Para los respetados lectores que no lo saben, se le denomina coloquialmente “Cajita Feliz”, en el ámbito laboral, a un atractivo paquete económico de liquidación, utilizado con frecuencia por las multinacionales (Cantv cuando se privatizó, por ejemplo), para desprenderse de una buena parte de su masa de empleados, pudiendo representar dos, tres y hasta cuatro veces el valor de sus prestaciones sociales, que por ley les corresponde; la finalidad de esta práctica es muy simple: con la “renuncia” voluntaria de sus trabajadores, las empresas se evitan demandas y pleitos judiciales, que les pudiesen acarrear conflictos con sus empleados y costos mayores, derivados de los despidos injustificados.
En mi humilde opinión, esta práctica debería ser puesta en acción para muchos de los diputados que hoy tienen un escaño en la Asamblea Nacional, y tienen en sus mentes la aspiración de repetir, tanto para los que dicen ser revolucionarios, como para el clan de tránsfugas, que salieron montados en el portaaviones del Presidente Chávez. Venezuela es una nación de gente joven, capaz, brillante, preparada en lo académico y lo intelectual, que pueden y deben ocupar buena parte de los curules, siendo electos en las próximas elecciones parlamentarias. Se debe producir un cambio generacional, pueblo con ideas frescas, renovadoras, de vanguardia, (profesionales, líderes comunitarios), jóvenes que conozcan y propongan alternativas en barrios, caseríos, urbanizaciones, en fin, que hayan sentido en carne propia las necesidades y carencias de sus respectivas regiones a representar. Estoy de acuerdo que en la cámara legislativa, estén representados los pueblos originarios con tres diputados, de la misma forma deben estar representadas las personas con discapacidad, la clase trabajadora, etc. En conclusión, estos ex-parlamentarios, luego de recibir sus jugosas “Cajita Feliz”, pudieran pasar a ser asesores sin sueldo, de las diferentes comisiones que hacen vida en el parlamento venezolano.
Gabriel López Golliott