Entrevista con Ángeles Maestro :: Un desarrollo capitalista retrasado, corrupto y dependiente ha propiciado la especulación financiera y urbanística más salvaje

El Estado español es la caricatura más dramática de este monstruo con pies de barro

1. ¿Qué momento social y económico está viviendo España?

En el Estado español se están produciendo las consecuencias más duras – en estricta correspondencia con el retraso tecnológico y la intensidad de la especulación – de un proceso general de crisis del capitalismo a escala planetaria.

Es una crisis de superproducción, como todas las del capitalismo, de la que la fracción dominante de la burguesía, la financiera, ha pretendido huir como otras veces, recurriendo al crédito. El endeudamiento masivo y la ruptura abrupta de la burbuja financiera han derrumbado el castillo de naipes.

La esencia de la crisis es la misma que describieron Marx y Lenin, ahora también con el epicentro en el núcleo duro del sistema, pero amplificada a la expansión mundial del capitalismo y a la crisis energética. Como se decía en una Declaración política reciente de Red Roja: “El horizonte socio-económico muestra que estamos ante el estallido en el mismo centro del sistema de una profunda crisis sistémica que viene de lejos. Y en donde los grandes capitales, de la mano de su fracción dominante, la financiera, no encuentran otra manera de aumentar la tasa de ganancia que utilizar a corto plazo el mecanismo de la deuda pública, no tanto con la pretensión de crear riqueza futura, sino para convulsiva y desesperadamente apropiarse de toda la acumulada hasta ahora. Todo lo que exista y pueda “liquidarse” debe pasar cuanto antes a la esfera financiera. Lo han venido haciendo durante años aplicando la “deuda externa” a la periferia “tercermundista”. Pero ahora esa periferia ha inundado, a modo de un tsunami imparable, estados como el nuestro”[1].

El Estado español, en la periferia del centro, es probablemente la caricatura más dramática de este monstruo con pies de barro. Un desarrollo capitalista mayoritariamente retrasado, genéticamente corrupto e históricamente dependiente ha propiciado la especulación financiera y urbanística más salvaje y su correspondiente derrumbe a escala “champions ligue”.

Si a ello añadimos una burguesía y una clase políticas herederas del franquismo, a la que se sumaron los nuevos ricos de la época PSOE, acostumbrados a hacer del estado, no ya su instrumento, sino directamente su cortijo, tenemos los ingredientes fundamentales del capitalismo español en crisis transfiriendo al estado su deuda privada y forrándose como nunca.

Las consecuencias son ya dramáticas para millones de personas en el paro, acabándose la prestación, sin casa, sin comedores infantiles, sin ayudas sociales, con la sanidad y la educación en deterioro progresivo y progresivamente privatizas. La vida es mucho más dura para las mujeres, jóvenes e inmigrantes quienes, además de estar sometidos a la explotación más salvaje, sufren la intensificación de la opresión patriarcal, la criminalización y la persecución con tintes cada vez más cercanos al fascismo.

2. ¿Ves diferencias entre el anterior ejecutivo del PSOE y este del PP?

Las diferencias son de talante, de matiz. Atañen a la representación de fracciones diferentes de la burguesía con las que cada uno de ellos tiene mayor vinculación[2], pero que no obsta para que tanto con el PSOE, como con el PP, su fracción hegemónica hispana y sobre todo su máxima representación europea: UE y BCE, impongan sus objetivos al gobierno de turno.

La estrategia es esencialmente la misma y la variación de contenidos se corresponde exactamente con el diferente periodo en el que actúa. En otras palabras, como reflejan las decisiones de los últimos dos años del PSOE – incluidas la reforma de la Constitución para priorizar “absolutamente” el pago de la deuda y de sus intereses y la instalación del Escudo Antimisiles – Rubalcaba hubiera hecho exactamente lo mismo que Rajoy.

Me interesa resaltar el análisis de las perspectivas políticas que se hacía en el documento citado de Red Roja. Las organizaciones revolucionarios debemos tener en cuenta que es previsible que se produzcan cambios políticos destinados a asegurar el mantenimiento de las estructuras de poder y aplastar probables estallidos de revuelta popular.

Es probable que el PP, con toda su mayoría absoluta, se vea incapaz de llevar a cabo la acción de gobierno. Sobre todo si se consuma, tras la salida de Grecia del euro una reconfiguración del espacio económico europeo en torno a los países y regiones más industrializados, que dejaría fuera al Estado español y al resto de los PIGS, con la incógnita de si incluiría o no a Cataluña y al País Vasco .

Unas elecciones generales anticipadas que probablemente llevarían al gobierno al PSOE con el apoyo de IU, no serían una opción aceptable para un capitalismo que necesita “puño de hierro” para llevar a cabo su agenda. El presidente del eurogrupo, Jean Claude Juncker lo expresaba con claridad: “Sabemos exactamente lo que debemos hacer. Lo que no sabemos es cómo resultar reelegidos si lo hacemos”.

La opción está meridianamente clara. Si el problema es la democracia parlamentaria, se la liquida en aras del objetivo mayor: mantener las estructuras de poder. Un gobierno “tecnócrata”, como el de Italia o Grecia, o de “concentración nacional” (como reiteradamente pide “El País” y ahora el PSOE), podría adoptar modalidad de República autoritaria o de Monarquía, previa abdicación en Felipe. Lo que es seguro es que, en cualquier caso, asumiría formas para, con el pretexto del Orden, la mano dura, la “lucha contra la corrupción” o el consabido “salvar a España”, imponer las medidas más brutales aplastando el movimiento obrero y popular.

Si semejante operación se pacta con las burguesías vasca y catalana o se dirige también contra ellas, liderada por las facciones políticas y económicas más retrógadas del nacionalismo español son hoy por hoy asuntos irresolubles. Lo que es seguro es que una probable victoria de AMAIUR en las próximas elecciones vascas no hace más que echar más leña al fuego en una caldera que, como hemos visto tras las sentencias de Askatasuna, D3M y la legalización de Sortu, aumenta de temperatura cada día.

3. ¿La respuesta social que se está dando tiene la contundencia necesaria?

Es evidente que no, pero también lo es que las cosas están cambiando muy rápidamente y con ellas los niveles de conciencia de mucha gente.

En el movimiento obrero, como en otros sectores de la vida social, destacan las enormes diferencias entre las nacionalidades en las que la mayoría sindical es diferente de CC.OO. y UGT, como en Galicia y – sobre todo – en Euskal Herria, y el resto del Estado. No solamente porque se hayan convocado más huelgas generales desde que empezó la fase aguda de la crisis, sino por su mayor grado de organización, combatividad y extensión de las movilizaciones al conjunto de la ciudadanía.

Además, el movimiento obrero en su conjunto, también en esas nacionalidades y en el sindicalismo alternativo, tiene una gran asignatura pendiente: la organización de las partes mayoritarias de la clase obrera y más duramente explotadas: juventud precaria, mujeres e inmigrantes.

Seguramente este aspecto, junto al descrédito del sindicalismo burocratizado y sobornado sea determinante para explicar el complejo fenómeno del 15M. El nuevo escenario social abierto por las asambleas populares y su gran capacidad de convocatoria a sectores mayoritarios de la ciudadanía, sobre todo jóvenes, refleja la nula capacidad de representación del modelo político y sindical surgido con la Transición y su inutilidad radical para expresar el profundo malestar social y la voluntad de lucha de amplios sectores.

Los intentos de canalizar la movilización del 15M hacia objetivos controlados como la reforma de la Ley Electoral, protagonizados por UpyD y sectores de IU, de vaciar al movimiento de contenidos políticos caracterizándole como “ni de izquierda, ni de derecha” - terreno abonado para posiciones fascistas - y de inocular el germen de la anti-organización – prohibir pancartas, banderas, de forma especial las republicanas, han fracasado.

Un año después las movilizaciones, que han continuado siendo masivas, han tenido un marcado carácter anticapitalista y antimonárquico y en las asambleas locales más dinámicas se ataca duramente a la “clase política” al tiempo que se va percibiendo la necesidad de construir un nuevo referente político que englobe y potencie las luchas parciales. Pero a pesar de ello quedan por resolver los dos grandes requisitos para que el movimiento popular, dentro y fuera del 15M, tenga futuro: dotarse de un programa político y de formas organizativas estables que vayan configurando un auténtico contrapoder.

¿Qué piensas de los pactos de gobierno PSOE/IU en Asturias y Andalucía?¿Por qué se empeñan en autoproclamarse “gobiernos de izquierda”?

IU vuelve a ejercer el único papel reservado a una organización de “izquierda” en tiempos en los que no hay margen alguno para políticas reformistas y el único programa es el dictan las fracciones hegemónicas del capitalismo: el de alguacilillo del PSOE.

Ya ni vale la pena decir que venden su “programa” por unos cuantos puestos en el gobierno de sus dirigentes y algunos más de su clientela. De programa hace tiempo que no les queda prácticamente nada, pero el hecho de que hayan accedido a gobernar en Andalucía, sabiendo exactamente lo que se iban a ver “obligados” a hacer, es un suicidio político y para quienes se creían que representaban a la izquierda, una traición de clase. Lo que les sucede a diario a los jornaleros de Somonte, el hostigamiento y la represión de la Guardia Civil enviada por la Junta de Andalucía, es suficientemente explícito y representativo.

Lo que es importante destacar es que el pueblo andaluz va a comprobar en sus carnes un hecho crucial que los pueblos necesitan comprobar por si mismos para creerlo y, sobre todo, para tomar decisiones al respecto.

Lo importante no es el partido que gobierna – o que co-gobierna ejecutando el único programa posible, el del capital - , sino la clase social que tiene el poder. Eso es harina de otro costal y el resultado no se dirime electoralmente; como mucho unas elecciones pueden reflejar el cambio en la correlación de fuerzas sucedido en el terreno de lo real.

Cada vez más sectores del pueblo empiezan a ver que la única salida es la lucha, que no hay reformas posibles y que se trata de una cuestión de poder, con todas las consecuencias. Pero eso asusta, porque implica un combate duro y largo que producirá represión, cárcel y muert@s. Y las decisiones difíciles se retrasan, hasta que se hacen imprescindibles.

¿Cómo valoras el papel de CC.OO y UGT en este momento?

Continúan representando el mismo papel que hace décadas: servir de muro de contención a la lucha social y ocupar un espacio que impida el desarrollo de un verdadero sindicalismo de clase.

Lo que sucede es que su descrédito es galopante. Su credibilidad agoniza entre la marea de corrupciones grandes y pequeñas de sus burocracias y sus pactos con la patronal y los gobiernos que sistemáticamente se saldan con nuevas agresiones a la clase obrera. Todo ello es el resultado de la pérdida de la independencia de clase que se refleja sobre todo en la aceptación total de la lógica del discurso del capital: la competitividad (bajos salarios y reducción de derechos) es necesaria para que haya crecimiento y este es imprescindible para la creación de empleo.

La última huelga general mostró claramente el desbordamiento de CC.OO. y UGT por un movimiento popular y un sindicalismo alternativo potentes que, además, arrastraban tras de sí en las manifestaciones a buena parte de sus propias filas. Hasta el punto de que en documentos internos de CC.OO. se dan orientaciones para recuperar la hegemonía, ignorando que son sus propias direcciones sobornadas y corrompidas las que reproducen cada día las condiciones de su descrédito.

El último intento de gobernar la movilización social es la creación de Plataformas en Defensa de los Servicios Públicos por parte del PSOE, IU, CC.OO y UGT, con una variedad de asociaciones satélites. En el caso de la sanidad incorpora a la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública, entidad mimada por el Grupo PRISA y generosamente subvencionada por el PSOE, hasta el punto que su portavoz estatal es patrono de la Fundación Alternativas de este último partido.

Su discurso central es el ataque al PP, único responsable del desmantelamiento de los servicio públicos, y la vuelta del Estado del Bienestar y de lo que ellos consideran la esencia de la UE y de la Constitución Española: los derechos sociales y los servicios públicos[3]

Al margen de que a duras penas logran enmascarar que su objetivo prioritario el la vuelta del PSOE al gobierno, lo más destacado es que su discurso se centra exclusivamente en la denuncia de los “recortes”, ocultando que el desmantelamiento de la sanidad y la educación públicas sirve al objetivo superior de la privatización. Las razones son evidentes: los conciertos masivos con la enseñanza privada, la privatización de la sanidad, también a través de conciertos generalizados con la sanidad privada, pero sobre todo con la gestión privada de la sanidad pública, se han realizado tanto por gobiernos del PP, como por los del PSOE e IU, y han contado con el silencio cómplice de CC.OO y UGT.

Esta estrategia obedece a dos objetivos centrales: controlar la movilización social y evitar que le señale como co-responsables y, sobre todo, evitar que se desarrollen alternativas como la Red Autogestionada Antiprivatización de la Sanidad y movimientos independientes de la lucha por la educación pública.

4. ¿Cuáles son las propuestas de Red Roja en el movimiento obrero y popular y en el plano político?

4.1. En el ámbito del movimiento obrero y popular

En el sindicalismo alternativo se están dando pasos importantes hacia la unidad, pero todavía insuficientes. En muchos sectores predominan posiciones sectarias, intentos imposibles de que una u otra organización se configure como referente principal o el aislamiento en cada territorio.

Sin embargo la realidad señala insistentemente que el único camino posible es el de la unidad. La unidad del sindicalismo alternativo, con un profundo respeto por su diversidad. Pero eso sólo no es suficiente.

Es preciso potenciar formas nuevas de organización que ya se están iniciando el algunos sectores y que consisten básicamente en situar en el centro de la toma de decisiones a la asamblea de trabajadoras y trabajadores que ejecutan por una comisión elegida y revocable por la misma. Este es un elemento esencial para la reconstrucción de la unidad obrera que además permite trabajar con sectores honestos de CC.OO y UGT.

Es necesario profundizar en las formas y en los contenidos que también están trabando algunas asambleas populares: abordar desde el ámbito local, de barrios y pueblos, la organización de trabajadores y trabajadoras precarias (jóvenes, mujeres e inmigrantes) y paradas que no tienen la posibilidad de hacerlo en su centro de trabajo.

Finalmente, es indispensable continuar el fortalecimiento de los lazos y la búsqueda de la confluencia con el sindicalismo de clase mayoritario en Euskal Herria y en Galicia, desde el convencimiento de que en aspectos importantes en los que el enemigo de clase es el mismo, es imposible la victoria sin coordinación en la lucha.

4.2. En el plano político

Hay que hacer una afirmación básica, primaria: el desarrollo del movimiento obrero y popular está intrínsecamente unido a la creación de la alternativa política; hoy más que nunca. No habrá referente político que no surja como una respuesta propia a las necesidades y a las condiciones engendradas por el desarrollo del movimiento obrero y popular.

En consecuencia, es profundamente negativa la autoproclamación por parte de una u otra organización como vanguardia esclarecida y depositaria de las soluciones.

Al mismo tiempo es preciso que las organizaciones más coherentemente revolucionarias avancemos en el acuerdo de formas de trabajo y aspectos programáticos esenciales, lejos de cualquier pretensión dirigista, para que el movimiento obrero y popular no sea integrado por las organizaciones del sistema, preserve su independencia con respecto al poder y encuentre formas organizativas que garanticen su desarrollo.

El programa político tiene que ser inevitablemente de ruptura con el orden institucional y constitucional de 1978. Los aspectos concretos, de carácter antimonopolista y antipatriarcal, son ya patrimonio del movimiento popular republicano[4].

Destaco tres elementos programáticos cruciales, cuya presencia marca de forma muy especial la confrontación con el sistema y que, si bien pueden parecer lejanos o secundarios para algunos sectores, serán cruciales en el futuro próximo:

· La defensa del ejercicio real del Derecho de Autodeterminación de los Pueblos, con todas sus consecuencias.

· La salida de la OTAN, el desmantelamiento de las Bases y el rechazo del Escudo Antimisiles.

· Muy especialmente, la imperiosa necesidad de salir de la UE y del euro.

Esta es la esencia del trabajo de Red Roja en los diferentes territorios: la búsqueda incansable de la unidad y la potenciación de la organización obrera y popular, con el objetivo de afrontar una lucha dura, larga y difícil por la plena soberanía sobre los recursos y sobre todos los aspectos de la organización social. Y para ello, inevitablemente, debe enfrentarse con la necesidad de acabar con el capitalismo y construir el socialismo.


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