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Este 29 de diciembre, la mañana comenzó más temprano que los domingos corrientes para los parroquianos de El Valle. Al trajín presuroso de víveres, hortalizas y alimentos procesados propio del final de la semana, -regado por los consabidos licores que escoltarán el arribo del año nuevo-, se sumó otra razón para el caminar presuroso y la aglomeración bullanguera.
El anuncio televisivo que colocaba el Distribuidor Longaray como lugar de concentración de una avanzada de la marcha golpista, hizo que gentes de los barrios y los edificios aledaños, avanzaran sobre la calzada de la Avenida Intercomunal con el objeto de hacer sentir el parecer de la mayoría de los valleros, como lo es el respaldo firme al gobierno del Presidente Chávez. Ello fue suficiente para que los adversos del cambio, prosélitos del odio y enemigos de la democracia y la equidad, no pudieran tomar nuestra parroquia. No se concentraron en el Valle. Fueron derrotados en forma aplastante.
A pesar de la reacción espontánea del pueblo en defensa de sus espacios naturales, todo discurrió con entera normalidad: nadie fue agredido ni violentado en sus derechos. Ni siquiera las gentes que vinieron de afuera, con sonido importado, viseras mayameras y demás miriñaquis, recibieron un trato ajeno a la civilidad y la consideración con el otro.
Lo cual contrasta groseramente con los vejámenes sufridos recientemente por Rafael Vargas y Tarek Wiliam Saab, quienes fueron agredidos de manera inhumana junto con sus respectivas familias.
Esta nota la escribo desde un ciber-café, con el objeto que la noticia se difunda, puesto que los únicos medios presentes fueron el canal CMT y la agencia Reuters.
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