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(VIDEOS) David Barkin en Conferencia del CIM sobre la Crisis Econónica Mundial: "La Gestión Sustentable de Recursos Regionales: Respuesta a la estrategia de integración internacional"

Autor:
Fecha de publicación:
David Barkin
Credito: Aporrea.org


Centro Internacional Miranda (CIM)

6 de julio de 2009.- A finales de 2008 se llevó a cabo una Conferencia sobre la Crisis Económica Mundial, a continuación les presentamos la intervención de David Barkin, Doctor en Economía, Miembro de la Academia Mexicana de Ciencias y del Sistema Nacional de Investigaciones en México:

Este escrito presenta un enfoque que sugiere la importancia y el significado de los esfuerzos de grupos locales para construir y defender sus propios espacios alternativos. Estos son hechos locales a escalas sociopolíticas relevantes para resolver problemas de supervivencia, construyendo mecanismos para perfeccionar un nuevo y complejo paradigma capaz de enfrentar los retos sociales. No plantea la cuestión de la necesidad de cambiar el Estado, sobre todo en México porque no existen las fuerzas sociales para emprenderlo en este momento. No cabe en la agenda actual los elementos para los cambios institucionales profundos que requerimos; más bien, nos toca colaborar con los grupos de base para consolidar y ayudar a fortalecer sus iniciativas.

Actualmente, son de diez a quince millones de personas que están involucrados en construir alternativas propias del tipo que se examinan aquí. Simplemente, los ejemplos que se ofrecen en este capítulo pueden servir para ilustrar una tendencia que es mucho mayor que normalmente se supone e ilustrativo de un enfoque visto con mucho interés por crecientes números de grupos sociales. Aunque estos ejemplos son parte de estrategias locales, quiero insistir que no se trata de experiencias micro-sociales. Se trata de grupos significativos, de números relevantes, agrupaciones de cincuenta mil a seiscientas cincuenta mil personas, y en algunos casos hasta un millón de personas que están involucradas en este tipo de actividades. No voy a dar detalles de grupos que todos ustedes conocen, como los zapatistas, sólo a ilustrar con otros ejemplos que darán idea de la diversidad y la riqueza de estos esfuerzos.

El tipo de estrategia que estamos hablando la llamamos Gestión Sustentable de Recursos Regionales, para tratar de evitar la palabra desarrollo. En nuestros círculos este concepto todavía refiere a un proceso de acumulación privada, que apropie de los resultados de esfuerzos sociales. En este sentido estamos hablando de la gente reescribiendo la teoría, construyéndose como nuevos actores, con los principios con que todos podamos estar de acuerdo.

Lo transcendental de este esfuerzo es la presencia intergeneracional, en el sentido de que explícitamente se están usando conocimientos ecológicos así como conocimientos sociales, culturales y productivos para traer al presente las herencias del pasado, para ofrecer futuros mucho más sustentables. En este sentido, se plantea examinar el tipo de modelo de país que se está tratando de construir. Las comunidades están planteando modelos que enfrenten la idea dominante del avance científico y tecnológico para el beneficio del capital con una ciencia y tecnología alternativa para promover el bienestar individual y colectivo y el equilibrio ecológico y, porque nosotros --con las comunidades-- estamos tratando de incorporar mecanismos de innovación tecnológica que fortalecen la tradición y las instituciones.

La visión oficial ofrecida de México por sus autoridades es de un país urbano, que tiene sólo 18% de su población viviendo en el atraso de una sociedad rural; es un país en rápida homogenización, e integración internacional. Sin embargo, desde una perspectiva más sensible a las necesidades sociales podemos afirmar otra realidad, una verdad en que la tercera parte de la población (o más) es rural y la producción primaria, la de los campesinos y la de los indígenas, representa probablemente dos veces lo que dice el gobierno respecto a su aportación al Producto Interno Bruto, es decir, más del diez por ciento del total. El cambio en la situación implícita en esta revisión cuantitativa implica un cambio cualitativo en nuestra comprensión de la sociedad, en la importancia del sector rural con el cual estamos tratando frente a la sociedad en general, su importancia como posible generador de cambios y a sus posibilidades de crear resistencias al proceso de acumulación privada.

Esas alternativas y estas resistencias se forjan con base en cuatro principios fundamentales: Autonomía, Autosuficiencia, Diversificación productiva y, por supuesto, Gestión sustentable de ecosistemas. Insisto en que trabajar uno de estos principios, como es la autosuficiencia, por ejemplo, no es suficiente si no está incorporado en una estrategia integrada. La autonomía no se limita a la gestión política; también, implica un proceso de profesionalización en el sentido transcultural de la palabra: integrando los conocimientos tradicionales con los que el Estado adelante para tener un dominio de los recursos, de los sistemas productivos y la capacidad de sistemas legales y administrativos que impliquen la capacidad de gobernabilidad. La autosuficiencia es muy importante, como todos sabemos; en contraste, los tratados de libre comercio significan explícitamente no promover la autosuficiencia, que es ilegal en un marco donde la promoción de la producción propia es mal vista, y es en este momento evidente la contradicción entre la política de promoción del bienestar corporativo y la satisfacción de las necesidades básicas de a población. La diversificación productiva implica una profundización de las estrategias campesinas de siempre, las de buscar un paquete de actividades que aprovecha los ciclos naturales de la actividad primaria para ocupar el tiempo y los recursos para generar otros productos; este enfoque rechaza directamente la visión productivista, dominante en europea, la visión de la FAO y de la visión OIT, quienes ven a la pluriactividad tradicional de la gente como una estrategia de derrota, de supervivencia marginal, en vez de concebirla como una estrategia de extraordinaria resistencia, creatividad y enriquecimiento. Implica también esta diversificación la necesidad de crear y participar, no solamente el productor sino los consumidores, en mercados de economías solidarias, el comercio justo, no controlado por las transnacionales, como están tratando de hacer ahora, sino la búsqueda para nuevas maneras de crear oportunidades modernas para productos tradicionales y, por supuesto, la gestión de ecosistemas. Considero que debemos, desde la perspectiva de estas estrategias, hablar mucho de un principio de precaución que en América Latina ha sido menospreciado, pero que creo que es muy importante.

Central a la concepción de este modelo es la responsabilidad social y la implicación política del mismo concepto de mercado. El mercado conlleva siempre a una relación social, a un pacto social, una característica en que insistió mucho Karl Polanyi en sus escritos.1 No es factible ni deseable suprimir a los mercados; más bien, nuestra obligación es redefinir ese pacto social y discutirlo abiertamente para que todos los que participemos en el mercado hagamos lo que es necesario para entender nuestros papeles en definir y forjar un pacto social, contribuyendo a hacer de él un espacio solidario de encuentro. Para eso, nosotros mismos explicarles a todos cómo es que tenemos que reorientar y reestructurar los mercados para imprimir nuevas relaciones sociales que fomentan una participación completamente diferente. Esto significa entonces que el mercado debe ser organizado en términos de revertir su actual dinámica de destrucción social y de los ecosistemas, para contribuir a reconstruir y fortalecer a las organizaciones sociales de base y proteger, recuperar y rehabilitar los entornos naturales. Como consecuencia, esto implica responsabilidades sociales inalienables como reto ecológico, derechos humanos universales reconocidos, suscritos por todos nosotros, y sobre todo en un contexto para construir y profundizar la solidaridad social.

Conjuntamente con las responsabilidades sociales están las económicas. Para no utilizar más tiempo al respecto, simplemente planteo esta pregunta: ¿es factible que los objetivos empresariales sean compatibles con los imperativos sociales? Aún muchos de mis colegas en México hablan de temas como internalizar externalidades, es decir, tomar en cuenta la generación de daños cuando se están calculando los costos de producción, pero esta no es una manera adecuada de ver las cosas; la idea de que el que contamina paga es absurda. Como alternativa lo que hay es fundamental, es no dañar a los trabajadores, a la sociedad en el proceso de producción, de dejar de contaminar o permitir la compra de permisos de contaminación; es totalmente absurdo. Estas responsabilidades involucran la necesidad de generar nuevas formas de bienestar, nuevos sistemas de producción, pero sobre todo, nuevos sistemas de organización social y regulación de la actividad productiva.

Muchos de nuestros análisis se enfocan en el tema del agua, por su importancia en el bienestar social y porque su gestión requiere de acuerdos y colaboración social. En América Latina tenemos una institución sui generis muy importante: el Tribunal Latinoamericano del Agua, que documenta con abundancia de detalle que el agua en este momento es abusada y crea conflicto, marginación y enfermedad; los propios pueblos que están acudiendo a las audiencias del Tribunal están mostrando que el agua puede ser una fuente de enriquecimiento, de organización social, de crear vida, de profundizar los trabajos colectivos y generar oportunidades.2

Frente a los abusos y la comercialización del agua, promovido desde las instituciones internacionales de promover un modelo enajenante del progreso, del desarrollo, se requiere otro modelo de gestión del agua en nuestros países. Como alternativa, proponemos un modelo de la Nueva Cultura del Agua, un paradigma de control público, que implica cumplir con el derecho universal al acceso al agua, un mecanismo de liberación colectivo, local y regional, de fundamental importancia.3 Obviamente tiene que estar acompañado con mecanismos para satisfacer las exigencias del medio ambiente, para asegurar el agua que es necesaria para las regiones y el planeta y para promover la solidaridad social. Una vez resuelto este problema, la nueva cultura de agua en su versión latinoamericana propone que se creen mecanismos financieros para distribuirla, asignarla y generar el desarrollo social y económico. Tengo libros y artículos sobre el tema, que están disponibles.4

Una de las experiencias de acción local para promover otra economía, otra sociedad, del tipo mencionado al principio de este capítulo, involucra la población de la Mixteca en el sur-central de México (estados de Puebla y Oaxaca).5 Aprovecharé esta oportunidad para explicar la experiencia en que participan unos cien mil indígenas de los más pobres del país, quienes durante los últimos veinticinco años han recuperado un millón de hectáreas, con sistemas colectivos de trabajo y tecnologías propias. En algunas de estas tierras seleccionaron unas veinte mil hectáreas para la siembra de amaranto, un grano muy apreciado y prohibido su cultivo durante la colonia por sus cualidades culturales; es uno de los granos con mayor contenido proteico en el mundo. Diseñaron productos procesados con miras a un mercado popular, pero con valores nutritivos y accesibles en precio, que podrían sustituir otros productos “chatarra” distribuidos por empresas de corte transnacional (incluyendo una nacional); producido por el gusto nacional pero con menores sales y grasas, cada uno de ellos trae aproximadamente el equivalente en proteína de medio vaso de leche. Estos productos están diseñados, tanto por su calidad nutricional como por su precio económico, para desplazar la chatarra de siempre y los acompañan con sustitutos de las gaseosas, que tantos problemas crean, producidos por un colectivo de trabajadores y utilizando azúcar producido en el único central azucarero en el país que está controlado por obreros.

Otros proyectos involucran procesos de adaptación tecnológica para aprovechar conocimientos locales para proteger sistemas ambientales y generar valores agregados para fortalecer comunidades participantes. En un caso, usaron sistemas de riego por goteo, es decir riego manual de árboles en viveros y después en la montaña para rescatar setecientas mil hectáreas en la Sierra Madre del Sur del estado de Oaxaca, plantando quince millones de árboles de veintiséis especies para recuperar un bosque y tratar de proteger acuífero muy importante. Para financiar este proceso se materializó la idea de un niño de catorce años, que nos pidió diseñar las podas de los árboles para permitir el uso de las ramas para producir bates de béisbol; con la colaboración de unas estrellas de las Ligas Mayores norteamericanas, se vendieron estos bates a la población mexicana en Los Ángeles, con sus firmas grabadas en ellos. Para promocionar el proyecto, cada uno traía un folleto que dice: “Tu compra de este bat garantiza que voy a estar aquí para recibirte, para mostrarte qué es un bosque comunitario perpetuo”. En otro proyecto, miembros de la comunidad producen figuras fantasiosas que se llaman alebrijes, figuras tradicionales hechos con materiales del piso del bosque, con colores naturales del propio bosque que están vendidos en el comercio justo en el extranjero con la misma intención de promover el apoyo solidario.

Con otro enfoque, hemos inaugurado en nuestra universidad desde hace diez años una línea de trabajo para impulsar proyectos que combinan ciertas innovaciones tecnológicas con sistemas tradicionales de producción y maneo que contribuyen a fortalecer las comunidades mediante sistemas que generan cada vez mayores valores agregados. En uno de estos ejemplos, logramos introducir una modificación en el sistema de engorda de puercos para producir carnes bajo en grasa, ya que en una colaboración con una comunidad habíamos descubierto por medio del conocimiento vernácula de los indígenas que el aguacate reduce el colesterol de baja densidad (que ocasiona problemas para la salud) del cuerpo humano y en el puerco. Con una dieta controlada, se puede lograr que estos puercos criollos no producen manteca; después del sacrificio, se está logrando vender la carne en un 30% por ciento por arriba del precio prevaleciente, atrayendo muchas mujeres de participar en los sistemas de engorda para “los puercos light”. Se describe como un proyecto en el cual las mujeres han adquirido poder, organización social y liderazgo como miembros de sus comunidades, que son parte de una etnia que llega a seiscientos cincuenta mil personas.

Se creó  otro proyecto para producir huevos enriquecidos con omega tres, con la misma idea y enfoque. Aprovechando la capacidad de las gallinas de transformar la composición bioquímica de las yemas, estamos promoviendo actividades para que productoras en comunidades semi-urbanas en ciudades medianas produzcan huevos enriquecidos con Omega-3, un ácido graso que también contribuye a la salud humana, reduciendo la aportación de elementos nocivos del huevo. Estos huevos ya existen en los mercados urbanos, producidos con sistemas internacionalizados, usando insumos (algas marinas) importados en vez las hierbas locales que contribuyen a la transformación de la composición de las yemas; éstos se venden al doble del precio de los huevos normales en el mercado mexicano, y anticipamos difundir esta actividad como alternativa, junto con diversos ecotecnias mencionadas abajo.

Otro proyecto del mismo tipo, involucra la reintroducción de la plantación de morera, un árbol proveniente de China, que es la fuente de alimento para el gusano de seda. Ese árbol ha sido plantado como parte de los bosques tradicionales mexicanos de pino, encino y oyamel durante centenares de años. Para los que lo conocen, es apreciado porque sus hojas tienen tanta proteína como la alfalfa. Con la hoja de la morera se crea una fuente alterna de proteína que no necesita mucha agua ni el tipo de forestación que la ganadería tradicionalmente representa. La morera alimenta el gusano de seda y la idea es (re)incorporar la cría y reproducción del gusano en comunidades indígenas y que el hilo de seda sea usado para bordar los tradicionales mexicanos; ya tenemos anticipado crear quince mil empleos autogenerados sin grandes necesidades de capital.6

Todos estos proyectos están acompañados por un proceso de mejoramiento del manejo del agua para enfrentar la escasez y mala calidad del agua que enfrentan muchas comunidades. Entre las actividades contempladas, se incluyen sistemas de calefacción solar para que las comunidades tengan agua caliente pasiva sin la necesidad de usar combustibles fósiles; son sistemas autoconstruidas con materiales de bajo costo. Asimismo, se ofrecen la instalación de plantas de tratamientos de aguas residuales (usan tecnologías sencillas con bacteria anaeróbica) autoconstruidas con sistemas que permiten que sean los propios comuneros que los arman con materiales locales reciclados. Estas plantas usan tubos de plástico reciclado en su interior fabricados en una planta que es propiedad de una las primeras comunidades de participar en el programa; como consecuencia el plástico usado como insumo en el proceso está dejando de terminar en los basureros o de ensuciar, de contaminar los ríos, los lagos y los caminos. Los tubos están preparados con taladros de precisión a la mexicana, con tecnologías apropiadas. Uno de los grupos de mujeres participantes elaboró un sistema de producir lo que llaman “lluvia sólida”, un sistema que recupera y aprovecha los polímeros en los pañales desechables usados, sembrados en los sistemas reticulares de los árboles frutales plantados para retener agua y facilitar su supervivencia. No puedo entrar en mayores detalles de este proyecto y otros, pero en su conjunto representan mecanismos para acceder a nuevos mercados solidarios y comercio justo, fortaleciendo las comunidades a través de alianzas y redes y creando nuevos líderes entre los productores.

Regresando a los cuatro principios: autonomía, autosuficiencia, diversificación y gestión sustentable, el objetivo es colaborar para fortalecer capacidades y agregando valor a la producción local para consolidar economías tradicionales, promoviendo comercio justo y mercados solidarios y de trueque regionales. Claro que no es posible apartarse de los mercados internacional o nacional, pero sí contribuye a añadir nuevos amortiguadores para hacerse más independientes de las crisis que están promovidas por el proceso mexicano de integración económica internacional.

Para ampliar en este tema les propongo la lectura de un libro de enseñanza básica, de preparatoria o universidad, que puede ser descargado gratuitamente del Internet, cuyo título es Riqueza, pobreza y desarrollo sustentable y muestra de una manera, esperamos que didáctica, la idea de que la pobreza no es compatible con la sustentabilidad. Para terminar quiero pedir que pensemos en sustituir la expresión que usan mucho en las reuniones europeas y norteamericanas “otro mundo es posible”; yo creo que en el Sur ya debemos mejor entenderlo en su forma plural, así: “otros mundos que son posibles” ya que tenemos que entender que no hay un solo modelo para esta construcción alternativa que estamos viendo en esta propia reunión. Es absurda la idea de Margaret Thatcher de que no hay alternativa (TINA - there is no alternative).  

Riqueza, pobreza y desarrollo sustentable:

En español: http://anea.org.mx/docs/Barkin-Sostenibilidad.pdf

En inglés: http://econpapers.repec.org/paper/wpawuwpdc/0506003.htm


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