La nueva vuelta de
tuerca que el Gobierno español está llevando a cabo de la mano
del juez Eloy Velasco (el que recibiera no hace muchos años al
comandante
guerrillero Raúl Reyes, entonces un político, hoy, ya fallecido, un
terrorista) al cursar una orden de detención contra antiguos activistas
de ETA y guerrilleros de las FARC, responde a circunstancias concretas
que tienen que ver con la situación que vive el régimen de Madrid.
Además de la adoración
infantil que siente Zapatero por Obama- que desarrolla una estrategia
de acoso contra Venezuela-, en España se ha iniciado un escándalo
de grandes proporciones. No hablo de corrupciones (esas son el pan de
cada día), sino de las sospechas de que estamos ante una nueva guerra
sucia, ejecuciones extrajudiciales incluidas, a lo que hay que añadir
la imperiosa necesidad que tiene el régimen en distraer a la gente
de la crisis que empuja al país hacia la bancarrota, o a convertirse
en un protectorado franco-alemán (¿qué dirán los patriotas de pandereta
si se consuma esa pérdida de soberanía?)
Como sabemos, Eloy
Velasco basa toda su información en los datos de un ordenador que hasta
la INTERPOL reconoce no saber de quién es, aunque todos señalan a
Uribe y los suyos, expertos en fosas comunes donde enterrar a sus
víctimas.
Se cuida el juez de no informar a la ciudadanía, de que los militantes
de ETA fueron llevados hace más de 20 años (durante el Gobierno de
Felipe González) en aviones españoles, y custodiados por policía
españoles, a Venezuela, Cuba, Cabo Verde, Nicaragua, Panamá y Uruguay,
para evitar que siguieran atentando en España. Ese acuerdo, tuvo que
ser aceptado por ambos bandos.
Con el tiempo, unos
se integraron y abandonaron la lucha armada, como es el caso de Arturo
Cubillas Fontan, actualmente de nacionalidad venezolana, a quien, y
pese a que ni el juez ha podido confirmar que esté trabajando en un
organismo estatal, los medios españoles siguen llamando “alto
funcionario”.
En fin. ¿Y si se fuera así, qué ocurre?. Hace años que abandonó
ETA y sus delitos en España- guste o no guste- han prescrito
Hugo Chávez afirma
que si se dañaran las relaciones entre los dos Estados, quien
más perdería sería España, señalando directamente a los intereses
españoles en su país. Al mismo tiempo, se pregunta por qué Zapatero
sigue empeñado el hombre, en defender a José María Aznar, valedor
de golpes de Estado (lo insinuó hace tiempo Moratinos en una emisora
de televisión) amigo de asesinos (como Bush o Tony Blair) y considerado,
en muchas cancillerías, como un criminal de guerra.
La respuesta es porque
el mediocre presidente español forma parte de la misma camada que su
antecesor. No existen diferencias ideológicas entre Zapatero, Aznar
o Rajoy. Los tres gestionan intereses oligarcas, y los tres están
vinculados
a guerras imperialistas genocidas. Vuelvo a repetir que con un país
indigno no se puede mantener relaciones. Es imperativo que Venezuela
suspenda todos los proyectos comerciales con España, y sustituya los
inversores hispanos, por los de otros países menos dependientes.
Iba a concluir
utilizando
la expresión de “palo al tiburón” para manifestar que la bofetada
en la cara es lo único que entiende el neofranquismo colonial, pero
considerando el lugar que España ocupa en el mundo, lo cambio por “palo
a la sardina, presidente Chávez”. Es más apropiado, ¿no creen?