Estos nuevos “Mayameros” se concentraron mayoritariamente en una
zona de la ciudad que tomó el nombre de Pequeña Habana, en recuerdo
de la isla que los había visto nacer y la cual habían tenido que dejar
a toda prisa y era común verlos reunidos en diferentes sitios de esta
Pequeña Habana, tomando cada uno su bebida favorita y planificando
la pronta toma del poder. En esa época los participantes eran hombres
jóvenes, que no hablaban muy bien el inglés o lo hablaban con acento
cubano, lo cual no les impedía mantener sus contactos con la CIA y
así fue como se enteraron de la planeada invasión a la isla por la
Bahía de Cochinos, aventura en la cual se inscribió buena parte de
ellos.
Después de la paliza que les dieron en la citada aventura, no
perdieron
las esperanzas de volver y los que regresaron continuaron con su
costumbre
de reunirse todos los días a hablar pendejadas, la mayor de las cuales
por supuesto era la caída de Fidel, pero no contentos con esto se
dedicaron
a atentar contra su vida. Yo no sé cuantas veces habrán atentado
o no contra su vida, solo lo que leía en los periódicos de la época,
pero sí recuerdo que lo mataron un montón de veces, con fotos
del cadáver dentro de la urna y todo, y cada vez que ocurría una de
esas “muertes” se armaba la gran fiesta en la Habana Vieja
de Miami y al siguiente día se veía otra vez a la gente cariacontecida
y con su sempiterna amargura, aunque ya no eran solo los carcamales
salidos de Cuba, sino sus hijos y nietos que heredaron el odio que les
fuera inculcado por sus antecesores del primer desembarco, que ya
habían
estudiado allá y hablaban un inglés fluido, aunque siempre con ese
dejo que tienen los que tienen una segunda lengua que hablan tan bien
como la adquirida con su nacionalidad.
Hoy me
vienen a la memoria estos hechos, que aunque no los presencié
me los imagino igualitos a los de un grupo de venezolanos que, hoy por
hoy, se la pasa haciendo uso de todos los medios de comunicación que
este régimen perverso pone a su alcance para quejarse de la falta de
libertad de expresión y achacarle al dictador Chávez la culpabilidad
de todos los males de la República y del mundo desde la desaparición
del relámpago del Catatumbo, pasando por la sequía del Churún Merú,
hasta el calentamiento global y profetizando su caída, ahora sí de
verdad, “automojoneándose” que las encuestas no le son favorables
y que lo que le falta es “un empujoncito” para caer, aunque
internamente
saben que “deseos no empreñan” y van a tener que seguir con su
carga de amargura durante mucho tiempo porque los posibles
“candidatos”
de la oposición (aun los presos y los culitos al aire) siguen
representando
a los de la IV-R y esos, como dice Reinaldo Armas en su corrío y
Bécquer
en sus rimas: NO VOLVERÁN.