Modelos de desarrollo en Venezuela

El modelo de desarrollo armónico e integral emprendido por la Revolución Bolivariana garantiza alcanzar la Independencia con Igualdad y Justicia Social. Se avanza en la restitución progresiva de los equilibrios económico, social, político, territorial e internacional de Venezuela. Sin embargo, grandes obstáculos derivados de la persistencia del modelo de desarrollo consumista-depredador generan grandes contradicciones en la actual etapa de tránsito orientada al cambio social.

Para comprender las limitaciones en la aplicación del nuevo modelo de desarrollo es necesario recordar en qué consistieron los modelos de desarrollo previos: el desarrollista y el neoliberal.

El desarrollismo y su fracaso

En los años 70 la implementación del modelo desarrollista proclamaba la necesidad de cambiar las estructuras económicas y sociales para reducir la dependencia del petróleo y de las importaciones de bienes, así como para elevar el nivel de vida del conjunto de la población. Pera ello, se ejecutaron políticas dirigidas a la transformación estructural de la economía, que permitieran superar el rentismo petrolero mediante la industrialización.

Si bien durante las décadas de los años 60 y 70 hubo avances en materia de servicios públicos, éstos no fueron suficientes y persistieron necesidades insatisfechas en amplios sectores de la población, especialmente en nutrición, salud y educación. Persistieron además las deformaciones del aparato productivo.

El fracaso del modelo desarrollista se constató en:

· El modelo de sustitución de importaciones no logró reducir la dependencia de la renta petrolera.
· La industria nacional no sustituyó los bienes importados y menos aun pudo competir en el mercado internacional.

· El aparato productivo no fue adecuadamente articulado a la economía social, por lo cual no fue capaz de ofrecer, en forma eficiente y a bajo costo, los bienes y servicios requeridos por la sociedad.
· No se crearon valores y actitudes que impulsaran el desarrollo social y económico en el largo plazo.
· Las organizaciones que supuestamente “llevarían” el desarrollo a las comunidades no contaron con la suficiente autonomía, apoyo político y definición de su rol, por lo cual se ejecutaron actividades sin visión estratégica de largo plazo, sin posibilidades de sostenibilidad.
· En definitiva, la gestión social tuvo un carácter meramente asistencialista y paternalista, estrategia del bipartidismo puntofijista dirigida a consolidar las redes clientelares y buscar apoyos electorales.
· Los recursos económicos otorgados por el Ejecutivo Nacional fracasaron al no cubrir gastos de operación ni ayuda técnica y financiera a las organizaciones comunitarias, centrando su esfuerzo en las estructuras burocráticas municipales que desviaron o dilapidaron los recursos.

A principios de los 80 se modifica la política social, que aunque seguía siendo asistencial, desplazó el desarrollo local implementando programas de ámbito nacional dirigidos a la generalidad de la población. El asistencialismo aunado al incremento de la burocracia estatal para satisfacer las demandas de las bases partidistas conllevó un aumento considerable del Gasto Público sin que ello modificara las estructuras económicas y sociales obsoletas que en teoría debían ser superadas; por el contrario, el país siguió dependiente del rentismo petrolero y se afianzó una mentalidad proclive la corrupción, el paternalismo y el clientelismo.

El fracaso del modelo desarrollista se hizo más evidente a comienzos de los años 80, tomándose medidas para incrementar el crecimiento económico: detener el crecimiento del gasto público y dejarle algunas prerrogativas al “libre juego mercado”, liberando precios y disminuyendo subsidios y aranceles, aunque no se trató de medidas abiertamente neoliberales.

El paternalismo impidió intencionalmente la participación activa en las decisiones que trascendieran más allá del ámbito estrictamente local, por lo cual las comunidades continuaron al margen en la conducción del desarrollo. Por otra parte, la disminución presupuestaria determinó un mayor deterioro en la calidad de vida de la población de bajos recursos, por lo cual se ejecutaron programas sociales “focalizados” para atender la pobreza extrema, descartando el carácter universal de sus beneficiarios(as).

La crisis de la deuda iniciada en 1982-83 (fuga de divisas del país, control de cambios, devaluación de la moneda) evidenció en toda su crudeza el fracaso del desarrollismo. El puntofijismo anuncia la búsqueda de alternativas para reiniciar el crecimiento económico, acelerar el desarrollo social y crear una sociedad “más libre”, planteando la conformación de un “Pacto Social” para legitimar las reformas por la vía del consenso de las élites burocráticas, empresariales y sindicales.

El neoliberalismo y su fracaso

El balance de la década de los 80 es una caída de producto bruto interno por habitante, una deuda externa creciente y un incremento global de los precios. Se duplica la pobreza y se triplica la indigencia. La incapacidad del Estado para redistribuir la renta y sus deficiencias en la gestión de los servicios públicos fue el resultado del clientelismo, el control partidista sobre la función del servicio social, la corrupción administrativa y la ausencia del control social.

El gobierno de Carlos Andrés Pérez (1989-1992) anunció un nuevo modelo económico y político. La situación económica del país aunada a la crisis estructural de la economía mundial llevó a la adopción de “políticas de ajuste” impuestas por el Fondo Monetario Internacional en los países del “Tercer Mundo”.

La “solución mágica” para los problemas fue la “retirada del Estado”, que fue condenado como “centralista” e “intervencionista”; así, se abandonaron las prerrogativas del mismo en la planificación económica, por ejemplo, se disminuyeron la regularización del mercado laboral y los controles de precios y salarios. El resultado de la aplicación del modelo neoliberal fue la expansión e intensificación de males sociales como el hambre, la pobreza, la desigualdad y la exclusión social, política y económica, el racismo y el clasismo.

El neoliberalismo esgrime el discurso de la “liberalización del mercado”, que supuestamente llevaría de manera “espontánea” a la libertad en todas las esferas sociales y políticas. Sin embargo, la creciente desigualdad generada por el modelo limita el ejercicio de las garantías y derechos ciudadanos a quienes por su posición social tienen como pagarlos, dejando a un lado a quienes por no ser propietarios, ni contar con títulos académicos que les permitan incorporarse a los espacios sociales de ejercicio de ciudadanía, deben conformarse con vender su mano de obra barata a la clase propietaria, ya que ni siquiera les es posible participar directamente en la toma de decisiones sobre la redistribución de la riqueza, la organización del trabajo, el salario y la seguridad social.

Al imponer la lógica de la maximización de la ganancia, el neoliberalismo negó las potencialidades del desarrollo endógeno, en función de priorizar los negocios financieros y petroleros eminentemente transnacionalizados, sin impacto en la generación de empleo productivo y desarrollo endógeno. Como manifestación del proceso de centralización y concentración del capital, el totalitarismo economicista del mercado mundial busca homogeneizar las relaciones de producción, profundizando las asimetrías sociales y la dependencia. Las medidas neoliberales estaban dirigidas a satisfacer el afán de lucro de los grandes capitalistas y de sus acólitos y no a satisfacer las necesidades de toda la población de manera equitativa.

En Venezuela la destrucción de los espacios económicos locales y regionales de carácter endógeno y relativamente autosuficiente ha tenido cuatro etapas:

· La invasión europea de finales del siglo XV destruyó los modos de producción indígenas en casi todas las regiones de la actual Venezuela.
· La férrea dictadura de Juan Vicente Gómez (1908-1935) que impuso la centralización política y económica y el rentismo petrolero, desbaratando las tradiciones productivas de las regiones, arruinando la agricultura y la producción artesanal.
· El modelo desarrollista que buscó la industrialización sin cuestionar los patrones de consumo impuestos por el capitalismo mundial y sin contemplar las tradiciones productivas propias.
· Las medidas de ajuste neoliberales que pretendieron homogeneizar el espacio económico nacional con la estrategia privatizadora y aperturista al mercado mundial.

Así, fueron barridas las autonomías regionales, tanto económicas como políticas, imponiendo el centralismo y una dependencia creciente de los aparatos de dominación del capitalismo transnacional, negándose la posibilidad del desarrollo endógeno.

En la actualidad, el proyecto neoliberal que pretende imponer el oposicionismo contempla:

· Restablecer el mecanismo de “concertación tripartita” -confabulación entre tecnócratas, empresarios privados y cúpulas sindicales corruptas- que privó a la clase trabajadora del derecho a empleos seguros y salarios justos, de disponer de sus ahorros, de pensiones dignas para todos(as), de la retroactividad de sus prestaciones sociales y de servicios de capacitación laboral, recreación y salud públicos, gratuitos y de calidad.
· Erradicar el control de cambios para favorecer la especulación financiera, la fuga de capitales y los negocios vinculados a importaciones indiscriminadas y corruptelas.
· Focalizar el gasto público hacia los negocios privados de empresarios parasitarios del Estado, en detrimento de la inversión en Economía Social y en servicios públicos.
· Impulsar políticas públicas “descentralizadas” a través del sector privado, para privatizar los servicios públicos.
· Limitar la producción de rubros agroalimentarios (en cantidad y en rubros) para favorecer al sector importador, en detrimento de los pequeños y medianos productores, del desarrollo agrario y de la Seguridad y Soberanía alimentarias.
· Nueva doctrina militar que garantice la implementación del modelo neoliberal y la obediencia al imperio y a sus organismos financieros internacionales.
· Política petrolera basada en la sobre-producción para bajar los precios y en el uso de la regalía en los negocios privados de explotación y exploración y no en inversión social.

Los neoliberales intentan reinsertar a Venezuela en SU Nuevo Orden Mundial, imponiendo la preeminencia del mercado sobre la sociedad y el Estado. El rol asignado al país “desde arriba y desde afuera” fue el de “suministrador seguro y confiable de petróleo”, es decir, el mismo rol asignado por el imperialismo desde 1920 e implementado por la oligarquía criolla por igual en tiempos de dictaduras militares o de dictaduras civiles, de aplicación del modelo desarrollista o del modelo neoliberal.

En cualquier caso, ninguno de los modelos de desarrollo señalados implementó las políticas que debían transformar la estructura económica y social del país en beneficio de las mayorías sociales y de la soberanía nacional, las cuales eran perfectamente posibles por los enormes ingresos derivados de la exportación petrolera.

El fracaso del neoliberalismo plasmado en la pobreza, la desigualdad, la exclusión y la desnacionalización, determinó hitos históricos como la rebelión popular de Febrero de 1989 contra la implementación de las medidas de “ajuste estructural”; las rebeliones militares de Febrero y Noviembre de 1992 contra el gobierno que pretendió aplicarlas contra la voluntad de las mayorías; y el triunfo de la opción bolivariana en las elecciones presidenciales de Diciembre de 1998 con una agenda alternativa de gobierno, de corte humanista.

El desarrollo de la Revolución Bolivariana obedece a las demandas de las mayorías sociales, contrarias al neoliberalismo, ello determina el proceso de debate público sobre el modelo de desarrollo que requiere la Nación, sobre la mejor manera de aplicarlo y, sobre los retos inherentes a los períodos históricos de cambio social. Ese proceso de debate tiene un objetivo esencial: Restituir los equilibrios que hagan posible la Independencia con Igualdad y Justicia Social, bases de la felicidad de los pueblos.










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