Mientras el gobierno Federal de EEUU ordenaba la evacuación de más de
medio millón de personas, unos 8.000 bomberos y decenas de aviones intentaban
controlar este miércoles la furia de los incendios en el sur de California, que
han devorado más de 166.000 hectáreas en cuatro días y han provocado el mayor
éxodo de estadounidenses tras la de los huracanes Katrina y Rita, en 2005.
Según la BBC, las llamas, avivadas
por vientos del desierto, ya provocaron la destrucción de cientos de casas
desde el norte de Santa Bárbara hasta la frontera con México y arrasaron cerca
de 100.000 hectáreas de bosques.
Atizados por vientos de entre 80 y
110 kilómetros por hora, los incendios han convertido en cenizas más de
110.000 hectáreas, destruido unas 1.400 residencias y causado la muerte de
al menos cinco personas.
Unos 8.000 bomberos trabajan en las
tareas de extinción 9 pero hay 16 focos incontrolados y varios refugios donde se
han alojado unos 10.000 afectados
Según la agencia EFE, las llamas que durante tres días han arrasado el sur de
California continuaron su avance y se internaron en territorio mexicano tras
destruir miles de viviendas y forzar la evacuación de más de medio millón de
personas.
La situación de emergencia ha hecho
recordar los incendios que afectaron el sur de California hace cuatro años,
provocando la muerte de 22 personas y destruyendo más de 3.600 hogares.
El gobernador del estado, Arnold
Schwarzenegger, ha precisado que 68.000 casas están además amenazadas y
que los muertos son ya cinco, tres de ellos ancianos evacuados del área de San
Diego.
"Y esto no terminará hasta que (los incendios) lleguen al mar o los vientos
cambien de dirección", dijo a la cadena de televisión CNN Bruce Cartelli, jefe
del Cuerpo de Bomberos de San Diego, una ciudad que ha visto la destrucción de
más de mil residencias.
La magnitud del desastre y las
evacuaciones son comparables a "una emigración en masa", según señaló un
portavoz de los servicios de emergencia del condado de San Diego.
A la gravedad de la situación se
agregó el hecho de que miles de personas que tuvieron que huir de las llamas no
saben qué ha ocurrido con sus viviendas. "La gente está preocupada quiere saber
si sus hogares han sido destruidos", señaló el concejal de San Diego Brian
Maienschein, quien ha comenzado a elaborar una lista de las viviendas
destruidas.
Además del miedo a perder la casa por el fuego, los evacuados temen que los
saqueadores se aprovechen de la situación para robar en sus casas,
especialmente, en las residencias más exclusivas.
Este fenómeno, que suele acompañar
muchas catástrofes, se ha dado en casos puntuales, y las autoridades han
lanzado duras advertencias para quien lo haga.
"Los incendios han convertido en
víctimas a los residentes de nuestro condado una vez. No permitiremos que sean
víctimas de criminales sin conciencia una segunda vez", dijo la fiscal general
Bonnie Dumanis, en una declaración.
Sin proporcionar detalles, agregó que
la oficina del alguacil de San Diego informó de varios incidentes de saqueo y
del arresto de dos sospechosos en la localidad de Ramona.
Tras declarar el estado de emergencia para la región, el presidente
George W. Bush anunció que el jueves viajará al lugar para conocer personalmente
la magnitud del desastre. La declaración del estado de emergencia permite al
Gobierno enviar asistencia federal a la zona afectada, que en la actualidad
comienza a sufrir escasez de recursos.
Bush anunció que dicho envío se hará efectivo urgentemente, para luchar contra
el fuego, que se originó el pasado domingo en Malibú, el área de Los
Ángeles donde viven muchas de las celebridades de Hollywood.
El secretario de Seguridad Nacional, Michael Chertoff, y el director de la
Agencia Federal de Gestión de Emergencias (Fema), David Paulison, llegaron al
sur de California con un cargamento de suministros, entre ellos 25.000 catres y
mantas.
Según la agencia AFP, el cuerpo de
bomberos contará con la ayuda de 2.600 prisioneros entrenados para luchar
contra los incendios, además de equipos de los estados vecinos de Arizona y
Nevada.
Estos efectivos intentarán contener
los fuegos, que se propagan en los condados de Los Ángeles, Orange, Riverside,
San Bernardino, San Diego, Santa Bárbara y Ventura.
Gran parte los efectivos empezaron a llegar a la zona después de que el
gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, pidiera a Bush la declaración
del Estado como zona de emergencia.
Dicha declaración conllevó el
anuncio del desembolso de ayuda federal para dominar el desastre natural más
importante que vive Estados Unidos después de las inundaciones de Nueva Orleans
por el huracán Katrina hace dos años.
Esta vez la región de San Diego es la más afectada por el nuevo desastre
natural, y -según AFP- localidades como Rancho Bernardo, Fallbrook y
Ramona han quedado reducidas a cenizas. Ante la situación, el gran estadio de la
ciudad, el Qualcomm, se convirtió en un refugio de fortuna donde desde el lunes
se cobijan unas 20.000 personas, según cálculos de la organización.
Allí ancianos y jóvenes, ricos y
pobres, están pasando sus noches, algunos todavía sin saber la suerte que han
corrido sus casas.
"Aproximadamente 513.000 personas
en el condado de San Diego han recibido órdenes obligatorias de evacuación y
adicionalmente se ha recomendado a otras 12.000 personas abandonar sus casas"
amenazadas por las llamas, indicó la oficina de este condado fronterizo con
México.
Mientras los incendios seguían
arrasando a la caída de la noche, el gobernador de California, Arnold
Schwarzenegger, pidió al presidente George W. Bush que elevara la situación de
California a "gran desastre".
"Se han juntado tres cosas: áreas muy
secas, un clima muy cálido y mucho viento. Esto forma una mezcla perfecta para
el incendio", dijo Schwarzenegger (el mítico "Terminator") para explicar el
desastre.