Todos podemos hacer algo para mejorar nuestro país

Los acontecimientos políticos y sociales, la no aplicación de las leyes y la impunidad, han llevado a nuestro país a una situación que se hace cada día más insoportable para muchos y que amenaza con hacer explosión con consecuencias impredecibles pero imaginables. Quiero comentar sobre algunos comportamientos y actitudes que contribuyen a esa situación de intranquilidad, inseguridad y frustración y hacer llegar a tantos venezolanos como sea posible unas cuantas sugerencias para que con un pequeño esfuerzo de cada uno podamos transformar a nuestro país en uno mucho mejor, más seguro y agradable. Creo que si todos hiciéramos lo que tenemos que hacer, lo que es nuestra obligación, siempre con absoluto respeto y honestidad, tendríamos un país perfecto.

Pienso que existen solo dos formas alternativas para salir de dicha situación: una buena y una mala. Para salir del problema por la vía buena no podemos sentarnos a esperar que otros lo hagan, sino que todos aquellos que queremos cambiar esa situación debemos hacer nuestra parte. Muchos estamos sufriendo de una angustia constante y de una gran depresión, no solo personas mayores sino también los jóvenes. De allí que muchos jóvenes quieran abandonar el país. Los mayores sentimos que hemos perdido el país que una vez tuvimos y disfrutamos, aquel donde podíamos salir a cualquier hora, caminar, pasear, sin el temor de perderlo todo, hasta la vida. En aquel país, ante cualquier percance, de inmediato alguien aparecía para ayudarnos. Hoy, rápidamente aparece alguien a robarnos todo, incluso la vida. ¿Qué pasó con nosotros, porqué perdimos el respeto, por todo y por todos, la amabilidad, la honestidad, el sentido común y hasta el instinto de conservación? Al parecer muchos venezolanos se sienten únicos, únicos en las vías, en las aceras, en el metro, en todas partes; actúan como si los demás no existieran y como si ellos fuesen los únicos con derechos.

Los venezolanos no podemos seguir saliendo a la calle, día a día, como quien va a enfrentar al enemigo, o estar en nuestra casa asediados por ese mismo enemigo. Podemos estar en casa y ser víctimas del abuso, el irrespeto y la falta de consideración de vecinos que de una u otra manera afectan nuestra tranquilidad; o salir a la calle y antes de recorrer 2 o 3 cuadras, haber tenido ya algunos disgustos y conatos de problemas, todo porque muchas personas, a veces nosotros mismos, no respetamos las leyes, normas, y a otras personas y propiedades ajenas; y pretendemos que los otros lo acepten sin reclamar. Nuestra mala educación se ha convertido en una actitud que agrede a nuestros semejantes. Muchos venezolanos se han convertido en personas feas por su arrogancia, irrespeto, mala educación y vulgaridad.

Debemos cambiar esas actitudes si queremos que nuestro país mejore; y la forma de cambiar es convirtiéndonos en personas respetuosas y educadas, pero ¿Qué es ser respetuoso y educado? Ser RESPETUOSO Y EDUCADO es no molestar a nuestros semejantes con nuestras acciones, no hacerles daño ni afectar su patrimonio y, en lo posible, hacerles la vida más fácil y agradable. Para ser respetuosos y educados, cada vez que vamos a hacer algo debemos pensar en cómo hacerlo para no molestar a los demás y si lo que vamos a hacer puede hacer daño a alguien, bien sea emocional, mental, física o económicamente, entonces, no hacerlo o hacerlo de manera que no afecte a otros. Este concepto es el fundamento de otros dos que son el soporte de nuestra sociedad: LIBERTAD Y DERECHOS HUMANOS. No podemos actuar sin pensar en las consecuencias de lo que hacemos, eso es lo que nos hace diferentes de los seres irracionales.

Son muchos los grupos de personas responsables de que en la actualidad vivamos en esta lamentable situación. Sin duda habría que comenzar por educar a nuestros hijos desde su nacimiento. Y esa es la responsabilidad de los educadores: MADRES, PADRES, MAESTRAS y MAESTROS.

Son estas personas quienes han tenido y tienen la mayor responsabilidad en la educación de los venezolanos actuales y futuros. Vista la situación actual de la educación de nuestros niños, adolescentes y jóvenes es inevitable concluir que los educadores han venido descuidando su obligación o ejerciéndola ineficientemente desde hace unos cuantos años hacia acá.

Un niño debe comenzar a recibir buena educación desde su nacimiento. Si no somos cuidadosos, podemos comenzar a hacer daño a su formación desde muy pequeños. No debemos caer en la trampa de sus manipulaciones y debemos ser estrictos en nuestras enseñanzas. Asegurémonos de que nuestros niños entiendan en que consiste el concepto de respeto, ese concepto que nos fue inculcado en nuestra infancia a quienes estamos ya en la tercera edad o cerca de ella y que es totalmente desconocido para nuestros niños, adolescentes y adultos jóvenes. Ya no hay respeto hacia las personas mayores: madres, padres, maestras y maestros, mucho menos hacia sus compañeras y compañeros.

Debemos enseñar a nuestros niños a ser responsables en su trabajo como estudiantes y a ser honestos en el cumplimiento de sus obligaciones. Deben aprender también que el comportamiento puede y debe ser diferente dependiendo del sitio en que se encuentren. Hay una forma de comportarnos en el aula de clases, otra en la calle o en una fiesta, siempre con el respeto como una constante. Y hay además, una forma de vestir para cada sitio y ocasión: no se puede asistir a clases vestido con bermudas, franelilla y cholas de playa, eso es un irrespeto a nuestra institución educativa. También deben comenzar a entender que cada persona es y debe ser diferente de las otras, esto es, tener su propia personalidad. Debemos evitar que nuestros hijos se conviertan en especie de clones de los supuestos “artistas” de moda. La tendencia a ser todos iguales, en su forma de vestir, gustos y lenguaje, todo ello desagradable y vulgar, copiados de esos modelos ajenos a nuestras costumbres, los anula como personas y los convierte en piezas del montón, mientras que el tener su propia personalidad, estilo y gustos, los hace diferentes y les permite destacarse.

Además de lo ya dicho, los niños y jóvenes deben aprender a respetar las instituciones y sus patrimonios y las propiedades comunes y ajenas. Las unidades educativas, escuelas, liceos y universidades deben ser sagradas para nuestros niños, adolescentes y jóvenes y así deben entenderlo y aceptarlo. No es aceptable que la mayoría de nuestras instituciones educativas públicas deban ser reconstruidas al terminar cada año académico, todo porque no educamos a nuestros hijos. ¿Cómo es posible que un liceo, recién rehabilitado, pintado, dotado de grandes monitores en cada salón, etc., a los días tenga los baños destrozados, todas las paredes e incluso hasta las pantallas de los monitores, pintadas de grafitis? ¿Qué piensan los muchachos que hacen esos destrozos? ¿Qué educación han recibido? Y ¿Qué hacen los profesores y autoridades de esa institución? El grafitismo cuando se hace dañando la propiedad ajena y bienes comunes (edificios, plazas, monumentos, etc.) es un delito. ¿Les estamos enseñando que se puede delinquir impunemente? Puede ser que ese sea el origen de la impunidad general que estamos observando.

Los grupos de adolescentes que salen de los colegios y liceos, luego de sus clases, se han convertido en una amenaza para quienes viven cerca de esas unidades “educativas”. Una mezcla de infantilismo con un supuesto derecho a hacer lo que les provoque (interpretación errónea de la LOPNA) los hace comportarse en una forma irresponsable, irrespetuosa y agresiva.

De allí que los estudiantes que están llegando a nuestras universidades lo hacen con una inmadurez que no les permite asumir la que debe ser su responsabilidad fundamental en la universidad: estudiar y formarse como ciudadanos útiles y solidarios.

La formación y el comportamiento de los estudiantes universitarios (en particular de la UCV) es, por decir lo menos, lastimosa. No aprendieron, como decíamos antes, que hay una forma de comportarse dependiendo del sitio en que nos encontremos. Es frecuente encontrar grupos de estudiantes acostados, a veces con sus parejas, en lo pasillos o escaleras de las escuelas de la universidad. También jugando cartas o dominó e ingiriendo bebidas alcohólicas. Pero además si alguien tiene que pasar, y les pide permiso, se mueven de mala gana. Parece que piensan que la universidad es una especie de club o centro de diversiones donde se va a disfrutar de todo tipo de juegos y vicios. Y lo peor, la mayoría de ellos, no estudia. Hacer esto, es ser deshonesto e irresponsable. Constituye además una pérdida de tiempo para ellos y para los profesores y una gran pérdida de dinero para la universidad.

La tendencia de muchos de nuestros profesores(as) a atribuir y culpar a los niveles inferiores, de la mala educación con la que llegan sus estudiantes, y asumir que no es su obligación corregir esa situación, es una actitud que debe cambiar. Muchos profesores, en particular universitarios no ejercen su papel de educadores, olvidando que siempre será un buen momento para hacer algo para educar a nuestros niños, jóvenes y adultos.

En este momento, es necesario que nosotros los adultos (desde los dieciséis años en adelante) nos demos cuenta de lo que hacemos mal y comencemos a corregirnos.

Una de las expresiones más comunes de nuestra mala educación es la tendencia a molestar a los demás con todo tipo de ruidos. Algo tan agradable como la música puede llegar a convertirse prácticamente en una agresión si se oye a volúmenes exageradamente altos y en momentos o lugares no apropiados. No tenemos por que molestar a nuestros vecinos o a aquellos que circunstancialmente están cerca, obligándolos a oír la música que colocamos en nuestra casa o en nuestro vehículo. Puede que no les guste nuestra música, que se sientan mal o simplemente que necesiten dormir para madrugar al día siguiente. No podemos violar su derecho a la tranquilidad y al silencio. Una molestia causada por música a alto volumen puede originar, incluso, reacciones violentas. (Titular de UN, 4/4/10: “Disparó con una escopeta a los invitados para que bajaran volumen de la música” VECINO ACABÓ FIESTA A TIROS Y MATÓ A JOVEN EN EL HATILLO) El objetivo de la música es proporcionar placer, ¿porqué entonces convertirla en una molestia si puede cumplir su propósito y aún mejor, a bajo volumen? Lo mismo ocurre con el alto volumen de la música en centros comerciales, dentro de las tiendas y en las unidades de transporte público. Hasta en escuelas enseñan a los niños que una fiesta no es buena si no es escandalosa. Tratemos de cambiar esta costumbre, simplemente bajando el volumen de nuestros reproductores de sonido y comprobaremos que podemos disfrutar de la música sin molestar a otras personas. Así permitiremos que los demás sean felices y nosotros también seguiremos siéndolo y además seremos más apreciados y respetados. Esto no implica que las autoridades a quienes compete el hacer respetar las leyes y las normas de convivencia no hagan su trabajo. Su intervención, lamentablemente, siempre será necesaria.

Parte de los ruidos molestos son también los producidos por nuestros vehículos, usualmente porque les colocamos accesorios con ese propósito. Es común ahora ver hombres ya casi en la tercera edad y otros no tan viejos, montados en sus poderosas motos, compitiendo por ver cual de ellas es la más ruidosa. ¿Qué logramos o qué buscamos obtener al hacer que nuestro vehículo produzca un ruido que se oiga a cuadras de distancia? Eso no lo hace a ud. más hombre, más importante o más atractivo. Al parecer la tendencia a producir todo tipo de ruidos está relacionada con trastornos de la personalidad y por supuesto con la mala educación. Quien se empeña en comportarse de esta manera, lo único que logra es destacarse como un mal educado y ser despreciado y odiado por muchos. No producir esos ruidos nos daría a todos, comunidades, ciudades y un país donde podamos disfrutar de tranquilidad y sosiego. La intervención de las autoridades en esto, también es necesaria. Un país civilizado debería prohibir la fabricación y/o importación de accesorios que solo sirven para producir ruidos innecesarios y molestos.

Otro de nuestros comportamientos que afecta, a veces gravemente, a nuestros conciudadanos es nuestra actitud como conductores de cualquier tipo de vehículo. El desconocimiento de la Ley de Tránsito y sus reglamentos, hace que su violación sea prácticamente total, aunque una cosa no justifica la otra. Violamos las leyes y las normas y nos volvemos agresivos si alguien nos reclama esa actitud. En primer lugar, las autoridades encargadas deben hacer conocer por todos los medios posibles esas normas y reglamentos para una vez que todos las conozcan, sepan como deben comportarse para respetarlas. Sin embargo, todos sabemos que la luz roja del semáforo significa que no debemos avanzar, o que un rayado tipo cebra es un cruce de peatones y deberíamos disminuir la velocidad al acercarnos a el; o que el hombrillo es para estacionar y no el canal rápido de las autopistas, o que una doble raya es una prohibición de pasar al otro lado de la vía. Sin embargo violamos todas esas reglas y muchas otras. Otro abuso es el estacionar nuestro vehículo en cualquier parte sin importar a quien o a quienes molestamos. Y así muchas otras cosas. Todo por esa viveza que nos caracteriza, que se ha convertido en algo desagradable, repugnante y peligroso. Nuestra tendencia a no ceder el paso a nadie, sea peatón u otro vehículo, es un acto de pésima educación, además de que en muchos casos es también una actitud irracional que no nos beneficia en nada ni mejora la fluidez del tránsito, solo satisfacemos nuestro ego, nuestra tendencia a pensar que somos más importantes que los demás. Es muy agradable recibir el agradecimiento y una sonrisa de aquellos a quienes cedemos el paso, no solo en el tránsito vehicular, sino al entrar o salir de un ascensor, un vehículo o en cualquier otra circunstancia. Hágalo y lo disfrutará.

Pero los actos más graves y peligrosos ejecutados por conductores de vehículos se observan en carreteras y autopistas. Cuando nos desplazamos a velocidades no permitidas por las características de la vía o del vehículo que conducimos, o a altas velocidades, a dos o tres metros del vehículo que nos precede, o adelantamos en curvas, estamos poniendo en peligro nuestras vidas, la de nuestra familia y la de otras personas. Si conducimos vehículos pesados o de transporte público, la situación es peor. Hay que decirlo, quienes conducen de esa manera, no son otra cosa que potenciales asesinos. Efectivamente, ya han sido imputados y condenados por esto, algunos conductores de autobuses. ¿Y todo por ahorrarnos una hora, media hora, 5 minutos o, a veces, menos? Estoy seguro que las personas que no quieren perder 5 minutos en el tráfico, pierden horas hablando tonterías, viendo televisión o en cualquier otra cosa inútil. Si lo pensamos mejor, lo que ganamos con nuestra imprudencia y abusos no justifica el poner en peligro nuestras vidas y las de otras personas. Conduzcamos con prudencia e inteligencia y disfrutaremos más de nuestros viajes y permitiremos que los otros puedan también viajar con seguridad y tranquilidad.

Una de las muestras más grandes de irrespeto, falta de consideración y violación de los derechos de los demás, son las ahora muy frecuentes protestas que obstruyen las vías de comunicación. Quienes hacen esas protestas no piensan en la cantidad de problemas que les crean a personas que no tienen la culpa y nada que ver con la supuesta causa de la protesta. Además, siempre hay otras formas de reclamar sin afectar a los demás.

Un hecho que no puedo dejar de mencionar aquí, como algo que ha dejado de ser un simple gusto y un supuesto derecho de quienes lo practican, es el vicio de fumar. Son tantas y tan exhaustivamente comprobadas las fatales consecuencias de dicho vicio que no se pueden seguir ignorando, sobre todo porque afectan por igual a quienes sin ser fumadores tienen que respirar aire envenenado por el humo de los cigarrillos de los fumadores. Lo que hacen los fumadores con el resto de la población equivale a suministrarles constantemente trazas de ciertos venenos. (Si quiere más información, introduzca las palabras “Tabaco y Cáncer” en algún buscador de Internet). Por lo tanto quienes fuman atentan contra el derecho a la salud y a la vida de quienes no lo hacen. Por razones de elemental respeto a los derechos de los demás, quien fume, debe hacerlo muy lejos de otras personas y nunca en edificaciones donde conviven o trabajan con ellas.

Consumir bebidas alcohólicas en las calles, junto con el escándalo que siempre las acompaña y arrojar nuestros desperdicios en cualquier parte de nuestras ciudades, carreteras, parques y playas son otras de las costumbres de muchos venezolanos que hacen de nuestro país un sitio desagradable. ¿Por qué si decimos querer tanto a nuestro país no dudamos en ensuciarlo, deteriorarlo y destruir todo lo bueno que hemos construido y todo lo maravilloso que la naturaleza nos ha regalado? ¿Por qué aún teniendo contenedores para desechar de la basura las personas de muchas zonas de nuestras ciudades se empeñan en lanzarla en cualquier parte? Se ha hecho bastante campaña al respecto y son costumbres que podríamos cambiar fácilmente, pero aún así, mucha gente se niega a hacerlo voluntariamente. Sin embargo, aquellos que pueden viajar a otros países, no se comportan en ellos de la misma manera que en su propio país. La diferencia es que en esos países se castiga a quien se comporta mal. Lamentablemente, parece ser necesario convencer a nuestros conciudadanos mediante el castigo adecuado.

¿Qué pasó con la educación, el respeto, la amabilidad y la caballerosidad del hombre venezolano? El trato del venezolano de hoy hacia las mujeres de cualquier edad es sencillamente irrespetuoso, abusivo y agresivo, y da mucho que pensar acerca de la hombría del venezolano de hoy. Ésta, aparentemente se traduce en estar pronto a insultar a quien sea por cualquier cosa, a agredir o a sacar un arma y dispararle a quien nos reclame algo.

Las actitudes y comportamientos que he citado hasta ahora contribuyen mucho a hacer de nuestro país el sitio desagradable, inseguro y violento, pero hay muchas cosas más que colaboran a esa triste situación.

Los condominios, de edificios o urbanizaciones, son versiones en pequeño de lo que ocurre en el país. Vecinos que participan en las juntas solo con el propósito de manejar el dinero para su propio beneficio, otros que se niegan a pagar el condominio con cualquier argumento inaceptable o los que no quieren colaborar con el arreglo de los ascensores porque viven en el primer piso y no los necesitan, los que deterioran los bienes comunes , etc. Si no comenzamos por cuidar nuestro edificio, urbanización o comunidad y a respetar a nuestros vecinos, no aprenderemos a cuidar de nuestro país.

La actitud de un porcentaje muy alto de venezolanos ante su trabajo afecta de múltiples maneras al total de los ciudadanos. Si Ud. obtiene un empleo, sea por sus credenciales, por concurso o por elección, debe hacer su trabajo lo mejor que pueda, con dedicación, con mística y con honestidad. Si no es capaz de hacerlo o si no le gusta, renuncie a él. Al menos esta sería una muestra de honestidad.

Son muchos los empleados que descuidan la atención del público por estar conversando con sus compañeros de trabajo. Hacen perder tiempo a las personas y si su trabajo requiere algo de atención, por supuesto lo hacen mal. Por causa de esto, muchas personas se ven obligadas a pagar dos o más veces por un mismo trabajo o a repetir el mismo trámite, perdiendo tiempo y dinero con ello. Y el uso de los teléfonos celulares vino a empeorar aún más esa situación. Los empleados educados y responsables deberían minimizar el uso de sus celulares en sus horas de trabajo y si no lo hacen ellos, las empresas u oficinas públicas deberían exigirlo. El público se los agradecería.

Los otros problemas van desde el incumplimiento de los horarios, la incapacidad, la ineficiencia y, uno de los más graves, la corrupción en cualquiera de sus formas: mal uso de los recursos, apropiación indebida de los mismos, uso de su influencia o autoridad para obtener beneficios adicionales, etc.. Desde los funcionarios de más bajo rango hasta aquellos con mayor peso, importancia e influencia, son muchos los que sucumben a la tentación de robar, usar otra palabra para referirse a ese delito es tratar de minimizar su gravedad, cosa que no debemos hacer. También están los especuladores de oficio, los que venden servicios o productos de cualquier tipo. Las consecuencias de este tipo de robos son muy graves sobre todo cuando se trata de los servicios de salud y de los alimentos. Quienes especulan con los alimentos se enriquecen con el hambre de los que menos tienen y quienes lo hacen con los servicios de salud, son cómplices de las desgracias y hasta de la muerte de muchas personas. La cadena acaparamiento-especulación termina permitiendo la expresión de otro de nuestros graves defectos: nuestra falta de solidaridad. Cuando aparece un alimento luego de varios días escondido por los acaparadores, sin importar cual sea el nuevo precio, las personas invaden los mercados para llevarse grandes cantidades de él, no importa si lo necesitan o no, o si al hacer eso, se lo están quitando a otros que si lo necesitan. Si ud. especula o roba para obtener un exagerado margen de ganancia, digamos con la venta de alimentos, aquel a quien le compra su ropa o calzado lo robará a ud. para poder pagar sus alimentos. Lo mismo le ocurre a todo aquel que especula con el precio de sus servicios o mercancías. En Venezuela, esta es quizás la principal causa de la inflación, especie de impuesto que afecta fundamentalmente a los que menos tienen o los que dependen de un sueldo que no aumenta como todo lo demás.

Aunque lo ideal sería que todos los que así se comportan recapacitaran y comenzaran a mejorar su comportamiento en forma voluntaria, quizás esperar que esto ocurra sea un poco iluso y por ello es necesario que los funcionarios públicos encargados de controlar la especulación, el orden público, la seguridad ciudadana y la justicia, ejerzan sus funciones en forma eficiente y honesta. Pero, de nuevo, nos encontramos con una gran mayoría de funcionarios sin educación, que actúan de forma irresponsable, abusiva y violatoria de la ley. Los que dejan que la balanza de la Justicia se incline hacia el platillo más lleno de dinero, los funcionarios que deben controlar el tránsito que observan indiferentes como los conductores violan todas las normas y solo actúan cuando ven la posibilidad de “negociar” su autoridad, policías que permiten los abusos y delitos a cambio de alguna recompensa y otros que se aprovechan de su autoridad y su arma para delinquir. El castigo a quienes delinquen aprovechándose de su condición de funcionarios de cualquier tipo, sobre todo aquellos que deberían combatir el delito, debe ser ejemplarizante.

Están también, lamentablemente, quienes no se conforman con robar a sus víctimas sino que también les hacen daño: desde secuestrarlos, golpearlos, hasta quitarles la vida. Tratar de que este tipo de individuos desistan de acciones como estas no parece tarea fácil. Seres como estos parecen haber perdido su condición humana por lo que quizás solo sea posible cambiarlos mediante el castigo acorde con sus delitos.

Todas estas personas están movidas por el deseo de obtener cada vez más y más dinero. Si bien es cierto que el dinero mejora hasta cierto punto nuestra calidad de vida, lo que puede obtenerse con él tiene ciertos límites: no se puede vivir más de 24 horas al día, no se puede manejar más de un automóvil a la vez, no se puede comer ni beber más de lo que nuestro cuerpo acepta, no se puede despertar más amor, solo se puede comprar la compañía de los que quieren aprovecharse de la riqueza mal habida. ¿De que sirve tener una casa en 5 ó 6 ciudades del mundo? Pasará a lo mejor una semana al año en cada una? Lo dudo. Seguramente, alguien que se ha ganado su dinero y no tiene tanto, puede visitar las mismas ciudades con mucho menos gasto. ¿De que sirve tener grandes cantidades de dinero si no podrá gastarlo todo? Al final se acabará tu tiempo como a todos. Si tienes suerte morirás en libertad, si no, lo harás en el peor sitio del mundo, la cárcel.

Para hacer que haya más personas que se comporten con respeto, responsabilidad y honradez, es necesario que se mejore la educación desde la niñez hasta la adultez, pasando por todas las etapas intermedias. Esto con la esperanza de el país pueda tener un futuro, cercano o lejano, mejor. Pero en este momento, la vía para mejorar las cosas tiene que ser otra. Tiene que haber también una campaña educativa permanente, usando todos los medios posibles, desde volantes, espacios en la prensa escrita, micros en radio y televisión, al menos cada cuarto de hora, y charlas en espacios públicos. Y, finalmente, tiene que mejorarse el sistema de justicia. Sin castigo no hay civilización. Hay que aplicar las leyes, todos los días, las veinticuatro horas, no solamente cuando hay un “operativo”. Tenemos que dejar de ser un país “operativista”, o sea, uno en el cual se aplican las leyes, se cuida la seguridad ciudadana, se asfaltan las vías o pueden obtenerse documentos, solo cuando se activa un operativo. Todo porque el resto del tiempo, estamos sumamente ocupados haciendo cualquier cosa menos nuestro trabajo.

También habría que inducir a todos a pensar en cuales son los “beneficios” reales de esa tendencia a apoderarse de lo que no nos pertenece y cuales van a ser, tarde o temprano, las consecuencias de las mismas. El beneficio es, en general, obtener algo de dinero extra que quizás mejore la calidad de vida, por algún tiempo, en algunos casos, pero que en otros se irá tan pronto como llegó, seguramente en algo innecesario. Las consecuencias, en cambio, pueden significar desde perder su trabajo hasta perder la vida.

Cada vez que salgo a la calle me encuentro con otras cosas, producto de la mala educación y del mal gusto, de las cuales no he hablado aquí. Sin embargo, me parece que quienes lean esto y quieran comenzar a hacer algo por cambiar, tienen bastante en que pensar. No creo necesario citar otras cosas.

Mejorar el país mediante la alternativa buena requiere que todos examinemos nuestro comportamiento, identifiquemos aquello que hacemos mal y tratemos en lo posible de corregirlo. De lo contrario seguiremos en esta lucha constante de todos contra todos, atribuyendo cada vez más a razones políticas todo lo malo que ocurre en el país, no sin cierta razón, sin pensar que si todos nos comportáramos mejor, muchas cosas mejorarían. Son demasiadas las cosas que afectan nuestras vidas y las hacemos nosotros mismos. Vamos acercándonos cada día más a la alternativa mala para poner fin a nuestros problemas: la Guerra Civil. Solo que esta alternativa no va a solucionar nada. Después de algunos años de desastre en el que mueran algunos millones de compatriotas, vendrán treinta o cuarenta años de odios y rencores. Quizás después de eso habremos cambiado, o quizás no.

Si Ud. cree que es posible que el leer esta carta pueda hacer que algunas personas piensen en las cosas que hacen mal y comiencen a hacer algo por cambiar, hágala llegar a tantas personas como le sea posible. Quizás dentro de unos años, los venezolanos puedan vivir en un país agradable, tranquilo y seguro.

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