Datos de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desalojo
(Codhes), divulgados el último miércoles (26) revelan que, en 2007,
Colombia tuvo el más alto número de desalojos forzados de los últimos
cinco años. Casi 306 mil personas dejaron sus casas en dirección a
otros 843 municipios.
La Consultoría atribuye este aumento del 20% en relación a 2006 al
rearme paramilitar, a los enfrentamientos con el Ejército de Liberación
Nacional (ELN) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia
(FARC), además de la erradicación de los cultivos.
La capital Bogotá es el destino más frecuente de las personas que
tienen que dejar sus casas por miedo al conflicto armado, casi 45 mil
personas sólo el año pasado; en seguida está Nariño, con la recepción
de 32.856 víctimas de desalojos. En total, son 32 departamentos
afectados.
Las familias temen perder a sus hijos a causa del conflicto armado,
sea por las guerrillas, sea por los grupos paramilitares. En los
territorios en los que vivían, tenían que convivir constantemente con
amenazas, atentados, bombardeos y miedo a las minas terrestres.
La Codhes identificó nuevas zonas de desalojo, en razón de las
nuevas dinámicas del conflicto armado, como la zona de ejecución del
Plan Consolidación (antiguo Plan Patriótico). La confrontación entre
los grupos armados continúa causando graves violaciones de los derechos
humanos, con una violencia cruel que no diferencia civiles de
combatientes y hace uso indiscriminado de las armas de fuego.
"Los enfrentamientos trascienden a los combatientes y se trasladan
con crueldad en contra de la población civil, bajo la acusación de
pertenecer o auxiliar a alguno de los dos grupos. No se conoce el
número de muertos, pero llega a cientos, especialmente en el
departamento de Arauca".
El informe de la Codhes confirma un dato repetido desde hace mucho
por las entidades de derechos humanos colombianas: los paramilitares no
fueron desmovilizados. En Nariño, Chocó, Antioquia, Córdoba, Valle,
Cauca, Magdalena, Cesar, Sucre, Bolívar, Vichada y Casanare, jóvenes
actúan con otras ropas y nombres, pero siempre con la complicidad de
las autoridades y bajo la tutela de narcotraficantes.
"Ellos realizan operaciones en contra de la población civil; cuidan
o disputan cultivos, laboratorios, rutas de narcotráfico; desalojan a
campesinos, indígenas y comunidades negras; apoyan a candidatos y se
infiltran en administraciones locales", dice el informe.
Uno de los problemas detectados por la Consultoría es que el
gobierno no reconoce los desalojos forzados a causa de las fumigaciones
y nadie lucha por los derechos de esas personas: "La guerrilla, los
paramilitares y la necesidad los obligan a cultivar, el ejército y la
Policía los persigue, la Acción Social no los reconoce y la
Procuraduría los mira con sospecha"