Esta primera edición es la continuación del trabajo que venimos haciendo, con nuestras modestas fuerzas, los compañeros de la Juventud de Izquierda Revolucionaria, para mantener una publicación revolucionaria en nuestro país. Anteriormente publicamos el «Boletín JIR», del cual salieron tres números, y ahora, luego de un receso, comenzamos con este pequeño periódico, que esperamos sacar mensualmente. Entre otras cosas, esperamos que en la publicación del mismo podamos confluir con compañeros marxistas revolucionarios, que no militan con nosotros como JIR, por razones de tiempo o generacionales, pero con quienes coincidimos en la apreciación de las tareas que tenemos por delante los socialistas, en medio de la dinámica nacional, marcada por la hegemonía aún de las ideas reformistas.
La línea de éste periódico esta enmarcada en la idea clara de que la división social de nuestro país, no es tan simple como chavistas o escuálidos. La división real es entre explotados y explotadores, entre la minoría de empresarios, terratenientes y banqueros y los trabajadores, campesinos, buhoneros y pueblo pobre en general, en fin, entre la burguesía venezolana aliada al imperialismo y el proletariado venezolano. Ésa es la verdadera división de Venezuela, una división entre clases sociales. Así, el actual gobierno no garantiza la consecuente lucha por la emancipación del pueblo pobre contra la explotación capitalista, de hecho ni siquiera se la plantea. Porque la idea del gobierno es tener un «capitalismo humano», es decir, no acabar con la explotación, sino tener una «burguesía nacionalista, bolivariana», que «explote menos» a los trabajadores. Por eso, vemos que aún cuando la mayoría del pueblo ha salido a derrotar a la burguesía opositora varias veces, el gobierno siempre busca conciliar, por eso vemos que hay representantes de la burguesía nacional en el gobierno, como el ministro Francisco Natera, ex presidente de FEDECÁMARAS.
Por eso, aún cuando estamos junto al pueblo en primera fila contra la oposición de derecha, y defendemos al gobierno frente a la posibilidad de que vuelvan al poder político los adecos y copeyanos (viejos o con nuevos nombres), simultáneamente impulsamos la organización independiente de los trabajadores y el pueblo, hasta lograr que tengamos un gobierno de los trabajadores y el pueblo pobre, donde seamos las mayorías explotadas las que gobernemos.
Política electoral o medidas revolucionarias ante la crisis económica
Actualmente los trabajadores y sectores pobres del país atravesamos una difícil situación, marcada por el incremento de los despidos, las desmejoras salariales y el cierre de empresas. Esto es la consecuencia de la agudización de la crisis económica, provocada por el paro patronal de diciembre-enero. Pero también porque luego de derrotado el paro, no hubo desde el gobierno una política revolucionaria que terminara de aplastar a la burguesía opositora: hoy, sus bienes deberían estar socializados, con las empresas, bancos, medios, y tierras en manos de los trabajadores y campesinos, para dejarlos sin base económica y para organizar la economía en función de nuestras necesidades. Pero lo que se hizo fue firmar un acuerdo con la oposición.
Hoy la oposición mueve cielo y tierra para lograr el referéndum revocatorio, pero también lanza un fuerte ataque contra los trabajadores y el pueblo pobre. Lo que sale a la luz pública es la contienda sobre el tema electoral, pero solapadamente, por debajo, hay algo fundamental como es el ataque a los derechos y condiciones de vida del pueblo. Mientras tanto, el gobierno sólo centra sus esfuerzos en retrasar el revocatorio y lanzar candidatos a las elecciones del próximo año, y no hay ninguna política para enfrentar la grave situación de los trabajadores. Está bien oponerse a la trampa de quienes deberían estar más bien presos e inhabilitados para hacer política legal, pero están así precisamente porque el gobierno no asume golpearlos donde se debe: en el poder económico, que es de donde atacan al pueblo pobre.
Este número tiene como centro, precisamente el tema de las fábricas tomadas, como respuesta de la clase trabajadora a esa situación.