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(16 de marzo de 2008) El gobierno de George W. Bush y algunos legisladores conservadores han
buscado transformar el tema de la incursión militar de Colombia en
Ecuador en motivo para calificar de “terrorista” al gobierno de
Venezuela.
Hoy,
dos representantes republicanos federales de Florida, la
cubanoestadunidense Ileana Ros-Lehtinen y Connie Mack, presentaron una
resolución ante la cámara baja, que insta al gobierno de Bush a
“designar a Venezuela patrocinador estatal del terrorismo”.
Vale
recordar que en el Congreso hay mayoría demócrata, y que esos dos
legisladores no tienen poder para garantizar la aprobación de
resoluciones o proyectos. Sin embargo, esa iniciativa está ligada con
una serie de declaraciones del gobierno de Bush, esta semana, que
critican a la administración de Hugo Chávez.
El tono lo elevó el
propio Bush, quien esta semana dijo ante la Cámara de Comercio Hispana,
en Washington, que “hay un patrón preocupante de comportamiento
provocativo del régimen en Caracas” en torno a las FARC, y afirmó que
altos funcionarios del gobierno de Hugo Chávez se han entrevistado con
el grupo guerrillero, oficialmente designado por el gobierno
estadunidense “organización terrorista”.
Durante esta semana, la
secretaria de Estado, Condoleezza Rice, ha elevado la tensión. Antes de
comenzar su gira por Brasil y Chile, al entrar a una reunión con el
ministro de Defensa de Colombia, Juan Manuel Santos, aseveró, en obvia
referencia a Venezuela, que “es obligación de todo miembro de la
Organización de Naciones Unidas (ONU) no permitir que su territorio sea
usado de manera alguna para apoyar terroristas, y las FARC son una
organización terrorista. Por tanto, no debe haber ningún apoyo a
ellos”. Ya en el curso de su gira repitió versiones del mismo mensaje.
Un
vocero del Consejo de Seguridad Nacional, Gordon Johndroe, informó:
“nuestras agencias de inteligencia están evaluando el material
adquirido por los colombianos, y veremos hacia dónde lleva”, reportó el
Wall Street Journal. El gobierno ha indicado que está revisando los
archivos de computadora obtenidos por las fuerzas colombianas en su
ataque a la base de las FARC en Ecuador, el primero de marzo, que según
denuncias del gobierno de Álvaro Uribe señalan que el régimen de Hugo
Chávez mantenía contacto con los guerrilleros y tenía la intención de
entregarles 300 millones de dólares en asistencia.
El secretario
asistente de Estado para el hemisferio occidental, Thomas Shannon,
declaró esta semana que continúan analizando los contenidos de las
computadoras obtenidas tras el ataque, incluyendo una que supuestamente
era del líder del grupo guerrillero, Raúl Reyes, y otra perteneciente a
Iván Ríos, otro dirigente de la organización que fue asesinado por su
escolta la semana pasada.
“La información que ha surgido hasta
la fecha es preocupante, ya que parece indicar un grado de diálogo y
discusión entre miembros del gobierno de Venezuela y las FARC que tiene
que ser explicado”, dijo Shannon a reporteros en Washington. Sin
embargo, subrayó: “estamos muy al comienzo del proceso, y sería una
error brincar a conclusiones”.
Pero es justo lo que decidieron
hacer algunos legisladores afirmando, a pesar de que aún no hay
pruebas, como hizo Mack esta semana, que “es crítico que el gobierno
(de Bush) actúe rápida y decisivamente. El presidente venezolano está
usando su enorme riqueza petrolera para financiar el terrorismo en su
traspatio”. Ros Lehtinen, al presentar su resolución junto con Mack,
declaró que “la decisión del liderazgo venezolano de apoyar los actos
criminales de estos extremistas violentos (las FARC) ha envenenado la
región con inestabilidad y desconfianza”. Agregó: “los esfuerzos
deliberados de los líderes venezolanos por forjar relaciones con
patrocinadores estatales del terrorismo, incluyendo Irán y Cuba, son
una afrenta directa a todos los que trabajamos para promocionar la
justicia y la libertad en la región”.
La resolución legislativa
no tiene fuerza de ley, y sólo es una expresión del Congreso. Aun si
prospera, no tiene impacto directo. Pero sí nutre el esfuerzo de
algunos dentro del gobierno de Bush de al menos amenazar con colocar a
Venezuela en la lista de patrocinadores del terrorismo.
Los
países actualmente incluidos en dicho listado son Corea del Norte,
Irán, Siria, Sudán y Cuba. Estas naciones son sujetas a diversas
sanciones, entre ellas la suspensión de préstamos de instituciones
multilaterales (Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional). No está
claro si estar en ésta tendría efecto sobre las operaciones de empresas
estadunidenses, incluyendo las petroleras, en el caso de Venezuela.
Pero
el propio Shannnon ha expresado cautela. “Declarar a alguien
patrocinador estatal del terrorismo es un paso grande, serio, y una
decisión que sólo tomaríamos después de una muy cuidadosa consideración
de todas las pruebas”. Puntualizó que el análisis de los archivos de
las computadoras tomará tiempo.
Expertos en Washington están
divididos sobre si estas nuevas acusaciones contra Venezuela
prosperarán. Algunos dicen que la propuesta será aprobada sólo porque
pocos legisladores se atreverán a votar en contra –por la poca simpatía
hacia el régimen de Chávez Frías– y porque políticamente nadie desea
sufragar contra alguien que denuncia actividades supuestamente
“terroristas”. Otros creen que no prosperará por la falta de capital
político de la moribunda y desprestigiada presidencia de Bush, como por
las divisiones internas dentro del gobierno.
Adam Isacson,
experto en relaciones interamericanas del Centro de Políticas
Internacionales en Washington, declaró a La Jornada que “no existe
consenso entre los republicanos e incluso dentro del gobierno de George
Bush” para promover esto, y pronosticó que los presidentes demócratas
de los comités legislativos no permitirán que la resolución proceda a
voto. Por otro lado, manifestó que por ahora “simplemente no hay
suficientes pruebas” para justificar las acusaciones sobre Chávez y las
FARC.
Añadió: “muchos no desean colocar a Venezuela en la lista
(de patrocinadores de terrorismo) por las consecuencias sobre los
mercados petroleros, lo cual nutrirá la actual incertidumbre”. Pero
advirtió que eso podría cambiar si surgen pruebas que implicaran al
gobierno venezolano.
Daniel Ericsson, analista de Diálogo
Interamericano, comentó a la agencia Ap que “es un poco difícil,
particularmente en el contexto de un año electoral, que Estados Unidos
aplique nuevas sanciones sobre Venezuela, que probablemente
interrumpirían el suministro de petróleo, lo cual llevaría a precios
más altos de gasolina”. Otros estiman que al no contar con el apoyo de
algunos de los principales países de la región, el intento podría ser
desastroso y generar justo lo opuesto al objetivo de Bush: aislar a
Venezuela.
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