En su editorial de hoy The New York Times califica de "amargamente dividida" a Venezuela, al tiempo que llama la atención acerca de opositores que "amenazan con un paro general como parte de su campaña para desalojar del cargo al presidente Hugo Chávez". Además, hace un llamado al presidente norteamericano George W. Bush para que sea "un fuerte defensor del imperio de la ley", y exija a los grupos de oposición en Venezuela que "se abstengan de adoptar caminos ilegales o violentos al confrontar al presidente Chávez".
El editorial se refiere a la situación de América Latina en general, y destaca en especial los casos de Venezuela, Colombia y Argentina. "La democratización y liberalización económica en América Latina pasa por tiempos difíciles", afirma The New York Times. Sobre Colombia apunta que la lucha entre la guerrilla y el ejército se ha intensificado, mientras que Argentina acaba de incumplir la cancelación de un préstamo otorgado por el Banco Mundial. Afirma además que "recetas económicas de mercado libre, propulsadas por Washington, han sido desacreditadas", en tanto "alternativas izquierdistas o populistas están ganando apoyo", como lo demuestra el triunfo de Lula da Silva en las elecciones presidenciales de Brasil.
Y aunque resulta difícil "imaginar una epidemia de golpes de Estado" en el futuro inmediato, debido "a los recuerdos de brutales dictaduras militares", es posible, dijo el editorial, "que gobiernos con mentalidad autoritaria" se sientan tentados a aprovecharse "del diseminado desencanto para violar el imperio de la ley".
El editorial puede verse en inglés en
esta página web de NYTimes.com. Requiere registrarse en el diario (el registro es gratuito).
El amigo Angel Colmenares nos envió la traducción del editorial, hecha por él. ¡Gracias!
22 de noviembre de 2002
Un Hemisferio Sitiado
En una Venezuela amargamente dividida, los líderes de oposición están amenazando con una huelga general como parte de su campaña para forzar la salida del Presidente Hugo Chávez del gobierno. Luego tenemos a Colombia, donde la lucha entre los guerrillas izquierdistas y el ejército se ha intensificado. Argentina fracasó recientemente en su objetivo de obtener un préstamo del Banco Mundial, arriesgando así el acceso a la financiación urgentemente requerida para aminorar el ya largo sufrimiento.
América Latina, un punto luminoso en los tempranos 1990, cuando la democratización y la liberalización económica tomaron auge como una gran promesa, ha devenido a tiempos difíciles. Las prescripciones económicas de libre mercado empujadas por Washington se han desacreditado. Las alternativas izquierdistas y populistas están ganando apoyo, como lo evidencia la elección de Luiz Inácio Lula da Silva el mes pasado a la presidencia brasileña.
Los recuerdos de dictaduras militares brutales pueden estar demasiado crudos para imaginar una inmediata epidemia de golpes, pero pueden tentarse los gobiernos autoritarios, dispuestos cada vez más a capitalizar el desencanto extendido para subvertir las reglas legales.
Por otra parte, a pesar de las preocupaciones urgentes los Estados Unidos no pueden permanecer indiferentes a las penas de su hemisferio. Brasil le ofrece una oportunidad perfecta a Washington de adoptar un tono más saludable en sus relaciones con América Latina, y es positivo ver al Asistente de la Secretaría de Estado, Otto Reich, en Brasília empeñando el apoyo a la ayuda financiera internacional para los programas brasileños de anti-pobreza. El presidente electo Da Silva puede no compartir la filosofía económica de Presidente Bush, pero él es un demócrata comprometido y ha dejado claro que su gobierno respetará sus obligaciones financieras. Los dos hombres se encontrarán en Washington el 10 de diciembre y el señor Bush sería sabio si forjara una relación activa íntima con su colega brasileño, debilitando la impresión de que los Estados Unidos sólo celebran a la democracia latinoamericana cuando ésta es parte de un matrimonio de políticas económicas.
El comercio sigue siendo una fuente de fricción. La administración, mientras representa sus intereses de apertura de los mercados americanos del sur, debe entender mejor los legítimos agravios brasileños acerca del proteccionismo americano a los productos agrícolas y al acero. Por otra parte, la retórica de libre-comercio americana se verá como una hipocresía del interés propio y la promesa de un área hemisférica de libre comercio no se logrará.
En todo caso, la administración debe asir firmemente la bandera del respeto a la legalidad. Ello significa reprender al presidente de Colombia, Álvaro Uribe, cuando su gobierno vaya demasiado lejos en la limitación de libertades civiles cuando realiza una escalada en su guerra contra guerrillas financiadas por el comercio de la droga. También significa insistir en que la oposición de Venezuela se abstenga de tomar los caminos ilegales o violentos en su confrontación con el Presidente Chávez.
Traducción libre de Ángel C. Colmenares E. - catirecolmenares@hotmail.com