mecánico, oficinista, periodista, ¿Esas experiencias lo han llevado a descubrir su camino en la vida y a encontrarse después con la literatura?
- He pasado por todo eso: la vida en el campo, en mi pueblo, luego trabajé como mecánico y por ahí, por ahí, hasta llegar al día de hoy. Lo veo todo como un bloque compacto, sin límites en sus partes, que me ha ayudado a entender la vida.

Para mí es importante no olvidar lo que he sido, y detenerme a pensar que en el fondo todo es muy relativo, porque un día se está en la fama, en la gloria, y mañana se puede estar en un desastre.
No he sido nunca una persona ambiciosa, no me he propuesto una carrera ni he hecho nada para llegar, como un plan que hay que ir cumpliendo, paso a paso; he vivido cada día como cada día se me ha presentado, nada más.

Lo que llamo encuentro es ese proceso en que se unen mis pensamientos, la manera en que he vivido y pensado, con la posibilidad de publicar, de difundir esas ideas.

Llegué a donde llegué con toda la naturalidad del mundo, e insisto: soy el mismo niño que dormía bajo los árboles con su abuelo.

- En sus obras ahonda en el bien y el mal en todo sus matices. ¿Cómo lo ha logrado?.
- Nosotros podemos saber muy bien lo que es la verdad y lo que es mentira, aunque la verdad no existe, existen verdades transitorias, consensuales, históricas, pero la mentira es igual en todo el mundo.
Se puede tener dudas sobre la verdad, pero nadie tiene dudas sobre lo que es mentira, de esa manera se va descubriendo la realidad.

- En el orden mundial actual, ¿qué representa el bien y el mal?
- No quiero estar demonizando esto o aquello y definitivamente el mal no se presenta totalmente alejado del bien.

La globalización podría resultar algo bueno si llevara que la riqueza a todo el planeta, y todos pudiéramos comunicarnos e ir a muchos lugares más rápidamente. Pero eso no está pasando: Nos encontramos en un mundo en el cual hay una superpotencia como Estados Unidos con el objetivo firme de dominar el planeta, frente a un mundo pobre, de gente oprimida en cuanto a sus posibilidades de cubrir sus necesidades elementales, incluyendo la necesidad de información.

- ¿Es usted pesimista ante esa realidad?
- No en lo absoluto, aunque considero que el pesimismo es lo que en cierta manera lleva a ser humano a cambiar lo que no le gusta o con lo que no está de acuerdo.

Hay un despertar de conciencia hacia lo humano que no podemos perder de vista.
Creo que América Latina es una esperanza para la humanidad, por el surgimiento de experiencias como la de Venezuela, Brasil, Argentina, y más recientemente Uruguay.
Se trata de intentos, todavía primarios, de alcanzar la justicia social, pero que pueden llegar a desarrollarse, con el apoyo del pueblo.

- La globalización ha llegado a la política. ¿Cómo se manifiesta esta relación?
- La globalización económica, que controla los otros tipos de globalización, también controla el poder político. Es una contaminación, por no decir concubinato, entre estas dos fuerzas, que no deja al pueblo ejercer la verdadera democracia, porque un pueblo puede votar cada cierto tiempo, puede quitar y poner gobernantes pero eso no significa que la mayoría gobierne.
Podemos votar en cada país pero al Fondo monetario Internacional no lo elegimos nosotros.

- En su más reciente obra, “Ensayo sobre la lucidez”, plantea los efectos del voto en blanco. ¿Cuánta madurez política le falta al mundo para aplicar este mecanismo?
- No quiero hacer una apología del voto en blanco. Muchos pudieran pensar que soy un leninista que quiero destruir la democracia, sin embargo, creo que es el menos malo de los sistemas de gobierno.
Hay pánico frente al voto en blanco, pero es un mecanismo interesante, que puede tener una influencia total en lo que yo llamaría la generación de la democracia, podría confrontar a los comisarios políticos del poder económico, podría afectar de alguna manera este concubinato.

- ¿Por qué su interés por presentar sus libros simultáneamente en Europa y América Latina?
- Por el respeto que le tengo a todos mis lectores y a todos los pueblos y una convicción de lucha porque se nos reconozca como Iberoamérica.
En mi casa de Lanzarote (España), cuando termino un libro a las 4:00 pm, mi mujer está terminando la traducción a las 6:00 pm.

- ¿Qué impresiones se lleva de nuestro país?
- Ya sabía mucho de Venezuela antes de llegar, es la segunda vez que vengo.
Lo que pasa aquí es importante y va a tener un lugar en la historia no sólo de este país sino de Latinoamérica.

Le envío un mensaje de simpatía, de amistad al pueblo venezolano, que estoy seguro que está absolutamente consciente del proceso que está viviendo.

- ¿Qué mensaje le da a los habitantes del país?
- Más que un mensaje, un deseo: que se acabe con los obstáculos a la búsqueda del bienestar, que se acaben las intromisiones extranjeras que intentan desviar y cancelar el proceso social y político que se desarrolla, y que se pueda vivir en paz, para que Venezuela pueda, sin pensar en clases sociales determinadas, acabar con la situación de injusticia social tremenda de la que una parte importantísima de la población ha sido víctima, no de ayer: generaciones y generaciones de venezolanos que han nacido para el hambre, la miseria, la carencia de todo... y eso tiene que acabar, y afortunadamente está cambiando.

Finalmente se ha mirado a una parte importante del pueblo venezolano que había estado aplastada durante siglos de indiferencia por parte de las clases poderosas políticas y económicas. La evidencia de la transformación que está viviendo Venezuela me lleva a decir que el proceso ocupará un lugar en la historia del mundo.

Perfil
Nació en Azinhaga , Portugal, en 1922. Hijo de gente de campo.

Trabajó en oficios como cerrajero, mecánico, ejerció el periodismo y llegó a ser editor. En 1947 publicó su primera novela, “Tierra de pecado”.

A finales de los 60 presentó dos libros de poemas, y después “Manual de pintura y caligrafía” (1977), y “Alzado del suelo” (1980). A su novela “Memorial del convento” (1982), le siguió “El año de la muerte de Ricardo Reis”.

Otras obras son “La balsa de piedra” (1986); “Historia del cerco de Lisboa” (1989); “El evangelio según Jesucristo” (1991); “Casi un objeto”; “Viaje a Portugal” (1995), “Ensayo sobre la ceguera” (1996); “Todos los nombres” (1998), “El hombre duplicado” (2001) y Ensayo sobre la lucidez” (2004).

Recibió el Premio de la Asociación Portuguesa de Escritores (APE), en 1991; el Premio Camoes, y el Premio Nobel de Literatura en 1998.


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