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¿Dónde está el discurso para la clase media?

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+Leía hace rato un artículo en “Aporrea.org”, de un camarada que se preguntaba por la política comunicacional del gobierno y que esta, por ser tan tímida, le daba unos espacios a la oposición para cometer sus desafueros “políticos”, además del financiamiento que desde el gobierno se le hace al pagar muchísimos espacios publicitarios en la prensa oposicionista.

Mi pregunta, con la que titulo esta reflexión, es similar a la del camarada. A mí me parece injusto, fuera de contexto político, estratégicamente errada el discurso del camarada presidente, del PSUV y de muchos otros que están con el proceso; es como una especie de ninguneo, de obviar, de que se me olvidó, no me di cuenta, etc, etc que se practica en el discurso revolucionario. Es decir: la clase media está pintada de la pared. Para ella no hay nada. Existe únicamente cuando la “necesitan” para alguna emergencia, verbo y figura recientemente con las medidas del gobierno donde se invitaba a echar a andar el aparato productivo para mejorar las exportaciones, etc, etc.

Pero dónde está el mensaje político-ideológico de la revolución hacia ese sector importante de la población –que también vota-. No puede ser el mismo que el de las clases populares, pero tampoco puede ser diferente del de la columna vertebral de la revolución. Tiene que haber un discurso muy diferente al actual que creo que es excluyente, discriminatorio y falaz cuando se pretende dejar toda la carga de la “oposición” a una clase media mediatizada y alienada.

¿Es que estamos pintados de la pared este sector que conforma gran parte de los funcionarios públicos del Estado? Pareciera que sí. Este sector poblacional piensa, siente, opina -¿Quiénes son los que escriben en Aporrea?-, vota, va a las marchas –voluntariamente-, no es necesario que le “jalen” mucho para atender una convocatoria.

Los que no trabajamos para el sector público, que somos muchos, nos incomoda que pareciera que el país estuviera constituido por un sólo sector poblacional –los “pobres”-, a quienes va dirigido el discurso. A veces suena demagógico. A nosotros nos parece que cuando se habla de pueblo se están refiriendo al pueblo que aún está jodido, que le faltan los servicios, que vive en un rancho, en un barrio, que tiene una educación carente de academia, de pericia profesional, de un trabajo estable, un automóvil, de modales rústicos, de un léxico pobre, etc, etc. ¡Coño, que duro suena todo eso!

Sabemos que el mayor de los esfuerzos de este gobierno tiene que ir dirigido hacia ellos, debe ser para ellos y se sabe que se está trabajando duro para sacarlos de ese marasmo, de esas carencias tan esenciales; pero falta algo muy importante: el discurso tiene que ser para los pobres y la clase media por igual, sin exclusiones; los logros de la revolución tiene que ser para ambas “clases”.

No puede ser que Mercal sea para las clases de menores recursos, porque eso es excluyente. Tiene que ser para todos. Que los “pobres” hagan colas debajo un palo’e sol para acceder a los alimentos básicos. Es que ellos no se merecen unas instalaciones adecuadas con todas las comodidades de una mercancía bien dispuesta, que no sea después de una interminable cola, sin ninguna oportunidad de que esta actividad sea grata y no un sacrificio o un castigo por no tener otra posición económica. En PDVAL es lo mismo.

¿Entonces, qué hemos logrado con la revolución? ¿Ahondar más nuestras diferencias? Hay un viejo dicho que reza: que el hombre pobre no va a la iglesia de los ricos, allí no se le recibe como hijo de Dios. Eso nos está pasando. ¿Y los que vienen ascendiendo producto de los logros de la revolución, se van a conseguir con eso? Sí, por ahora, porque esperamos superarlo, pero por cuánto tiempo habrá que esperar. Hay algo que políticamente es inconveniente y peligroso: el desencanto, la desilusión, la desesperanza, la contrariedad, el desaliento, la decepción por el proyecto político.

El presidente en un discurso, hace tiempo atrás, decía que a él le gustaría que Venezuela fuera un país conformado por una gran clase media, que la mayoría de su población fuera de la clase media –pienso que por utilizar una expresión que el llegara a todo el auditórium-; pero, hasta ahora no hay un discurso bien claro y expedito que apunte hacia ese objetivo maravilloso: una sociedad sin clases.

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Argenis Pinzón

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