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¿Qué pasó con los “exit-polls”?
Por: Ramón Alberto Escalante
Fecha de publicación: 22/08/04
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tus panas
Ciertamente, la mayoría de centros de votación residenciales y de clase media estuvieron impregnados el 15 de agosto de un favoritismo a favor del Sí. En cada cola se hacían predicciones optimistas sobre el destino de Chávez preso e inhabilitado. Aunque la mayoría guardaba silencio prudente y tímido, la atmósfera estaba presidida por el triunfalismo opositor.

La jornada comicial en esas zonas operó bajo el mismo impacto de los últimos tres años. Porque comunicacionalmente la condición de chavista había sido equiparada a la de inculto, resentido social, quizás corrupto e indudablemente violento. De hecho, la alienante avalancha subsumió en el chavismo todos los males de la sociedad: es una dictadura, comunista, asesina y también vulgar.

Tal campaña fue eficiente en muchos aspectos. Los adherentes del mensaje permanecieron impenetrables para cualquier otra emisión distinta al código maestro. Nació un circuito cerrado de opinión pública que operaba como un filtro para prevenir el disenso, la crítica o la capacidad de dudar. Operaba a la perfección hacia dentro pero tenía el defecto de no incluir ningún plan de captación y convencimiento del chavista o del indeciso.

Es más, trabajaba con la autoestima personal. Hasta el más modesto opositor hablaba inclusivamente: somos quince millones, hoy lo tumbamos, el “líder” Juan Fernández, “preferimos renunciar a Pdvsa porque no nos gusta el comunismo”. Y a cada chavista arrepentido, fuese Guaicaipuro Lameda o Francisco Usón, Pablo Medina o la antigua apoderada Virgina Contreras, le montaban en tarimas para profesar su odio novísimo hacia “el régimen”.

En la acera contraria se delineó al “régimen” como un todo deleznable. Los millares de personas que iban a sus mítines eran “bandas armadas, círculos de terror, locos que creían en otro loco”. Incluso quien se mostrara neutral o poco crítico hacia el “oficialismo” recibía el calificativo de “chavista-light”, que traducía en su metalenguaje una forma disimulada de “vendido”, o corrupto-encubierto.

En esos años de la campaña uniforme, el disenso pasó a la clandestinidad. Tras cada estupidez de la Coordinadora fue mayor el número de personas que guardaron silencio. Porque los filtros funcionaban implacablemente: todos los mensajes de texto, todas las llamadas al aire, todos los artículos publicados, todos los invitados y todas las preguntas del moderador respetaban fielmente la letra de la campaña maestra.

Como yo trabajo con encuestas, hace mucho tiempo descubrí que la gente tenía miedo. Ya no querían ni abrir la puerta para atender el cuestionario. Claro, los alineados con la campaña maestra sí actuaban parlanchines y engolados. Incluso sus respuestas eran calco fiel y detallado de lo que en la mañana habían dicho Marta Colomina o Napoleón Bravo.

Ser chavista resultaba en esa campaña una forma de estigmatización social. Y ser neutral o crítico hacia la Coordinadora también aparejaba el riesgo de degradación.

El disenso se pagaba con exclusión del seno familiar y amistoso porque siempre estuvo en el ambiente la certeza que, una vez caídos, los cazarían como a ratas, los inhabilitarían y jamás les permitirían volver.

En el camino, mientras más errores, omisiones y falencias mostraba la Coordinadora, más gente pasaba al silencio. Después que justificaron el golpe de Carmona, los asaltos y linchamientos del 12 de abril y el desastre del paro indefinido, ya ni se molestaban en llamar a los programas porque sabían que no saldrían al aire. Y de allí la fatal equivocación de las encuestas, incluso los de boca de urna el 15 de diciembre. Sólo respondían los ufanos integrantes del circuito de opinión pública. Los otros permanecían silenciosos o esquivos.

Con las luces de televisión a su lado la Coordinadora Democrática arrinconó violentamente a la opinión pública venezolana. O eres opositor que quería decir demócrata, inteligente, decente y honrado, o eres chavista que traducía todo lo malo del mundo. No había tintas medias ni posibilidad alguna de disentir de sus errores.

Puestos en la disyuntiva fatal, millares de trabajadores petroleros perdieron el empleo. Y como dentro del chavismo también se había generado una reacción radical terminaron conformándose círculos sociales concéntricos: opositores sólo hablan con opositores y oficialistas sólo con oficialistas.

La campaña opositora, esencialmente apabullante, de coacción y choque, careció entonces de toda efectividad más allá de su mercado cautivo. Y es que hasta el más modesto activista opositor se creía poseedor de la verdad absoluta Así desecharon la posibilidad de captar a nadie más allá de los propios incondicionales.

Progresivamente su prepotencia generó un rechazo también silencioso pero masivo. Puestos así, entre la espada y la pared, la gente prefirió votar mayoritariamente por el otro, olvidando por un momento sus errores, inacciones, las horas que pierde hablando, las presiones contra los firmantes y la impunidad en los casos de corrupción. Arrinconados por la generalización que los tildaba a todos de pillos, el gobierno se ha cohibido de investigar los conocidos casos de corrupción y se da la paradoja que la impunidad se ha visto favorecida por la manipulación propagandística.

Estadísticas en mano sostengo que ni las misiones, planes y canongías, ni las nuevas cedulaciones ni las nacionalizaciones, ni las migraciones arbitrarias, nada alcanza a cuantificar la magnitud de la votación efectivamente obtenida. De allí sacó el gobierno varias decenas de miles, pero la verdadera ventaja vino del sentimiento de revancha que pasó factura por la arrogancia y la sordera de quienes pretendieron pensar por el país.

Ya despertando de la sugestión colectiva, estafados y de súbito encandilados por la realidad, los opositores son atizados como leños ardientes para inflamar un sentimiento generalizado de depresión. Porque a la final, éste fue víctima, no victimario, de este alucinante episodio… Y todavía queda quien tense hasta el límite de lo insoportable su angustia y decepción con las pamplinadas del fraude electrónico…

Abogado y Politólogo raescalante@hotmail.com
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Ramón Alberto Escalante


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