Cumplió sus 29 años apagando el fuego en la refinería de Amuay

Joan César Mosquera Quero

Joan César Mosquera Quero

Credito: venezueladeverdad.gob.ve

7 sept. 2012 - Joan César Mosquera Quero nació en Pedregal, un pequeño pueblo localizado al centro del estado Falcón, el 25 de agosto de 1983. A sus 14 años de edad, presenció accidentes importantes que involucraron a familiares y amigos cercanos.

Desde entonces, decidió que sería bombero, para poder tener las herramientas necesarias para asistir a las personas ante situaciones límite.

Apenas cumplió 16 años, se mudó a Punto Fijo para dar inicio a su carrera. “Desde muy joven, me motivó el hecho de salvar vidas, y tener la oportunidad de garantizar el bienestar de las personas; llevar esperanza y tranquilidad”, empezó a contar.

Así, pues, Joan se hizo bombero por vocación. Cursó estudios en el Instituto Universitario de Tecnología Bomberil del estado Falcón; y desde el año 2003, labora en el Complejo Refinador de Amuay, ubicado en su estado natal, con una dinámica rotativa.

En su tiempo libre, se dedica a atender a su esposa y a compartir con ella las tareas diarias —considera que ella es su más grande compañera—. Además, Joan debe realizar los entrenamientos en la refinería donde trabaja, y mantener un régimen de ejercicios para poder cumplir con su labor, de manera adecuada.

También, participa de manera activa en la facilitación de cursos de Prevención y Control de Emergencia a la comunidad de Paraguaná.

El cumpleaños más inesperado

El 25 de agosto, Joan dormía tranquilamente (ese día era su cumpleaños) cuando escuchó una estruendosa explosión. Eran las tres de la madrugada y, de inmediato, se activó el sistema de convocatoria de alarma telefónica: debía asistir a cubrir la contingencia suscitada en la refinería de Amuay.

Describió que, al llegar al área, lo prioritario era acceder a la válvula de enfriamiento de las esferas, donde sólo podían ingresar tres personas. Así que, él, junto a Juan Calderón y Carlos Camero, se ofreció como voluntario para asumir la misión de evitar, a toda costa, una segunda explosión.

La lucha en este espacio de alta radiación dejó fuertes secuelas en la piel de Mosquera y de sus compañeros. Pero, este esfuerzo se tradujo en una profunda alegría, ante el dominio de la situación.

“Este evento era totalmente inédito para mí. Sin embargo, no tenía miedo, porque yo soy religioso y le pedí a Dios, en ese momento, que me diera toda la fuerza… Yo sentía y sabía que podíamos controlar la situación”.

Joan y sus compañeros trabajaron durante 32 horas seguidas, para poder controlar la emergencia. Aplicaron la espuma para extinguir el incendio, e iniciaron la fase de inspección de áreas mecánicas y revisión de plantas, con miras a la reposición de las operaciones.

A Joan, su experiencia y la capacitación terapéutica brindada por los profesionales de la salud asignados al Complejo le han permitido ganar madurez psicológica, y tener un manejo adecuado de sus emociones ante eventos de esta magnitud.

“En realidad, el miedo siempre esta ahí, pero uno debe aprender a controlarlo para poder responder y estar disponible en situaciones extremas”.

Este héroe venezolano evalúa como eficiente el trabajo realizado por los bomberos en Amuay: se activó una red de apoyo entre voluntarios, funcionarios de Protección Civil y bomberos de PDVSA, que garantizó un abordaje constante y efectivo.

“La gente común no se imagina lo complejo que son las situaciones de emergencia. La extinción de un incendio es una labor que demanda de mucho material, responsabilidad y compromiso; ya que, el agua se evapora ante temperaturas muy altas y los químicos no actúan de manera inmediata. Es un trabajo, sumamente, arduo”.

No obstante, Joan narró que, en medio de la contingencia, se respiraba un aire de tranquilidad, por cuanto PDVSA y el Gobierno nacional prestaron los insumos requeridos para contener la contingencia con celeridad.

“Además de esto, el Complejo contaba con los equipos y los químicos necesarios, puesto que el inventario se elaboró adecuadamente”.

Según Joan, esta dolorosa experiencia contó con el respaldo de un Gobierno que le puso la cara a la adversidad.

Brisa inversa

Mosquera manifestó que existen factores de importancia que conformaron un cuadro de alta dificultad climatológica, que propició un bloque de gases en un lapso muy corto, el cual colisionó con una densa nubosidad —producto de la actual tormenta tropical Isaac.

Esa noche se presentó un fenómeno que los bomberos del Complejo denominan “brisa inversa”; es decir, una reversión del curso de los vientos de dirección sureste a noreste; cuando lo regular, en la zona, es que la velocidad de éstos oscile entre 9 y 10 metros por segundo. Ello dificultó la extinción del fuego de la tercera esfera, que inició un proceso de ignición.

“Nosotros nos encargamos de la verificación de fugas en líneas interconectadas para realizar bloqueos, y sin duda, afirmo que la magnitud de la fuga fue muy violenta: no había novedades reportadas el día anterior”.

El aprendizaje

Para Joan Mosquera, esta experiencia fue una prueba de lo que el trabajo en equipo es capaz de realizar, cuando se hace con amor y humildad. Agradece la preparación y la capacitación recibida en la Revolución, a lo largo de sus 9 años de profesión, y asume con responsabilidad que ser bombero es una misión de aprendizaje y crecimiento permanente.

Terminó destacando la importancia de manejar con mucha ética y responsabilidad las declaraciones sobre lo ocurrido el pasado 25 de agosto en Amuay, a fin de evitar nerviosismo y pánico innecesario en la ciudadanía.

“Estén seguros de que este Gobierno investigará, a fondo, qué fue lo que pasó en Amuay”, advirtió.

Por Carolina Graterol

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