23 de enero del 58: Fin de la dictadura, inicio de las traiciones

23 de enero de 1958 en Caracas

23 de enero de 1958 en Caracas

Credito: Ciudad Caracas

23 de enero de 2016.- El derrocamiento del régimen dictatorial de Marcos Evangelista Pérez Jiménez, el 23 de enero de 1958, hoy cumple 58 años.

Se dio a través de una gesta multidisciplinaria de militares patriotas, políticos y pueblo de a pie, cansados de la tiranía criminal y entreguista imperante, aunque lejos de permitir el crecimiento como país libre y democrático, trajo consigo traiciones a los ideales que pretendieron el deslinde de intereses transnacionales. Y esta patada a las aspiraciones del pueblo quedaron refrendadas con el funesto Pacto de Punto Fijo.

Así lo destaca el ensayo El 23 de Enero de 1958 en Venezuela, editado por la Fundación Fabricio Somos Siempre, en momentos de conmemorarse otro aniversario de aquella gesta heroica pero a la vez frustrada en sus objetivos finales de libertad y dignidad.

Además, la historia contemporánea solapa nombres y momentos claves en esa desviación de intereses y motivaciones. "El espíritu del 23 de Enero, que entrañó grandes ideales de liberación nacional, inspirados en nuestras gestas libertadoras desde el ideario bolivariano, fue traicionado", reseña el texto.

Ya para el 14 de junio de 1957 había visto luz la Junta Patriótica como elemento motorizador de las fuerzas insurgentes en contra del aberrante sistema militar, y desde la clandestinidad, necesaria para el resguardo de la vida, se enarboló la consigna de Unidad Nacional, reafirmada en panfletos, boletines y comunicados para llegar a la convocatoria de la Huelga Nacional que degeneró en la caída del tirano, aunque "fue engullido con traición, este proyecto político popular. La omisión explicativa fue compañera inseparable en las sucesivas conmeraciones de la fecha durante la Cuarta República. La distracción y el enmascaramiento de sus auténticos conductores, la edulcoración de emociones y las euforias manipuladas fueron somníferos en la estrategia de despiste", señala el ensayo.

Al respecto, el periodista y guerrillero Fabricio Ojeda, víctima de asesinato político de aquella cruenta represión, afirmó en su carta de renuncia a su curul en el Congreso de la República el 30 de junio de 1962, que: "El 23 de Enero (…) nada ocurrió en Venezuela, a no ser el simple cambio de unos hombres por otros al frente de los destinos públicos. Nada se hizo por erradicar los privilegios ni las injusticias (…), nada hicieron para liberarnos de las coyunturas imperialistas, de la dominación feudal, de la opresión oligárquica", dijo.

El propio Ojeda en su libro, editado bajo los nombres de Hacia el poder revolucionario o La guerra del pueblo, deja saber que la ausencia de mentalidad de poder, asociado a la falta de un liderazgo claro, pudo haber pasado factura a la hora de medir los intereses populares, las acciones ejecutadas en esa dirección y los resultados poco favorables para la consolidación del sueño colectivo, lo que permitió el afianzamiento de estructuras de poder entre las cúpulas partidistas, la Iglesia, los empresarios y los militares aferrados a su don de mando, sobre la base de la distribución de las riquezas nacionales, opacando audazmente los verdaderos intereses del pueblo; de ese pueblo que fue motor y que dejó la vida durante el proceso de derrocamiento del tirano.

Con la huida de Pérez Jiménez nace la Junta Militar, que presidió el contralmirante Wolfgang Larrazábal y la completaba los coroneles Pedro Quevedo, Abel Romero, Carlos Araque y Roberto Casanova; pero ante el evidente predominio castrense, el bravo pueblo alzó la voz y se incluyó a los empresarios Eugenio Mendoza y Blas Lamberti, lo que permitió el cambio de nombre: ahora sería Junta de Gobierno.

En la fresca memoria de entonces aún ocupaba especial espacio la Junta Patriótica, que un año antes de la salida de Pérez Jiménez habían conformado: la Unión Republicana Democrática (URD) a través de los periodistas –Fabricio Ojeda, José Vicente Rangel y Amílcar Gómez–; y el Partido Comunista de Venezuela (PCV) con el también periodista Guillermo García Ponce; pero al poco tiempo dan entrada a Moisés Gamero de Acción Democrática (AD) y Enrique Aristiguieta por el Comité de Organización Política Electoral Independiente (Copei).

RECETA ANTIPOPULAR

Necesario era el pluralismo, como fuente básica y condición sine qua non de todo espíritu democrático.

Sin embargo, los intereses se fueron diferenciando y alejando cada vez más de las aspiraciones del pueblo.

Explica el ensayo que el Pacto de Nueva York, establecido entre Rómulo Betancourt (AD), Rafael Caldera (Copei) y Jóvito Villalba (URD), con autoridades del país norteño, fijó las bases para generar líneas de conducción política que preservaran los intereses foráneos basados en la libre administración de nuestra renta petrolera, para lo cual resultaría muy conveniente la presencia de partidos políticos similares a los que se comprometieron en la Gran Manzana, dejando por fuera al PCV en la firma del Pacto de Punto Fijo, con anuencia de las Fuerzas Armadas, la Iglesia, el empresariado –representado en Fedecámaras, y los sindicatos a través de la CTV–, lo cual suponía el mantenimiento intacto o mejorado de los intereses de esa oligarquía político económica; por supuesto, contrarios a los del pueblo.

Bajo aquella peligrosa mezcla se desarrollaron esos primeros días, meses y años de la naciente democracia en la cual veían como un trofeo la hegemonía política, económica, militar y religiosa.

Así "supieron aprovechar la movilización popular y la falta de garra de los partidos democráticos, para ocupar posiciones decisivas en el nuevo gobierno", continúa explicando el documento.

Se afianza la alternancia del poder político, vía electoral, en manos de AD y Copei donde el poder económico es legalmente representado por Fedecámaras (creada en 1944, para contrarrestar la fuerza de la masa trabajadora agrupada alrededor de la CTV), con su demostrado interés antiindustrialista, a excepción de lo que ya venía impulsando, desde 1939, Mendoza, con "el surgimiento de la industria de bebidas gaseosas, aguardiente y cerveza". Más que claro que solo se empeñaban en intereses particulares y no comunes; algo parecido a lo que el pueblo le había combatido a Pérez Jiménez.

Adicionalmente, todo el escenario se volcó idóneo para el literal secuestro de la industria petrolera por parte del poder económico transnacional con el decidido apoyo de las fuerza políticas, empresariales, económicas y militares.

EL PAPEL DE LOS MILITARES

Cita el documento capítulos previos al 23 de Enero, protagonizado por el alzamiento del T/C Hugo Enrique Trejo y luego el respaldo por parte de las Marina de Guerra y la Guarnición de Caracas a la huelga general dos días antes de la caída de Pérez Jiménez.

Aunque también se reseña a fuerzas netamente militaristas, antipueblo y antidemocráticas como la liderada por el general Jesús Castro León que, a partir de julio de 1958, pretendió desconocer a la Junta de Gobierno y a los partidos políticos, incluyendo censura a la prensa.

Luego de afirmar que la fuerza militar terminó plegada a los intereses capitalistas del imperio norteamericano, el documento deja sentado que la visión de ese sector "con tradición de 200 años, que tuvo en sus orígenes y antecedentes el pasado glorioso de los ejércitos libertadores (…) no fue motivo de inspiración"; aunque destaca movimientos patriotas (aunque fallidos) como el Barcelonazo en 1961 y el Porteñazo y Carupanazo, ambos en 1963.

No obstante, no fue sino hasta los días de Hugo Chávez y su inmortal "Por ahora", cuando las fuerzas militares patriotas volvieron a teñirse de espíritu libertador bajo la doctrina de Bolívar.

CÓMO ACTUÓ LA IGLESIA

El aporte inicial del poder eclesiástico fue determinante para sembrar una fe colectiva con miras antidictatoriales; no obstante, por intereses económicos y de dominio político, su posición tomó un rumbo de combate ideológico contra algunas fuerzas del espectro partidista; sobre todo, de forma abierta contra el PCV y el marxismo.

Así las cosas, la Iglesia con ideas y las Fuerzas Armadas con la represión, cárceles, desapariciones y muertes, mermaron voces que conjugaban espíritus libertarios.

Muchas de esas voces nacidas del clamor popular, desde las trincheras estudiantiles o desde las sindicales, que aunque con visiones diversas tenían objetivos comunes, apuntando hacia una sociedad de equidad y de oportunidades para desarrollar los motores de progreso, basados en el aprovechamiento de la justa distribución de las riquezas naturales de esta tierra. Ideales insatisfechos aún.

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Fabricio Ojeda, miembro de la Unión Republicana Democrática (URD). Impulsó y presidió la Junta Patriótica, que lideró la insurrección popular y militar contra Pérez Jiménez. Le correspondió enfrentar los fantasmas divisionistas y alzar la bandera de la unidad para las libertades plenas. Por principios éticos y de alta moral política, en junio de 1962 renunció al Congreso de la República. Tomó el camino armado, para afianzar sus ideales que había expresado a través de la palabra, las letras en su oficio de periodista, además con acciones diáfanas y heroicas. Se volvió una piedra en el zapato para los intereses capitalistas, el cual a partir del Pacto de Punto Fijo, entre factores políticos, económicos, militares y eclesiásticos, se hizo blanco de las oligarquías asesinas. El 21 de junio de 1966 calló su canto libertario en los calabozos del Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas el que naciera en Boconó el 6 de febrero de 1929.


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