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Chávez juró frente a miles de personas "por la revolución y contra la pobreza”
Por: Modesto Emilio Guerrero
Fecha de publicación: 07/12/03
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Nota de aporrea: El titulo original de esta nota hablaba de 2 millones de personas en la Avenida Bolivar, lo cual es una exageración. Si bien la manifestación fue multitudinaria, hablar incluso de mas de 500 mil personas en la avenida Bolivar es seguir el juego de gobierno y oposición de inflar los número de asistentes a sus manifastaciones. Creemos que nuestro colaborador Modesto Guerrero puede haber sido mal informado acerca de la sistencia a la marcha.

Agradecemos a "Escuálida con Orgullo" por el reclamo que originó la modificación del titulo y esta nota aclaratoria.

(Diciembre 06, Buenos Aires, Argentina) En una Avenida Bolívar (casi 15 km2) repleta de personas de todas las edades, colores y creencias, el líder de la revolución bolivariana, Hugo Chávez, celebró la octava victoria política sobre sus opositores, quienes no pudieron recoger más del millón y medio de firmas, en el llamado “Firmazo para revocar su mandato”. El presidente venezolano terminó su discurso con el singular coro de casi dos millones de sus seguidores gritando al unísono un “Juramento por la revolución y contra la pobreza”.

Para ello, el versátil Jefe nacionalista acudió a una de las más famosas frases del Libertador Simón Bolívar: “No daré descanso a mi alma ni reposo a mi brazo hasta alcanzar la libertad de América...”.

En este caso, el caudillo bolivariano, hizo repetir un estruendo ronco de voces que repetían, abajo, el “Juramento” que el hacía, mirando al transparente cielo caraqueño de las 7 de la tarde: “Juro que no daré descanso a mi alma ni reposo a mi brazo –dijo– hasta ver a mi patria sin hambre, sin analfabetos...” y así, juramento tras juramento por los principales objetivos sociales de su programa de Gobierno. La imaginación histórica podía imaginarlo subido a un Chimborazo imaginario o ante el Monte Sacro de su adolescencia.

Las Misiones de la Revolución

Antes, el presidente Chávez hizo un recuento, datos a mano, de los resultados de las Misiones y planes sociales desarrollados desde julio de este año, después que Venezuela se recuperó del golpe financiero que significó perder casi 7 mil millones de dólares por el saboteo a PDVSA, entre diciembre de 2002 y enero de 2001.

Destacó las 140 mil becas a estudiantes secundarios y universitarios, repartidas en los últimos tres meses; el millón 200 mil analfabetos enrolados en la Misión Robinson para aprender a leer y escribir y la Misión Ribas, dedicada a recuperar para la educación secundaria a cerca de 800 mil estudiante que tuvieron que abandonar por razones económicas, en los últimos 10 años. O los 100 MERCAL (bocas de expendio de alimentos a bajo precio) y los otros 100 que se abrirán antes del 31 de diciembre.

El último sueño de Chávez

Chávez se comprometió en su encendido discurso a terminar con la miseria venezolana, que los anteriores regímenes dejaron instalada en más del 80% de la población. Propuso una fecha para ese objetivo. “En el año 2021 me retiraré tranquilo a descansar sobre un chinchorro (hamaca criolla), porque ese año deberemos haber terminado con el hambre en Venezuela”. La imagen de un imaginario Chávez, meciendo su cansado cuerpo en un chinchorro dentro de 20 años, a la sombra de algún Samán de los valles aragüeños, invocaba, irremediablemente, aquella imagen similar que aprendimos de Bolívar en Santa Marta, ya transido de muerte, llamando a que “...cesen los partidos y se consolide la unión...” para poder “...bajar tranquilo al sepulcro”.

Pero en medio del furor incontenible de gritos de la multitud, el presidente impuso su voz, para bautizar esa misión: “Será la Misión de todas las misiones”. Así la definió. Y para que no quedaran dudas del halo anímico de su promesa, contó que poco antes, se le había ocurrido denominarla “la Misión Cristo”.

Más allá de lo simbólico-popular del nombre, este nombre podría tener dos objetivos: un “regalo” de navidad al masivo sector evangélico que lo apoya en los barrios, donde, precisamente, tiene Chávez la base social de su gobierno. Y segundo: un mensaje de conciliación a la clase media, que antes salió a la calle para derribarlo, pero que hoy está confundida entre los arrolladores planes sociales del gobierno y la lasitud grotesca de una oposición que da más muestras de ruina moral que de oposición.

Otro aspecto clave, insoslayable, de este discurso del presidente Chávez, fue el pertinaz llamado a la unidad y la concordia entre los movimientos, organizaciones, grupos y partidos que participan de la Revolución Bolivariana, o que sostienen las instituciones del régimen y participan del gobierno.



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