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Hugo Chávez en el eje del bien
Por: Armando Hart Dávalos
Fecha de publicación: 29/08/04
imprímelo mándaselo a
tus panas
Hoy los grupos oligárquicos están mostrando a las claras, a través de las propias
palabras de su principal cabecilla, las esencias de la maldad y la estupidez
de su política. Y es precisamente enfrentándonos dialécticamente a sus dichos
y hechos -que es la forma radical de actuar frente a ellos- cómo podemos combatirlos de manera eficaz.

El Sr. Bush habló del Eje del mal y, desde luego, incluyó a Cuba en esa categoría; pues bien hallemos el Eje del bien, en oposición a toda su criminal y nefasta política. Para ello comencemos con el análisis de los principios jurídicos que han servido hasta aquí de fundamento al sistema político de los últimos dos siglos, y a los cuales se vinculan íntimamente la cultura, la ética, el derecho y la política solidaria. Por ahí andan aspectos muy importantes para la lucha de ideas que en la actualidad se está librando en Cuba y a escala planetaria.

El emperador de la época de decadencia del imperio yanqui, con su conocida arrogancia y autosuficiencia, dijo en ocasión de la intentona golpista para destituir a Chávez el 11 de abril de 2002, que el dirigente venezolano debía aprender la
lección y promover en el futuro un cambio de política. Pocas veces un jefe de
Estado ha formulado declaraciones tan estúpidas, prepotentes e insensatas.

Porque en realidad quienes tienen que aprender las lecciones de la Venezuela bolivariana, son el Sr. Bush y lo que él representa. Ha caducado la época en se daban golpes de Estado en nuestro continente, sin que se produjera una respuesta inmediata, concreta y efectiva del pueblo frente a estas tropelías. Los tiempos de Trujillo en República Dominicana, de Somoza en Nicaragua, de Pérez Jiménez en Venezuela, de Batista en Cuba, de Pinochet en Chile, y de tantos otros tiranos de otros países, quedaron atrás con las valientes y generosas acciones del pueblo venezolano a favor de un militar de honor, el Presidente Chávez, quien lleva en la sangre el sentido civilista, democrático y de justicia social de la mejor tradición
bolivariana. Se ha demostrado que el imperio no puede ya atropellar impunemente principios constitucionales y jurídicos, e imponerse con su política intervencionista en América Latina.

El Sr. Bush y los gobernantes que ceden a sus presiones, deben aprender lo siguiente: el sistema político que ha sido guardián de privilegios de minorías enriquecidas, desconocedor de los reclamos y necesidades de la inmensa mayoría de la población, ha entrado de hecho en serio cuestionamiento. Esta es la verdadera lección que nos están dando el Presidente Chávez y el pueblo hermano de Venezuela.

Martí, con su visión profética del destino de Cuba, y refiriéndose
a los mal nacidos en esta Isla, decía que parecía mentira que con tal porvenir
hubiera cubanos que atasen sus vida a la monarquía aldeana y podrida de España.
Hoy podríamos también señalar que, con las inmensas posibilidades de convertir
a Venezuela en faro de luz que ilumine la integración de nuestros pueblos y ayude
al mundo en un momento de grave crisis de la civilización, parece mentira haya
venezolanos y cubanos que aten sus vidas al decadente y corrompido imperio yanqui.

Afirmé una vez en Venezuela, que el Presidente Hugo Chávez merecía un Premio
Nóbel del Derecho. Estoy seguro que algún día obtendrá éste u otro reconocimiento universal por su defensa a la mejor tradición jurídica latinoamericana. Con la enseñanzas y la tradición de aquel extraordinario militar defensor de la Ley, Simón Bolívar, Chávez con su formación de este mismo carácter, ha roto la tradición entronizada después del Libertador en América Latina, de que desde los cuarteles se dirija a los gobiernos; ha exaltado la autoridad de la Ley y del Derecho, y la ha colocado como un punto central de su batalla revolucionaria. Ha hecho así un aporte a lo mejor de la cultura jurídica internacional.

Para empezar a mostrar la certeza de esa afirmación basta subrayar que en medio de una crisis profunda del sistema de democracia representativa y del pluripartidismo, Chávez ha creado un marco constitucional con el apoyo de las grandes mayorías y está llevando a cabo dentro del mismo, una revolución bolivariana consecuente. Es un ejemplo para América y ello sólo es factible con la tradición de Bolívar, de Martí, y de una larga legión de próceres y pensadores que constituyen la fuente principal de la cultura política y social que necesita la humanidad en el siglo XXI.

La historia de nuestro 'pequeño género humano', exige exaltar el ejemplo que está dando la revolución bolivariana y lo reclaman además, las necesidades más perentorias del mundo actual. Los académicos latinoamericanos debían iniciar juntos una cruzada para esclarecer la base científica y cultural del proceso emancipador que tiene hoy en Venezuela una experiencia histórica.

El proceso venezolano -como he dicho- es otra muestra de la crisis política y moral de los viejos partidos tradicionales que carentes de apoyo popular, se han plegado definitivamente a los intereses imperialistas. Corrompidos como están, después de extraerle a Venezuela sus riquezas por más de 40 años, ahora se pintan cínicamente como abanderados de la democracia.

El mérito de Hugo Chávez y del movimiento bolivariano está en haber asumido, con sabiduría, talento e imaginación, el reto de hacer avanzar
la revolución manteniendo un creciente apoyo popular dentro del más irrestricto
apego a la Constitución. Es el único caso en el mundo que admite un referéndum
para destituir al Presidente de la República; más democrático dentro del sistema
pluripartidista no puede ser. He ahí la originalidad de Chávez: enfrentar ese
desafío con las reglas del pluripartidismo. Desde luego, esta revolución bolivariana
como todas las auténticas revoluciones, necesita en primer lugar, llegar al pueblo
como lo ha hecho Chávez, emprender obras de beneficio social de gran trascendencia y asumir las cuatro categorías que forjan el Eje del bien: cultura, ética, derecho y política solidaria.

El trabajo desarrollado al efecto por el Presidente Chávez está a la vista de todos y la contundente victoria en el referéndum del pasado 15 de agosto, confirma una vez más la profundidad del proceso bolivariano en su carácter verdaderamente democrático y participativo. La figura de Chávez alcanza trascendencia universal como digno representante del Eje del bien.
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Armando Hart Dávalos


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