Un escuálido en un banco, cuatro más allá, y dos más acá. Todos de negro, y el tricolor en las temblorosas manos. Pero los chavista se acercaron alegres, saludaron y los invitaron vestirse alegre, a cambiar ese negro funesto y triste. A vestirse de alegría, a bañarse con el arco iris de la revolución.
Eran las doce del mediodía. La marea roja venía con su canto bolivariano, adornando la avenida Francisco de Miranda. Gente de todas las edades, de toda Venezuela, celebrando el triunfo, de hace cinco años, alcanzado por el pueblo con Chávez al hombro.
Los motorizados iniciaron la fiesta. Dieron vueltas, y vueltas, como para ensalmar ese sitio lleno de malos espíritus, de malos augurios, de las malas ideas y terror. Cuando se fue la sayona y su séquito, entonces el pueblo penetró con su canto, y volcó toneladas de energía positivas en el extraño lugar.
No hubo resistencia, las pocas miradas caídas, guardadas en los trajes fúnebres, rodaron por la fuente de la Plaza Francia. Al fondo los polichacaos parecían estatuas. Tal vez no lo podían creer.
Así fue, a las doce del mediodía, bajo un bello sol, cual testigo de una nueva victoria popular.
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Digan lo que digan Foto: Angel Bastidas
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Altamira liberada por el pueblo Foto: Angel Bastidas |
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Feliz chavidad.y como no la recogieron por eso Foto: Angel Bastidas |
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La marea roja alrededor del obelisco Foto: Angel Bastidas
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Con el rojo de la revolución Altamira brilló de nuevo Foto: Angel Bastidas |
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Foto: Angel Bastidas |
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Como tomar el cielo por asalto Foto: Angel Bastidas |
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Marcha y Altamira Foto: Angel Bastidas
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Che, Bolívar y Chávez, alegraron la tristeza de la Plaza Francia Foto: Angel Bastidas |
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En la plaza macabra quedan 3 escuálidos, pero no volverán Foto: Angel Bastidas |