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Un usuario del club nos manda la siguiente denuncia:
El Club Táchira, ubicado en Colinas de Bello Monte, es un centro de esparcimiento al que acuden ciudadanos venezolanos y extranjeros a compartir con familiares y amigos momentos de alegría y diversión sana. Allí está prohibido hacer proselitismo político y no se permiten las exclusiones en ningún sentido. En el Club Táchira, chavistas y antichavistas conviven cordialmente y dejan a un lado las diferencias políticas.
Con esta introducción, hago una somera descripción del ambiente que se vive en el Club Táchira, a fin de que no se crea que por ser un Club social, orientado a la clase media, es un nido de escuálidos y conspiraciones contra el Gobierno. Todo lo contrario, es la imagen de lo que debería ser el país en la actualidad.
Pues bien, la directiva del Club Táchira no cerró sus puertas, como sí lo hicieron otros clubes de la capital, durante el paro golpista de diciembre y enero pasados. El Club Táchira, construido durante la dictadura de Pérez Jiménez, decidió que debía estar si bien no ajeno, apartado un poco de esa crisis que generaron los partidos opositores al Gobierno del Presidente Chávez.
Esta decisión de abrir sus puertas, generó entre los vecinos del Club un odio tal que en varias ocasiones, contaron los vigilantes, pasaron por sus puertas y arremetieron a disparos contra las instalaciones, lo cual en diciembre pasado obligó a los directivos a cerrar las puertas del Club a partir de las 7:00 de la noche. Eso sí, los socios podíamos permanecer dentro hasta las 10:00 PM.
Así fue como pudimos disfrutar de nuestro Club. No se hicieron denuncias para no exacerbar el odio de los vecinos de Colinas de Bello Monte. Nos mantuvimos allí, chavistas y antichavistas, como clandestinos, reunidos en secreto tal como si viviéramos en una dictadura dirigida por la Coordinadora Democrática.
Una vez levantado el paro (esta frase no la comparto, recuerden que el paro parcial nunca fue levantado, nadie lo hizo), el Club regresó a sus actividades habituales. Nos olvidamos de los desmanes de nuestros vecinos, y continuamos disfrutando con nuestros hijos de sus instalaciones.
Pero el odio de los escuálidos no murió con el paro, la ansias de venganza crecieron con el paso de los días y, aupados por el mongólico de Carlos Omobono (ese que hacía de cachifo de Guillermo Dávila en Ligia Elena II), denunciaron ante el pargócrata de Capriles Radonsky, que la música que se colocaba en el Club los viernes y sábado por las noches, les taladraba los oidos.
Los escuálidos y Omobono tuvieron las santas pelotas de hacerse de informes de médicos otorrrinos que daban cuentas de supuestos daños al oído sufridos por varias personas como consecuencia de la música que se colocaba en el Club.
De esta manera, y amparados por Tribunales corruptos, lograron nuevamente convertir al Club Táchira en una suerte de centro de reuniones clandestinas, donde un cumpleaños, un matrimonio o la celebración del Aniversario del Club (que estuvo suspendida por un mes porque Capriles se negaba a dar el permiso), deben celebrarse sin música ni siquiera con un tambor o un cuatro, porque después de más de 50 años que tiene ese centro de esparcimiento en Colinas de Bello Monte, ahora es que molesta a los vecinos.
Sí... les molesta el Club Táchira que se mantuvo en equilibrio político durante el paro de diciembre. Pero jamás les hizo daño en los oidos los repetidos cacerolazos que convocaba todas las noches la Coordinadora Democrática, no les hizo daños los cohetazos ni los "de que" de Carlos Fernández, nada de eso les hizo daño.
La venganza contra el Club ha hecho a estas personas mentir ante los Tribunales. Amigos, les pido apoyo. Soy chavista y les puedo dar fe de que el Club Táchira somos como una familia pese a las diferencias políticas. Esta denuncia, aunque parezca por algo superfluo, es una señal de alarma de cómo quienes se llaman demócratas se valen (y se valdrán si se los permitimos) de cualquier artimaña para arremeter contra quienes disientan de sus intenciones golpistas.
Hoy es el Club Táchira, mañana serán las escuelas bolivarianas si los dejamos hacerse el del poder, serán los Mercal, los abastos y panaderías que abrieron sus puertas durante el paro. Hay que detener a los golpistas.
Y a tí Capriles, te digo una cosa. ¿por qué no te ocupar de los casinos ilegales, bares y casas de prostitución que están en tu jurisdicción?
Jesús Bustindui en sus columnas del 31 de octubre y del 6 de noviembre, corrobora parte de esta denuncia.
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