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Con el apoyo de instituciones
como el Inces y el Iactp los 974 internos, incluidas 89 mujeres, participan
de experiencias muy distintas a las resaltadas por los medios de comunicación
social y son objeto de ofertas formativas que contemplan áreas como
confección textil, panadería, construcción, carpintería y ebanistería,
informática y misiones como: Robinson, Ribas y Sucre.
Capítulo aparte merece
el funcionamiento en el penal de los Andes, de un núcleo de la Orquesta
Sinfónica del Régimen Penitenciario que se completa con los núcleos
instalados en los centros de reclusión de Tocuyito en Carabobo, Penitenciaría
del Táchira, el Instituto Nacional de Orientación Femenina de Los
Teques en el estado Miranda y en la Ciudad Penitenciaria de Coro, en
el estado Falcón.
Juan Carlos Angulo, director
del centro, dijo que los centros de reclusión en todo el país están
llamados a reformar las conductas y vicios de carácter inapropiado
que trae cada uno de los privados de libertad. Los penales deben cumplir
una labor de formación y readaptación más allá del solo castigo
y la separación de la sociedad que los internos deben padecer”, dijo
Angulo.
Juan Gómez, coordinador
regional del Programa Penitenciario del Inces informó, a través de
los micrófonos de la emisora “100.3 FM Voces de Libertad”, la cual
opera desde las propias instalaciones del Centro Penitenciario Región
Los Andes, que la institución que representa aprobó en su programación
anual, el dictado de cuatro cursos: destreza en instalaciones eléctricas
(ya iniciado), elaboración de dulces criollos, operador de micro y
confección de prendas para bebé.
No obstante, los entes
adscritos al ejecutivo nacional desarrollan actividades en sectores
como: agrícola, confección textil, panadería, construcción, carpintería
y ebanistería, informática y misiones como: Robinson, Ribas y Sucre.
Adicionalmente se prevé
el dictado del curso de primeros auxilios para penados que gozan de
régimen abierto donde trabajan y hacen su vida en libertad, pero pernoctan
en el Centro “José María Lazo” de la capital emeritense.
Por otra parte, el equipo
del Iactp adscrito al Ministerio del Poder Popular de Interior y Justicia,
representado en la comitiva que visitó el centro por Fanny Deubetere,
anunció otra tanda de cursos vinculados estrechamente a las instalaciones
con las que cuenta el recinto.
El privado de libertad,
Héctor Fabio Olguín nos expresó que siente apoyo de parte de las
autoridades del penal y de instituciones como el Inces y el Iactp, pero
suplica que los esfuerzos no cesen en beneficio de “esta comunidad
que aguarda con impaciencia su reinserción social con la ventaja de
contar con un oficio aprendido aquí que puede resultar de mucha utilidad.
De esta manera el gobierno
bolivariano no descansa en los esfuerzos por revertir la imagen que
la opinión pública recibe de los centros penitenciarios en todo el
país, a través de medios de comunicación ciertamente sesgados, con
realidades palpables y comprobables.
Mérida constituyó
la primera visita de esta delegación llamada a operativizar la humanización
penitenciaria, hacia la promoción del trabajo y la capacitación laboral
del interno en calidad y cantidad suficiente que contribuya a su rehabilitación
y reinserción social.
CUANDO
LA MÚSICA TE ACERCA A LA LIBERTAD
Carlos Naranjo, un privado
de libertad de 59 años de edad dice sentir que la máxima tranquilidad
de su alma la alcanza cuando repasa las notas de su flauta, “un instrumento
que jamás soñé con tocar cuando ingresé a este lugar y que ahora
es un amigo inseparable que me hace sentir mejor persona”.
Con tres años a los
mandos de las clavijas del instrumento metálico, Carlos, con un dejo
de picardía en su rostro expresa que “yo confirmo que loro viejo
sí aprende a hablar. Inicié con teoría y solfeo y luego de mucha
práctica y constancia, me abro al mundo a través de estos sonidos”.
Son más de 50 hombres
y mujeres que purgan condenas por los más diversos delitos en el Centro
Penitenciario Región los Andes, pero que se arropan con la esperanza
y purificación de alma que les provoca los afinados acordes de un violín,
a la espera de que pronto llegará el día en que se reencontrarán
con sus familias y asumirán con entereza su merecida reincorporación
a sociedad.
Con algo más de tres
años de funcionamiento la Red de Orquestas Sinfónicas Penitenciarias
ha crecido hasta contar con 450 reclusos y más de 100 profesores en
cinco núcleos contando este de Mérida: Penitenciaría de Occidente
en Táchira, Instituto Nacional de Orientación Femenina en Los Teques,
Comunidad Penitenciaria de Coro y la Penitenciaría de Carabobo.
De eso se trata la humanización
penitenciaria que estamos llevando adelante en todo el sistema judicial
nacional con la rectoría del Ministerio del Poder Popular para las
Relaciones Interiores y de Justicia y su ente adscrito el Instituto
Autónomo Caja de Trabajo Penitenciario; el Ministerio de las Comunas
y Protección Social a Través del Inces y el Ministerio del Poder Popular
para la Cultura, asegura Juan Carlos Angulo, director del Centro.
El Teatro Teresa Carreño
en Caracas ha sido testigo en tres oportunidades de la presentación
de la Red de Orquestas Sinfónicas Penitenciarias, e incluso bajo la
batuta de reconocido Gustavo Dudamel. De igual manera han sonado en
el auditorio del teatro Tulio Febres Cordero en la capital emeritense
y en los espacios de la Universidad Nacional Abierta con ocasión de
dos graduaciones.
El coordinador del núcleo
orquestal en Mérida, Romaín Moreno explica que cuentan con once cátedras
musicales más la coral y que todas se caracterizan por la disciplina
y el esfuerzo. “Ellos están concientes de que este es una oportunidad
que les brinda el gobierno nacional para rehacer su vida y brindarles
la preciada esperanza de vivir”.
“En el fondo los objetivos
primordiales de esta práctica son la disminución de los niveles de
violencia y la elevación de la autoestima del privado de libertad,
a través de la educación musical, para recordarse que personas merecedoras
de nuevas oportunidades”.
El subdirector de la
orquesta, Carlos Alarcón afirma que la meta no es formar músicos,
sino generar valores éticos, morales y sociales en la población cautiva,
mediante el conocimiento y la sensibilización que genera el hecho artístico.

