“No te la van a expropiar…”
Para presentar su programa de gobierno, Mujica
organizó el
encuentro “Los empresarios en el proyecto nacional: desarrollo y
reducción de la
pobreza”, eligiendo como escenario el Hotel Conrad, de Punta del Este. A
ese
ámbito, tan propicio para los negocios, llevó a 1.500 empresarios,
políticos y
periodistas de Latinoamérica y el mundo.
En su discurso no se anduvo
con
vueltas. Se diferenció abiertamente del chavismo, llamando a la
burguesía a
explotar obreros uruguayos, sin miedo a que su propiedad y su
rentabilidad sean
puestas en juego por el Estado. También los tentó comentándoles uno de
los
principales logros del Frente Amplio, la profunda desmovilización de las
masas,
invitándolos a vivir en su país, donde “un presidente puede caminar
tranquilo
por la calle”. (1)
Luego, Mujica apeló al manual del liberal
ortodoxo para
“encandilar” a los empresarios, asegurando que lo que define a un
burgués no es
su capital, sino su “espíritu”. Obsecuente como pocos, aseguró que “ser
inversor
no es tener plata sino coraje de riesgo, que es otra historia”. Claro
que, al
igual que los Kirchner y el resto del progresismo actual, intentó
despegarse del
desprestigiado sector financiero, apelando a los buenos capitalistas
industriales: “Este es un país cuya característica negativa más penosa
ha sido,
históricamente, la bajísima tasa de inversiones […] Hemos preferido
sacarla [a
la plata] para afuera, colocarla en un banco. Es parte de una historia
nacional
[…] Nunca apostamos mucho a emprender”. Además de reducir a la ausencia
de una
burguesía nacional emprendedora todos los problemas nacionales, no se
olvidó de
culpar al pueblo uruguayo por su miseria, afirmando que si el país no
supo
crecer “la responsabilidad fue nuestra”. Por lo que llamó a los
inversores a
poner en movimiento sus capitales, “no en una timba ciega”, sino en un
país
seguro, debido a que el gobierno cumpliría su tarea fundamental:
“aminorar en
todo lo posible los márgenes de riesgo y ofrecer estabilidad”. Y, una
vez más,
invocó al credo burgués más elemental, señalando que el éxito de los
obreros
dependerá de su capacidad para aprovechar las opciones que la burguesía
le
ofrecería, debido a que “el partido se juega en el campo del talento”.
(2)
Para justificar la completa apertura de los mercados uruguayos al
capital
internacional, Mujica dijo que su objetivo principal era resolver las
“deudas
sociales, y sueños por concretar […] [que] serían meras quimeras si la
economía
no funcionara”. Lo que ninguna contradicción tendría con el
enriquecimiento de
unos pocos, debido a que “la riqueza es hija del circuito del trabajo
[…] Para
tener recursos económicos necesitamos empresas que prosperen, que puedan
pagar
impuestos, que generen riqueza”. (3) Y como “los que crean la riqueza,
son los
empresarios, los emprendedores” (4), ¡que mejor que traer a muchos de
ellos para
enriquecer al Uruguay! Para combatir la pobreza, Mujica llamó a la
burguesía a
enriquecerse, ya que “si queremos aumentar los impuestos sobre la misma
masa de
riqueza, estamos fritos, porque matamos la gallina de los huevos de
oro”. En
cambio, como su propuesta comprende que “el trabajo es inversión”, no
dudó en
convocar a los principales inversionistas que vayan a “trabajar” al
Uruguay.
(5)
La bienvenida al hijo pródigo
Mujica organizó el evento junto a la Cámara de
Comercio
Argentino Uruguaya, la Unión de Exportadores y la Cámara de la
Construcción.
Entre los principales asistentes se encontraban representantes de
Petrobras,
PDVSA, Mercedes Benz, Sancor, el grupo Werthein (accionista de Telecom) y
Bulgheroni. (6) Los más entusiasmados fueron los empresarios argentinos.
Carlos
Ávila, dueño de Torneos y Competencias, aseguró que el discurso de
Mujica le
“pareció un poema”. Igual de conforme quedó el presidente de Fiat,
Cristiano
Rattazzi, que señaló que “acá se respetan las instituciones y las
transiciones;
en la Argentina no está tan claro”. No se quedó atrás Martín Eurnekian
(Aeropuertos Argentinos 2000 y Aeropuerto Internacional de Carrasco),
quien
calificó a Mujica de “genial”, caracterizando que fue “un discurso
prometedor
[…] queda claro que se van a respetar las normas y que las puertas están
abiertas a los inversores”. (7) Asimismo, Héctor Méndez, presidente de
la Unión
Industrial Argentina (UIA) reconoció que “da un poco de envidia […] el
día que
perdamos la esperanza, tendremos que venir a vivir a Uruguay”. (8) Hasta
Pancho
Dotto, Graciela Borges, Marcelo Longobardi y la madre del “mediático”
Ricardo
Fort, Martha, salieron encantados con la arenga liberal del futuro
mandatario.
Los empresarios uruguayos, aunque menos sorprendidos,
tampoco
escamotearon elogios. El presidente de Buquebus, Juan Carlos López Mena,
aseguró
que Uruguay encontró “el rumbo de la confiabilidad, la transparencia y
la
seguridad jurídica”. Para el titular de Petrobras, Irani Varela, Mujica
dijo “lo
que todo empresario quería escuchar”, al reconocer “que los empresarios
son un
motor importante para el país”. A su vez, Rubén Scarone (Grupo Ras)
aseguró que
“seremos fieles custodios de sus palabras”.
También vivó a Mujica el
millonario Alexander Vik, por “abrirse al mundo, basar todo en el
trabajo, en
vivir, arriesgar y generar riquezas para todos […] es la forma de salir
adelante
y poder atender a los pobres gracias a un país libre y rico”.
No se
quedaron
afuera del evento los funcionarios del gobierno. Para el ministro de
industria,
Raúl Sendic (hijo de Raúl “Bebe” Sendic, el viejo líder del MLN-T), “no
hay
antecedentes en Uruguay que un gobierno electo de una señal de
convocatoria al
empresariado y a la inversión tan fuerte como esta”. Por su lado, el
presidente
del Banco de la República, Fernando Calloia, destacó el acierto de
informar a
los empresarios de que no se iban “a fijar impuestos expropiatorios
sobre las
utilidades”. Hasta la oposición no pudo disimular su coincidencia con el
futuro
gobierno. El ex presidente Julio María Sanguinetti señaló que no se
escuchaba
algo así desde las décadas de 1980 y 1990: “nos congratula que se hable
de la
economía de mercado, de las economías abiertas, de la competitividad
internacional, el cumplimiento de los contratos. Todo eso hasta hace muy
poco
tiempo era el Consenso de Washington y el Estado neoliberal”. A su vez,
otro ex
mandatario, Luis Lacalle, aseguró que “nos alienta porque es una
posición
empírica que reconoce que no hay empleo sin capital, sin inversión
nacional o
inversión extranjera”. Hasta el senador Pedro Bordaberry (hijo del ex
Presidente
Juan María Bordaberry), aseguró que “es muy bueno que Mujica hable del
liberalismo, es muy importante y valiente que haya dicho que primero
viene la
inversión y después el trabajo. Fue fuerte […] Son cosas que nunca pensé
que las
iba a escuchar”.
Completaron el cuadro de claudicación absoluta
frente al
capital, los aplausos de los dirigentes de las centrales obreras
(PIT-CNT),
Castillo, Reed y Castellano.
¿La traición de Mujica?
El discurso de Mujica causó sensaciones ambivalentes.
Mientras
que la burguesía y sus intelectuales celebraron sus palabras, algunos
sectores
de la izquierda oriental se lamentaron profundamente por una nueva
“traición” a
la lucha revolucionaria. Como señaló Ernesto Herrera, del Colectivo
Militante:
“Esta capitulación de miles de cuadros y militantes de la izquierda,
tiene todo
el significado de una derrota política. En el sentido de una derrota
estratégica
del horizonte democrático radical, popular, antiimperialista,
revolucionario,
surgido en las luchas sociales y políticas de los años ’60”. (9)
Asimismo, dos
de los principales referentes del liberalismo argentino, Mariano
Grondona y
Daniel Hadad, saludaron el derrotero de Mujica: Grondona concluyó que
“la
racionalidad económica […] ya no pertenece solamente a quienes siempre
la
acogieron […] sino también a quienes vienen de la izquierda militante”
(10); y
Hadad afirmó que este nuevo Mujica “liberal” nada tiene “que ver con el
guerrillero […] [del] siglo pasado”. (11) A pesar de que ambas
impresiones
valoran de manera antagónica el suceso, una caracterización de fondo las
une: la
idea de que Mujica “cambió” y que su política es cualitativamente
diferente de
la que llevó adelante en la década de 1970.
Sin embargo, la
realidad es distinta: el programa tupamaro ya contenía, en gérmenes, las
posiciones actuales de Mujica y el Frente Amplio. De poco nos serviría,
para
hacer un balance correcto, traer al debate el heroísmo de los militantes
setentistas, su convicción para dar la vida por sus ideales o su valor
para
tomar las armas por la revolución. Lo que debemos evaluar es el objetivo
político que guió a los compañeros de aquellos años, es decir, su
programa.
En resumidas cuentas, al igual que los Montoneros
argentinos, el
MLN-T combatió por la liberación nacional, planteando como tarea
prioritaria del
Movimiento la derrota del imperialismo, al que caracterizaban como el
principal
responsable de la opresión de los pueblos latinoamericanos. (12) Es
decir que su
programa tenía como objetivo la realización de tareas burguesas, a
saber, la
liberación nacional. El principal antagonismo, entonces, no es entre
clases,
sino entre el imperio y la nación, por lo que se habilitaba la
posibilidad de un
frente con las burguesías nacionales que, en teoría, tendrían intereses
opuestos
a las extranjeras. Lo que había que eliminar no era la explotación.
Además de no
ser una organización marxista leninista, sino más bien nacionalista
reformista,
impulsó la necesidad de crear Movimientos que, a diferencia de los
partidos
revolucionarios, desarmaron a la clase obrera al privilegiar la unidad
por sobre
el programa. Con la excusa de sumar compañeros a la causa y no ser
“sectarios”,
el movimientismo se convirtió en oportunismo, liquidando el programa
revolucionario en post de la creación de un “frente amplio” que avance
en la
gestión del Estado burgués.
Y esto, aunque es más evidente para
quienes
pudimos observar su derrotero en el largo plazo, también fue señalado
por sus
compañeros de lucha. Hacia 1972, el propio Santucho, al señalar la
importancia
del debate teórico y programático al interior de la Junta de
Coordinación
Revolucionaria (JCR), (13) remarcó que “la mayor afinidad ideológica y
política
del PRT era con el MIR, ya que se trataba de ‘partidos marxistas
leninistas, en
franco proceso de proletarización y no de movimientos de liberación, de
corte
nacionalista progresista’”, como el MLN-T. (14) Como vemos, de poco
sirven los
balances actuales que, limitándose al carácter armado de las
organizaciones
político militares de la década de 1970, relegan sus diferencias
programáticas.
Si todos fueran “guerrilleros” o “foquistas”, difícilmente podamos
explicar el
derrotero antagónico de los viejos aliados: mientras que el PRT fue
aniquilado,
el MLN-T terminó gestionando el Estado burgués. (15)
Hecho que no
tuvo que
ver con ninguna “traición”, sino, como venimos diciendo, con la
naturaleza de su
programa político. Esto es reconocido por los propios militantes
tupamaros:
Eleuterio Fernández Huidobro, a fines de la década de 1990, reconocía
que, lejos
de una transformación sustantiva, la política frenteamplista era una
consecuencia lógica del programa de “liberación nacional” del MLN-T:
“mi organización matriz (el MLN), elaboró y publicó en 1998, para un Congreso del MPP [Movimiento de Participación Popular], su concepción de Liberación Nacional y por ende de política de alianzas [...] De modo que nadie puede llamarse a sorpresa ni a engaño [...] En nuestra teoría de Liberación Nacional, su fuerza motriz, social y política es el Pueblo [...] Para nosotros Pueblo es el conjunto social de todos aquellos individuos y sectores de un país [...] cuyos intereses o concepciones se oponen al imperialismo o, mirado desde la positiva, son partidarios de la nación [...] el concepto Pueblo surge meridianamente claro: los obreros, los trabajadores en general, los intelectuales y estudiantes, los pequeños burgueses y hasta los burgueses que tengan intereses a favor de la patria y por ende contra todo imperialismo”. (16)
Lecciones de batalla
La burguesía aprendió rápidamente de los Lula y los
Mujica.
Como señaló Grondona, “no importa en definitiva de dónde vienen nuestros
líderes
regionales, sino hacia dónde se han encaminado”. Es decir que, poco
atentos a su
pasado y a su discurso, concentran su atención en el programa concreto
que
llevan adelante.
Así como ellos aprendieron, también nosotros
debemos sacar
las enseñanzas del caso. Y no podremos hacerlo si seguimos
caracterizando que la
“conversión […] del antiguo guerrillero tupamaro” se dio en los años de
la
“democracia liberal”, como concluyeron numerosos compañeros de la
izquierda
uruguaya. (17) A pesar de que sus propios dirigentes se han encargado de
señalar
la coherencia programática entre 1970 y la actualidad, como señalábamos
allá por
el 2006, muchos caracterizan que existió una “transformación” de los
Tupamaros,
de revolucionarios socialistas en funcionarios serviles al imperialismo.
Quienes
así razonan, confunden radicalización táctica (la lucha armada) con
programa
revolucionario (el socialismo). Llevándose por impresiones
superficiales, no
llegan al balance correcto para la izquierda: el paso de una táctica
armada a
una electoralista no debe esconder que el núcleo del problema se
encuentra (y se
encontraba) en el programa que guió al movimientismo tupamaro, es decir,
su
lucha por la liberación nacional, lo que implicó una alianza con
fracciones de
burguesas. Por lo que los militantes de izquierda debemos aprender que
cualquier
lucha que, con la excusa de la “unidad de la izquierda”, abandone la
discusión
programática y troque a la clase obrera por el “pueblo”, al Partido por
el
“movimiento”, al capitalismo por el “imperialismo”, a la Revolución por
la
“liberación”, en síntesis, al socialismo por el nacionalismo, nos
llevará a una
nueva y aplastante derrota.
NOTAS
1 El País, 15/2/2010.
2 Clarín,
10/2/2010.
3
C5N, 10/2/2010.
4 Perfil, 13/2/2010.
5 La Nación, 11/2/2010.
6
Infobae, 10/2/2010.
7 El País, Montevideo, 11/2/10.
8 El País,
15/2/2010.
9 Herrera, Ernesto: “Mujica encandiló a los
empresarios…Todas las
garantías al capital”, en www.rebelion.org.
Herrera es militante del Colectivo
Militante.
10 La Nacion, 14/2/2010.
11 Perfil, 13/2/2010.
12 La
evolución programática del MLN-T, desde su primer documento de 1967
hasta 1975,
puede consultarse en www.cedema.org/ver.php?id=122.
13 La Junta reunía
al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT-ERP) argentino, al
Movimiento
de Izquierda Revolucionario (MIR) chileno, al Ejército de Liberación
Nacional
(ELN) boliviano y al MLN-T uruguayo.
14 Mattini, Luis: Hombres y
mujeres del
PRT-ERP, De La Campana, La Plata, 2003, p. 377.
15 Para una
profundización
sobre este punto puede consultarse De Santis, Daniel: Entre Tupas y
Perros,
Ediciones ryr , Bs. As., 2009 y Grenat, Stella: “De revolucionarios y
(peligrosos) conversos”, en Razón y Revolución, n° 15, Bs. As., 2006,
pp.
225-227.
16 Citado en Grenat, Stella: “Santucho tenía razón. El
debate por
las papeleras de Fray Bentos y la ‘traición’ de Tupamaros”, en El Aromo,
abril
de 2006.
17 Es el balance actual del Colectivo Militante, que sigue
al
realizado, en 2005, por el ex tupamaro Jorge Zabalza. Véase Herrera,
Ernesto:
“El Pepe fue un revolucionario… Crítica por izquierda al triunfo de la
izquierda”, en Question, 1/12/2009; y “¿Pa’qué sobrevivimos?”, Carta de
Jorge
Zabalza a Eleuterio Fernández Huidobro, 8/10/05, extraído de www.brecha.com.uy.