TIM SLOAN
El secretario general de las Naciones Unidas (ONU), Kofi Annan, no piensa dimitir de su cargo a pesar de ser el blanco de fuertes críticas en una campaña que se ha visto endurecida estos días. El último episodio lo protagonizó el senador estadounidense republicano Norm Coleman, quien pidió su renuncia al hilo de la investigación por el escándalo de corrupción detectado en el programa Petróleo por alimentos para Irak diseñado por la ONU.
Acosado por diversos medios, sobre todo por la prensa conservadora estadounidense, y cuestionado por la aparición del nombre de su hijo Kojo en el entramado de corrupción, Annan pasa por uno de sus momentos más críticos. No obstante, y según dijo el miércoles su portavoz, Fred Eckhard, seguirá en su puesto hasta finales del 2006, cuando acaba su segundo mandato como secretario general.
En los últimos días, Annan ha recibido el apoyo de las grandes potencias y de la mayoría de los funcionarios del organismo internacional. México, Pakistán, Rusia, China, Gran Bretaña, Francia, Alemania, España y otros países miembros del Consejo de Seguridad han expresado su confianza en el secretario general, al igual que lo hicieron 54 países africanos a través de una carta y 2.700 trabajadores de la ONU.
«Inmerecidos ataques»
El embajador español ante la ONU, Juan Antonio Yañez-Barnuevo, resumió el sentir del resto de sus colegas y quiso apoyarlo «cuando se están produciendo injustos e inmerecidos ataques» y confió en que Annan siga siendo «un modelo para todos nosotros».
Por su parte, George W. Bush eludió el jueves pronunciarse de forma expresa sobre si Annan debería o no dimitir. Se limitó a decir que «es importante para la integridad de la ONU que se lleve a cabo una completa investigación de todo lo que pasó en el programa Petróleo por alimentos». Añadió que es vital que la ONU «entienda que debe haber una asunción de responsabilidades completa, imparcial y abierta».
Eckhard señaló que hasta el momento ninguno de los 191 países que conforman el organismo ha solicitado su renuncia y consideró las aisladas peticiones de dimisión como «un saludable debate», aunque «unas pocas voces no hacen un coro».
Mientras, el secretario general sigue con su agenda, aunque muchos creen que su debilitada posición perjudica a la imagen y credibilidad de la institución inmersa en un profundo proceso de reforma.