Colonización e Independencia

La historia de la imprenta en Venezuela

“El abuso de toda libertad es la muerte de ella misma… si queremos tener una buena ley sobre imprenta, es preciso evitar los escollos en que pueda estrellarse esta peligrosísima libertad… no puede concebirse indefinida… las sociedades solo recogen lágrimas por fruto de la libertad ilimitada de la imprenta, y que así como cuando se la contiene en sus justos límites es la institución más fecunda en buenos resultados, cada vez que los traspasa, es el azote más cruel para las naciones”.

Cecilio Acosta 

     El 23 de septiembre de 1808 arriba al puerto de La Guaira, a bordo de la fragata Fénix procedente de Puerto España, la primera imprenta para la Provincia de Venezuela. El primer taller de imprenta que se conoce formalmente en Venezuela se crea el 24 de octubre de 1808, cuando sale el primer número de la Gazeta de Caracas del taller de Mateo Gallagher y Jaime Lamb, editada por Andrés Bello.

     Esta imprenta llega a Caracas por motivos de interés de la colonia española y mucho más concreto de la Capitanía General de Venezuela. Gallagher en 1807, compró parte de la imprenta que Francisco de Miranda llevaba a bordo del Leander, después del fracaso de su expedición en Ocumare de la Costa y Coro en 1806. Con Gallagher viajaba Jaime Lamb un escocés experto en la materia de imprenta y su socio industrial. Esta imprenta es solicitada por las autoridades de la Provincia para frenar las ideas independentistas que se esparcían y colaban por toda la provincia venezolana, ideas que contemplaban la emancipación del imperio español además de detener o contra atacar los pensamientos revolucionarios antimonárquicos que generaba la revolución francesa.

     El 19 de abril de 1810, significó una transformación para el taller de imprenta que manejaban estos dos extranjeros, ahora trabajarían en pro del pensamiento emancipador e independentista. En noviembre de ese año, y para responder a las necesidades del nuevo régimen, incrementaron la actividad del establecimiento. Salen publicaciones animadas con un espíritu inédito en la historia  de esta parte del Atlántico, hojas impresas que difunden la liberación nacional y la creación de un nuevo Estado, invitando a todos los países americanos a que sigan estos pasos. Este impulso revolucionario que vive nuestro país hace que un solo taller de imprenta sea insuficiente para el proyecto emancipador y surja ese mismo año —1810— el segundo taller de imprenta, conducido por Juan Baillío. Los impresos hasta el fin de la Primera República en 1812, es un conciso repertorio del pensamiento emancipador plasmado en folletos, periódicos, hojas sueltas y libros, que constituyen un testimonio fiel del razonamiento de la decisión por la libertad.

     Desde 1812 hasta junio de 1821, la imprenta va rotando dependiendo del compás de alternativas de la Guerra de Independencia. Hasta agosto de 1813, es realista, después patriota, hasta junio de 1814, luego otra vez realista hasta la Batalla de Carabobo, excepto el corto período de la invasión a Caracas en mayo de 1821, por el general Bermúdez, donde queda plasmado en dos números de la Gazeta de Caracas como testimonio de la distracción ordenada por Bolívar, mientras se preparaba la batalla decisiva.

     Pedro Grases en su libro La Imprenta en Venezuela, propone cinco etapas que “están basadas en el ‘modo’, fisonomía o aire común de los impresos en cada período, más que en principios rigurosos o fundamentos sólidos que autoricen unos límites exactos”, estas etapas se definen por las publicaciones más relevantes o por los impresores más relevantes del período: I) Época de los incunables venezolanos 1808-1821. II) Ciclo de Valentín Espinal 1823-1866. III) Ciclo de Fausto Teodoro de Aldrey 1868-1892. IV) Ciclo de El Cojo Ilustrado 1892-1915. V) El último medio siglo a partir de 1916.

     La primera etapa es todo lo que tiene que ver con la llegada de la imprenta y su función dentro del proceso emancipador que muy brevemente se reseña en el principio del ensayo.

     La segunda etapa 1823-1866, refleja un país en su fervor de libertad, aumenta el ímpetu editorial realizando libros de gran significación, se logra un avance en la imprenta de Caracas importante; este hecho promueve y da fuerza al movimiento cultural venezolano, creando numerosísimos periódicos tanto en la Ciudad como en la provincia del país. Después de la muerte del Libertador –1830- se desarrollan alzamientos en el país en contra de la situación de deterioro, pobreza e injusticia que vive la nación, el proyecto bolivariano pretende recobrar fuerzas dentro del país y luchar contra una oligarquía que traicionó al pueblo seguidor de Bolívar, desmembrando el proyecto de la Gran Colombia y apoderándose del territorio para explotarlo en pro de sus intereses, oprimiendo y empobreciendo al pueblo. La Guerra Federal viene a enfrentar es hecho tan criminal y bajo de la oligarquía Venezolana, conformada por el Partido Conservador y algunos representantes del Partido Liberal que solo aspiraban el poder para el beneficio individual. En este proceso la imprenta juega un papel fundamental nuevamente en tiempos de guerra y liberación a través de panfletos, comunicados, periódicos y muchos otros tipos de escritos en pro de la causa federal.

     La tercera etapa 1868-1892, en este período, la imprenta del guzmancismo es la más destacada por tener el taller de mayor publicación con su periódico La Opinión Nacional, ellos generan una concepción muy singular en sus impresos, los tipos y formatos en su concepción general. En este período el periodismo venezolano toma un repunte a través de la visita del prócer cubano José Martí, que en conjunto con el ilustre Cecilio Acosta crean la Revista Venezolana, este hecho hace que traigan innovaciones dentro del estilo periodístico, puesto que Martí venía empapado de conocimientos novedosos que había adquirido en los distintos países donde trabajó. Martí realiza un aporte conceptual y crítico entorno a la política venezolana de ese momento, donde teníamos a un presidente con un carácter megalómano como era Guzmán Blanco, una oligarquía fortalecida por la innegable traición de Guzmán Blanco al pueblo Venezolano —que se sumó a la lucha contra la oligarquía—, matando al general Ezequiel Zamora quien era el que encabezaba la rebelión de tierras y hombres libres, que solo trataba de rescatar el ideario bolivariano de dignidad y unión. En esta medida José Martí trae consigo el rescate de la memoria bolivariana que estaba más que adormecida, diezmada con toda esta arremetida goda al pueblo de Simón su Libertador. José Martí es un punto clave al igual que Cecilio Acosta tanto en el plano culturales como político de esa época, pero la perspectiva histórica burguesa poco le acreditan en el aporte cultural y casi todo los logros cultural se lo endosan a Guzmán Blanco, el impulso que ellos dan a la imprenta además de su visión ante los hechos sociopolíticos hacen que el gobierno guzmancista  termine por expulsar a Martí.

     La cuarta etapa, 1892-1915, con la gran revista de Jesús Herrera Irigoyen El Cojo Ilustrado, en este período el alcance tipográfico es de mucha relevancia, tanto así, que la revista logra estar entre las mejores de América Latina marcando y definiendo un período tipográfico en el país. Muchos escritores de habla hispana y de gran relevancia colaboran con satisfacción en la revista, logrando que El Cojo Ilustrado sea un repertorio indispensable para estudiar las letras hispánicas en el cambio de siglo.

     A partir 1916 Pedro Grases lo define como “El último medio siglo”, la imprenta o los talleres editoriales estuvieron muy dispersos y con poca fuerza pues se carecía de una política del libro nacional concreta, los periódicos se manejaban al ritmo de la burguesía y los intereses políticos de la oligarquía; algunas editoriales como Monte Ávila y Biblioteca Ayacucho en la década de los setenta y ochenta trataron o dieron un viraje en relación al libro y la política editorial, sin embargo, esta política se pierde en una visión neoliberal y burguesa. La Revolución Bolivariana rompe los paradigmas y rescata la memoria de todo un pueblo afianzando la política del libro y dando bases firmes al hecho imprenta-editorial rompiendo las cadenas de la exclusividad y elitismo en que estaba la producción editorial y cultural, masificando el libro e incentivando la lectura. 

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