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La oligarquia tendrá que replegarse
Por: Rodolfo Diverio V. / Rebelión
Fecha de publicación: 16/09/04
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La profunda crisis estructural que el país padecía desde hacía décadas, su dependencia del extranjero y el predominio de una oligarquía en directa connivencia con el imperialismo, habían ido creando, por un lado, hondas tensiones sociales y por otro, un clima de preocupación colectiva sobre el destino mismo de la nacionalidad venezolana.

Cuando el deterioro económico desembocó en un proceso inflacionario paralizante de toda posibilidad de desarrollo, la oligarquía encontró en el gobierno adeco primero y en el copeyano después, un coherente intérprete político de su elitesca respuesta ante la crisis.


Ambos confabulados, pretendieron establecer un orden basado en el despotismo; atropellaron las libertades públicas y sindicales apoderándose de los medios de comunicación; agredieron física, material y cualitativamente a la Universidad, a la enseñanza media y a la primaria; empobrecieron a los trabajadores al congelar realmente los salarios y nominalmente los precios; redujeron la capacidad adquisitiva de los ingresos de funcionarios y empleados, jubilados y pensionados y vastos sectores de capas medias; asfixiaron a modestos y medianos industriales comerciantes y productores rurales; paralizaron las fuerzas productivas y desalentaron el trabajo multiplicando las importaciones de toda índole; desmantelaron resortes vitales de la economía nacional como la industria de las telecomunicaciones, la industria petrolera, los bancos oficiales, la explotación minera y sus industrias, los entes energéticos, los servicios de transporte y una interminable lista de concesiones y privatizaciones, mediante verdaderos remates otorgados al capital extranjero.


Venían enajenando progresivamente al país por la sumisión a las recetas del Fondo Monetario, por el endeudamiento externo, por la contratación de empréstitos lesivos, por la complicidad en la evasión criminal de divisas. Se nos iba de las manos aceleradamente, la soberanía del país.

Todo ello para mantener intactos los privilegios de una minoría apátrida y parasitaria, en alianza con las fuerzas regresivas del poder imperial. La República caminaba indefectiblemnte hacia la ignominiosa condición de ser una colonia estable de los Estados Unidos.


La resistencia popular

El pueblo lúcido firmemente respaldado por una Fuerza Armada nacional que se volcó a la defensa de su propia soberanía multiplicándose en su accionar, su clase trabajadora, su juventud estudiantil, los creadores y difusores de la cultura, los partidos políticos progresistas; todos junto a Chávez, enfrentaron aquella vieja conducta antinacional y antipopular defendiendo la existencia de la nación.


Al hacerlo, declararon al mundo su resistencia al imperio, su voluntad libertaria, su dignidad renaciente ante la creciente comprensión de las causas profundas de aquél desorbitado ejercicio del poder que exigía esa respuesta determinante. Sin dudas, la respuesta de una mayoría contundente de venezolanos que constituye a su vez, las bases de una necesaria unidad popular amplia y organizada.


Una polarización inevitable

La coyuntura histórica conducía a una polarización entre el pueblo y la oligarquía que se hubiera cumplido de cualquier modo, ya que los trabajadores, los estudiantes y todos los sectores progresistas venían resistiendo las imposiciones antinacionales. La aparición de Hugo Chávez trayendo en su seno la decisiva participación militar erradicando el corrupto régimen político tradicional, determinó el despertar de esta mayoría que hoy avanza en su camino revolucionario por sus propias reivindicaciones, hacia la reconstrucción de la patria bolivariana.


También sin dudas, la regresividad y violencia de las políticas gubernamentales, de sus corruptos sin precedentes en el correr del siglo; ofició como un acelerador en el proceso de enfrentamiento, en la conciencia colectiva de cambios urgentes y profundos, en la necesidad de instrumentar un aparato político capaz de aglutinar las fuerzas populares auténticamente nacionales para agotar las vías democráticas a fin de que el pueblo, mediante su lucha y su movilización, realizara las grandes transformaciones por las que el país entero estaba clamando.


La unidad política de las corrientes progresistas que culmina con la formación de un primario Polo Patriótico, cerrando un ciclo en la historia del país y abriendo, simultáneamente otro de esperanza y fe en el futuro, se gestó en la lucha del pueblo contra la filosofía fascistizante de la imposición sistemática de gravámenes, de la explotación y de la entrega paulatina de las riquezas básicas del país.


Y esa unión primaria, por su esencia y por su origen, por tener al pueblo cívico-militar como protagonista, dará lugar al permiso soberano de agrupar fraternalmente a verdes, amarillos, naranjas, azules, rojos y blancos; a demócratas cristianos y marxistas, a hombres y mujeres de ideologías, concepciones religiosas y filosofías diferentes, a trabajadores, estudiantes, docentes, sacerdotes y pastores, pequeños y medianos productores, industriales y comerciantes, intelectuales y artistas; en una palabra, a todos los representantes del trabajo y de la cultura como los legítimos voceros de una misma entraña nacional bolivariana.


Porque será un movimiento profundo que enraizará con las más puras tradiciones del país, que recogerá las construcciones que vienen del fondo de la historia y tendrá, simultáneamente, claros objetivos para alcanzar un porvenir venturoso al entir que su vertiente más honda lo enlazará con la esclarecida, insobornable y combatiente gesta de Simón Bolivar.


Las bases de una unidad creciente

En tan dramáticas circunstancias y ante el convencimiento de que ninguna fuerza política aislada sería capaz de abrir una alternativa cierta de poder al pueblo organizado, es necesario entender que constituye un imperativo de la hora, concertar todos los esfuerzos mediante un acuerdo político, para establecer un programa destinado a superar la crisis estructural, con miras a restituir al país su destino de nación independiente y a reintegrar al pueblo el pleno ejercicio de sus libertades y de sus derechos individuales, políticos y sindicales.


Un programa de contenido democrático y antiimperialista que establezca el control y la dirección planificada y nacionalizada de los puntos claves del sistema económico para sacar al país de su estancamiento endógeno productivo, redistribuir de modo equitativo el ingreso, aniquilar el predominio de los intermediarios de la oligarquía, de los banqueros y latifundistas y realizar una política de efectiva libertad y bienestar, basada en el esfuerzo aportante de todos los habitantes de la República.


En este sentido, expresamos nuestro hondo convencimiento de que la construcción de una sociedad justa, con sentido nacional y progresista, liberada de la tutela imperial, es imposible dentro de los esquemas de un régimen dominado por el gran capital, como el que antes soportábamos y que hoy estamos combatiendo.


La ruptura con ese sistema es una condición ineludible de este proceso de cambios. Hay que dstruir sus caducas estructuras para poder hacer efectiva la independencia de la nación. Ello exigirá a su tiempo, la modificación del ordenamiento jurídico-institucional, a efectos de facilitar las imprescindibles transformaciones revolucionarias.


Este esfuerzo nacional bolivariano debe ser concebido como parte de la lucha por la liberación y desarrollo de los pueblos del Tercer Mundo en general, con los que la revolución venezolana debe ser solidaria y en particular, con los que tienen por escenario a nuestra América Latina donde, como hace más de un siglo y medio, la insurgencia de sus pueblos, habrá de desembocar en la conquista de la segunda y definitiva emancipación continental.

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Rodolfo Diverio V. / Rebelión


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