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El relleno fluido hizo que el terreno se pusiera blando. Las losas de concreto no soportaron el peso de los buses y se partieron. |
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Si el deterioro de las losas de transmilenio sigue como va, para 2021 la ciudad habrá invertido 85 mil millones de pesos. |
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El Distrito alega que ese material fue muy bien recomendado por
la firma cementera Cemex, que vendió no sólo la idea de usarlo, sino
los elementos con que se hicieron.
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Mucha plata ha perdido Bogotá arreglando las losas de TransMilenio que se han deteriorado antes de tiempo.
En
2002, los habitantes de la ciudad celebraron la llegada de una solución
que parecía duradera para el transporte: la primera fase de las rutas
de buses articulados que pasa por la avenida Caracas y la autopista
Norte. Se decía que el sistema, en el que se invirtieron 67 mil
millones de pesos, duraría sin necesidad de mayores reparaciones hasta
2021.
Pero apenas siete meses más tarde, los pasajeros
empezaron a sentir que se desplazaban como por una carretera destapada.
Las vías del corazón de la ciudad empezaron a parecerse cada vez más a
caminos de veredas porque las losas se estaban rompiendo.
Entonces la administración empezó, literalmente, a tapar huecos
con dineros que hubieran sido de gran utilidad para el remiendo de
otros deterioros de la malla vial.
El
costo ha sido descomunal. Sólo en la autopista Norte se han invertido
cerca de 8 mil millones de pesos en la recuperación de 1.300 losas y, a
este paso, serán necesarios 85 mil millones de pesos para enmendar
todos los daños que se presenten hasta 2021, cuando, supuestamente,
debía empezar el deterioro de la obra.
Múltiples polémicas se han desatado desde que se empezó a romper la malla vial por donde pasa TransMilenio.
Pero una
respuesta convincente reposa en serios estudios donde se demuestra que
todo se debe a que debajo de las losas se usó algo denominado ‘relleno
fluido’. Éste es una mezcla de cemento, arena y agua que se dejó
erosionar fácilmente. El terreno se puso blando, las losas de concreto
no soportaron el peso de los buses y se partieron, según los análisis.
Un
informe de la Universidad Nacional explica que el ‘relleno fluido’ se
colocó sin contar con el soporte técnico que garantizara a la
administración sopesar los riesgos de falla de dicho material. Todo se
hizo de manera improvisada. Las condiciones del contrato fueron
modificadas para permitir el uso de la nefasta mezcla.
El
Distrito alega que ese material fue muy bien recomendado por la firma
cementera Cemex, que vendió no sólo la idea de usarlo, sino los
elementos con que se hicieron.
Por su parte, Cemex se empeña
en alegar que “en el caso de las losas de TransMilenio actuó única y
exclusivamente como un proveedor de materias primas, las cuales fueron
entregadas a la firma constructora y recibidas a plena satisfacción por
ésta, cumpliendo con todas las especificaciones técnicas exigidas”.
Y
reitera que “Cemex no participó ni tuvo responsabilidad alguna en la
definición de los diseños de esta importante vía, ni en la definición
de los materiales a utilizar y sus correspondientes especificaciones
técnicas. Cemex no actuó como asesor del IDU en la ejecución de esta
obra. Esta función estuvo a cargo de los propios funcionarios del IDU,
de la firma constructora y del interventor de la obra”.
Sin
embargo, debe haber una garantía mientras se define quién es el
culpable del detrimento que está sufriendo la ciudad en la reparación
de las losas que deberían durar 20 años. Por eso, la juez 33 del
Circuito Penal de Bogotá decidió embargar la unidad comercial de
Cemex-Colombia localizada al sur de Bogotá, en el área de Tunjuelo, una
de las sedes que más dinero representa para la multinacional.
El
alcalde, Samuel Moreno, está feliz con tal determinación. “Es una
decisión judicial muy importante para el Distrito porque representa la
garantía de que no se van a perder la inversión y los costos que han
sido necesarios para reparar las losas de las troncales avenida Caracas
y autopista Norte”, dijo.
La empresa manifestó su rechazo,
argumentando que “esta medida se tomó, no obstante, la existencia de
una póliza de seguros vigente que cubre específicamente este tipo de
riesgos y la cual fue aportada durante el proceso”. Pero la
administración alega que dicha póliza no ha querido cubrir tales daños
y por eso, la reparación ha salido de los bolsillos de todos los
habitantes de Bogotá.
El proceso jurídico sigue. Y va para
largo. Lo importante de la decisión de la juez es que, con el embargo,
se tiene la certeza de que hay con qué devolverle a Bogotá el dinero
invertido durante todo este tiempo. Esto, si la justicia llega a
considerar que, en efecto, Cemex es la culpable por haber vendido un
producto deficiente para el proyecto. Es decir, eso significa que “el
Distrito no va a perder esos recursos y que tiene los instrumentos
jurídicos y los fallos judiciales para que se proteja el patrimonio de
la ciudad”, tal y como lo celebró Moreno.