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El embajador de Venezuela ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Jorge Valero, aprovechando su presentación del informe sobre el referendo presidencial solicitó una enmienda a la Carta Democrática Interamericana.
El embajador explicó que este documento –aprobado por la OEA en septiembre del 2001, en Lima, Perú- establece providencias para prevenir situaciones que pudieran ocasionar el quebrantamiento de las instituciones del Estado democrático pero no condena ni toma en cuenta que “la democracia puede ser amenazada por sectores antidemocráticos del país”.
Ese señalamiento plantea algunas interrogantes: ¿Por qué la democracia puede ser amenazada?, ¿cuáles son las fuerzas que pueden amenazarla?, ¿cualquier democracia puede ser amenazada?, o ¿la amenaza se cierne sobre determinadas democracias? Arribar a estas respuestas implica aclarar primero ¿qué es democracia?
Si hay un término utilizado de manera constante y puede decirse incluso, sin cometer pecado, hasta de forma abusiva es “democracia”. Desde el dirigente sindical al alto dignatario de la Iglesia recurre a esta palabra para dar solidez a sus apreciaciones, en un artículo, discurso o al participar en un programa de opinión. Sin embargo, por muchas palabras que se utilicen para señalar la necesidad de preservarla, de defenderla, queda la percepción que sobre ese término existe un debate “aéreo”, que no logra aclarar qué significado se esta dando cuando se usa ese escurridizo término.
Reconociendo la complejidad que tiene abordar el tema de la democracia, por la cantidad de factores que la conforman y la interdependencia con otros que la condicionan, la realidad en que se encuentra la humanidad hoy indica que ese debate “aéreo” sobre la democracia debe terminar.
Las consecuencias de lo que ha hecho el ser humano hasta ahora demuestran que está en un grave dilema: subsistir como especie. Esa urgencia le plantea dos alternativas:
1· Continuar con las estructuras que le han impuesto de acuerdo a los lineamientos decididos por una ínfima minoría, según sus intereses y que han originado las consecuencias que están a la vista: hambre, enfermedades, cambios ambientales y climáticos, o
2· Cambia y organiza estructuras cuyos fines y medios sean decididos por la mayoría de los habitantes del mundo, que permitan revertir (dentro de lo factible) los daños ocasionados al planeta, y respondan a las necesidades de todos y todas.
Partiendo de estas alternativas se plantea la disyuntiva sobre el tipo de democracia que se puede construir. Una democracia que reconoce que toda realidad histórico social es obra del hombre y puede construirse sobre la base de concepciones humanistas, en armonía con la naturaleza, y que sólo tiene sentido a partir de una concepción abierta del orden social.
Esta visión de democracia descrita anteriormente se contrapone, choca con la concepción económica neoliberal de democracia que tratan de imponer las grandes empresas trasnacionales, en la cual los individuos buscan la satisfacción de sus intereses en un orden que presentan como “natural” y “espontáneo”, el mercado, que existe independientemente de la voluntad humana.
Disfrazar este choque entre dos concepciones diferentes de democracia es lo que origina ese debate “aéreo”, dado que implica una toma de posición. La ambigüedad utilizada al referirse a la democracia que se implementa, sin aclarar lo que se postula, permite:
No debatir en el seno de los organismos como la ONU y la OEA el papel de los medios de comunicación social.
La construcción de organizaciones de apoyo a las fachadas de democracias que se instalan en los diversos países del mundo.
La criminalización y represión de los movimientos sociales que no son reconocidos como actores dentro de la democracia. El caso más emblemático es el de Colombia, donde algunos movimientos son estigmatizados como “terroristas”.
Límites en el discurso sobre la violación de los derechos humanos, incriminando sólo al Estado como violador, eximiendo de responsabilidad a los medios de comunicación, a las empresas trasnacionales, o violadores activos y confesos de los derechos humanos como son los “paramilitares”.
Reduce la crisis de la “gobernabilidad” al mantenimiento del orden público, en lugar de apuntar a la solución del problema que origina esa ingobernabilidad. Las causas reales del descontento se ignoran.
Este tipo de democracia es la que necesitan las grandes empresas trasnacionales para, tras bastidores, imponer sus intereses a los gobiernos.
Venezuela abre el debate sobre la democracia en el seno de la OEA. Su proyecto de país diseñado en la Constitución Nacional, analizada, discutida y aprobada en referéndum establece que:
El pueblo venezolano en ejercicio de su soberanía y autodeterminación tiene la potestad de darse el gobierno que la mayoría de su pueblo estime conveniente, independientemente de la opinión de gobiernos extranjeros o de las poderosas empresas trasnacionales.
Los lineamientos de las decisiones políticas y económicas propenderán al respeto pleno de los derechos de su población.
Un principio mínimo de reciprocidad internacional hace merecedor de respeto al pueblo venezolano en las decisiones que adopte. La preservación de la democracia participativa y protagónica consagrada en nuestra Carta Magna, animará a otros países a adoptar decisiones similares, nuestra democracia lo necesita. Entre más pueblos decidan su destino, estará más cerca el camino que puede salvar a la humanidad de desaparecer.
No basta que el debate sobre la democracia se dé sólo en organismos internacionales donde participan representantes de gobiernos. Hace falta que los pueblos debatan y decidan que tipo de democracia eligen darse.
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