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Soldados estadounidenses conduciendo máquinas excavadoras, con música de jazz resonando por los altavoces, han desarraigado antiguas plantaciones de palmeras datileras y también de naranjos y limoneros en el Irak central como parte de una nueva táctica de castigo colectivo hacia los labradores que no facilitan información sobre los guerrilleros que atacan a las tropas estadounidenses.
Los tocones de las palmeras, de unos 70 años, sobresalen de la tierra marrón barrida por los bulldozers al lado de la carretera, en Dhuluaya, un pueblo pequeño a 50 millas al norte de Bagdad. Mujeres de la zona ayer hacían afanosamente hatillos con las ramas de los naranjos y limoneros arrancados y luego los llevaban a la parte trasera de sus casas para leña.
Nusayef Jassim, uno de los 32 labradores que vieron como destruían sus árboles frutales, declaró: "Nos dijeron que los milicianos de la resistencia se escondían en nuestras granjas, pero esto no es verdad. No capturaron nada. No encontraron armas."
Otros campesinos dijeron que las tropas estadounidenses les habían dicho, por altavoz en árabe, que estaban arrasando con excavadoras las plantaciones de frutales para castigar a los campesinos por no informar sobre la resistencia que está muy activa en este distrito Musulmán Sunni.
"Montaron una especie de guasa contra nosotros poniendo música de jazz mientras derribaban los árboles," dijo un hombre. Ha habido emboscadas a las tropas estadounidenses en los alrededores de Dhuluaya. Pero el Jeque Hussein Ali Saleh al- Jabouri, miembro de una delegación que fue a la base cercana estadounidense a pedir indemnización por la pérdida de los árboles frutales, dijo que oficiales americanos describieron lo que había pasado como "un castigo a los habitantes del lugar porque 'sabéis quien está en la resistencia y no nos lo contáis'." Lo que los israelíes habían hecho como castigo colectivo contra los Palestinos estaba pasando ahora en Irak, añadió el Jeque Hussein.
La destrucción de árboles frutales ocurrió en la segunda mitad del mes pasado, pero como mucho de lo que pasa en el Irak rural, el relato de lo ocurrido ha salido a la luz lentamente. La destrucción de cosechas tuvo lugar a lo largo de una extensión de un kilómetro de carretera justo al pasar ésta por encima de un puente.
Los campesinos dicen que 50 familias perdieron su sustento, pero una petición dirigida a las fuerzas de coalición en Dhuluaya solicitando indemnización, en un inglés errático, relaciona sólo a 32 personas. La petición dice: "Decenas de familias pobres dependen por completo de estos huertos para ganarse la vida y ahora se han quedado muy pobres y no tienen nada y les espera el hambre y la muerte."
Los niños de una mujer que poseía algunos árboles frutales se tiraron delante de un bulldozer, pero los arrastraron lejos, según testigos oculares que no quisieron dar sus nombres. Dijeron que un soldado americano rompió a llorar durante la operación. Cuando un reportero del periódico Iraq Today intentó sacar una foto de los bulldozers funcionando, un soldado agarró su cámara y trató de romperla. El mismo periódico cita al teniente coronel Springman, comandante estadounidense de la zona, que declaró: "Pedimos a los campesinos varias veces que pararan los ataques, o nos dijeran quienes eran los responsables, pero los campesinos no nos lo dijeron."
Informar a las tropas estadounidenses sobre la identidad de sus atacantes sería sumamente peligroso en pueblos iraquíes, donde la mayoría de la gente está emparentada y todos se conocen unos a otros. Los campesinos que perdieron sus árboles frutales pertenecen todos a la tribu Khazraji y es improbable que den información sobre miembros de su tribu, en caso de que sean ellos, realmente, los que están atacando a las tropas estadounidenses.
Al preguntarle cuanto valía el huerto perdido, Nusayef Jassim dijo con voz aturrullada: "Es como si alguien me cortara las manos y usted me preguntara cuánto valían mis manos."
N.T.: La destrucción deliberada e injustificada de casas y propiedad civil constituye una violación grave de las normas internacionales sobre Derechos Humanos y del Derecho Internacional Humanitario, especialmente de los artículos 33 y 53 de la Cuarta Convención de Ginebra, y constituye un crimen de guerra. [Repetidamente denunciado por altos funcionarios de la ONU, Amnesty y otras organizaciones, al referirse a similar actuación israelí en los territorios ocupados]
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