El aumento del hambre causado por la crisis económica ha golpeado con mayor fuerza a las personas más pobres en los países en vía de desarrollo, poniéndose así de manifiesto la fragilidad del sistema alimentario mundial y la necesidad urgente de su reforma, según el Informe anual de la FAO sobre el hambre “El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo”. La combinación de crisis económica y alimentaria ha empujado la cifra de víctimas del hambre en el mundo a niveles históricos: más de 1000 millones de personas sufren hambre crónica, según los cálculos de la FAO.
En
Asia y el Pacífico se calcula que 642 millones de personas sufren
hambre crónica, en África subsahariana son 265 millones, en
Latinoamérica y el Caribe 53 millones, en Oriente próximo y el Norte de
África 42 millones y en los países desarrollados 15 millones, según el
Informe.
Existen varios factores que han coincidido para hacer
que la actual crisis sea especialmente devastadora para las familias
pobres en los países en desarrollo. Primero, la crisis está afectando a
una gran parte del mundo de forma simultánea, reduciendo la posibilidad
de mecanismos tradicionales de defensa como la devaluación de la
divisa, solicitar créditos, el mayor uso de la ayuda oficial al
desarrollo o las remesas de los emigrantes.
En segundo lugar, la
crisis económica llega tras una crisis alimentaria que ya ha debilitado
las estrategias de supervivencia de los pobres, golpeando a aquellos
más vulnerables a la inseguridad alimentaria en un momento de
debilidad. Enfrentados al alza de los precios domésticos de los
alimentos, la disminución de ingresos y empleo y tras haber vendido sus
activos domésticos, reducido el consumo de alimentos y recortado gastos
en aspectos esenciales como la atención sanitaria y la educación, estas
familias se arriesgan a caer aún más hondo en la trampa del hambre y la
pobreza.
El tercer factor que diferencia esta crisis de las
anteriores es que los países en desarrollo se encuentran más integrados
-a nivel financiero y comercial- en la economía mundial que hace 20
años, lo que les hace más vulnerables a las fluctuaciones de los
mercados internacionales.
Muchos países han experimentado
descensos generalizados en sus flujos comerciales y financieros, y han
visto caer sus ingresos por exportaciones, la inversión extranjera y
las remesas. Ello no reduce solamente las oportunidades de empleo, sino
también el dinero del que disponen los gobiernos para programas que
promueven el crecimiento y de apoyo a las personas necesitadas.
Las
17 economías más importantes de Latinoamérica, por ejemplo, recibieron
en 2007 unos 184 000 millones de dólares en entradas financieras, que
se redujeron a menos de la mitad en 2008 con 89 000 millones y se
espera que suceda lo mismo en 2009, con 43 000 millones, según la FAO.
Esto significa que deben reducir el consumo, y que para algunos países
de bajos ingresos y déficit de alimentos el ajuste del consumo puede
implicar disminuir importaciones de alimentos muy necesarias y de otros
bienes como equipos médicos y medicinas.
El Informe incluye casos
como el de Armenia, Bangladesh, Ghana, Nicaragua y Zambia, donde se
evidencia que las familias se ven afectadas por el descenso de las
remesas y otros impactos de la crisis económica y la forma en que los
gobiernos están respondiendo ante la crisis con inversiones en
agricultura e infraestructuras y extendiendo las redes de protección
social. El Informe señala que estas intervenciones ayudarán a salvar
vidas y familias, pero debido a la gravedad de la crisis, es necesario
hacer mucho más.
Descargar http://www.inforural.com.mx/IMG/pdf/Estado_Inseguridad_Alimentaria_en_el_Mundo_2009-2.pdf