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Por una Nación Soberana de Estados Latinoamericanos (parte I)
Por: UNIÓN LATINOAMERICANA SIGLO XXI
Fecha de publicación: 07/11/02
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“La bandera estrellada flotará
sobre toda la América Latina, hasta la tierra del Fuego,
único límite que reconoce la ambición de nuestra raza”

Mr. Preston, senador estadounidense, 1838.

La bandera norteamericana ya flamea en la mayoría de los países de nuestra gran patria. Lentamente, pero con absoluta sutileza, ocurrencia e imaginación, la intervención imperialista en América latina fue creciendo y proliferando de manera ininterrumpida por aproximadamente 200 años. La historia universal de los imperialismos es básicamente la misma para todos ellos: los países de turno que ostentan el poder mundial, y lo ejercen para proteger e imponer sus intereses, al ensancharse, obedecen a una necesidad de su propia salud. Sin embargo, con estos hechos <<llega la profunda tristeza de comprender que nuestros males son obra, más que de la avidez de los extraños, de nuestra incapacidad para la lucha, de nuestra visión estrecha y ensimismada, y de nuestra dispersión y nuestro olvido de los intereses trascendentales>>[1].

Hoy en día a los latinoamericanos nos toca vivir un momento crucial: Intereses foráneos proliferan de tal forma y magnitud que nos convierten en extraños en nuestra propia tierra. Dicho de otro modo, volvemos a ser colonia - si es que alguna vez lo dejamos de ser -. Pasado el siglo de las revoluciones latinoamericanas, muchas de las cuales no significaron otra cosa que un cambio de amo, hoy sufrimos, por un lado, la peor y más sanguinaria intervención, y por el otro, un sometimiento tan avasallador que podría asquear hasta al típico dandy de las más reaccionarias épocas. El llamado a frenar esta crítica situación apremia: sólo podremos enfrentarla correctamente si tomamos cabal conciencia de nuestro paupérrimo presente y convocamos al pueblo de América latina a participar activamente de un Plan Revolucionario de Emancipación Latinoamericano.


América latina sigue prescindiendo de su autonomía al haber sido sistemáticamente desmembrada su conciencia colectiva de nación. Por tanto, lo primero por hacer es quitarse el velo traicionero, abrir bien los ojos, y lanzarse a la búsqueda de aquella conciencia perdida, cuando no olvidada. Indaguemos, exploremos, busquemos...

Tomar conocimiento de esto, implica comprender la brutal intromisión del imperialismo en nuestros Estados hermanos, lo cual, a su vez, nos lleva a formular las siguientes dos preguntas claves: ¿Cómo reconquistar nuestros recursos naturales, económicos, industriales y culturales? y ¿Tendremos que enfrentarnos al inmenso e inagotable poder del imperialismo para llevar a cabo semejante obra? La respuesta a la primera pregunta es simple: América latina tiene que, inaplazablemente, constituirse en nación. No crea, estimado lector, que esto es una utopía ridícula e imposible. Más bien yo diría que lograr tan glorioso destino es bastante factible, partiendo de la base que ese justo objetivo nunca fue una quimera irrealizable.

Tanto en el pasado como en la actualidad, numerosos proyectos impulsados por algunos gobiernos latinoamericanos, políticos, economistas, e intelectuales relacionados o no con el gobierno de turno, apoyaron y apoyan la idea de la gran integración, o por lo menos, y muy probablemente sin saberlo, la refuerzan. De todas maneras, este tema aplicado a las conquistas y luchas del pasado, corresponde a un capítulo aparte: al de la reivindicación de la verdadera historia, la misma que hoy se halla enterrada, denigrada y estratégicamente reemplazada.

Con respecto a la segunda pregunta, su respuesta no deja de ser más sencilla que la anterior: no podremos cristalizar nuestra gran emancipación sin enfrentarnos al terrorismo financiero mundial o imperialismo. La confrontación es insoslayable puesto que para reconquistar la tierra, la dignidad y los derechos que nos fueron usurpados, en
resumidas cuentas: para recuperar la savia latinoamericana, y con ella, la esencia de vivir libres en una sociedad justa, debemos arrebatárselas a los dueños actuales.

Ahora bien, centrándonos en la respuesta a la primera pregunta, el Plan Revolucionario de Emancipación Latinoamericano, al que hice mención antes, puede empezar por “hacerles ver” a los habitantes de esta gloriosa tierra que no están solos ni vencidos, y que mucho se está haciendo en nombre de la libertad de nuestros Estados, tanto adentro como afuera de los mismos.

Estimados latinoamericanos, sepan que el Plan de Emancipación ya está en marcha, porque hoy, América latina se encuentra movilizada. Sin embargo, ahora debemos enfrentar el desafío más importante y también el más complicado: aglutinar y articular todos los movimientos en un solo Frente Nacional Latinoamericano. Nuestra gran patria no esta sufriendo simplemente un episodio de crisis o estallido social, sino que esta vez se trata de una lucha por la definitiva liberación nacional: la revolución decisiva, última y determinante.

El aspecto político del Plan de Emancipación también está en proceso: Los Foros latinoamericanos y el reciente Foro Mundial; el Encuentro Hemisférico contra el ALCA en la Habana; el pedido formal de Venezuela de ingreso al MERCOSUR; la consolidación del bloque Venezuela - Brasil; las Exposiciones y Conferencias contra el Plan Colombia, como la presentada por Tarek William Saab, presidente de la Comisión de Política Exterior de la Asamblea Nacional Venezolana, en el Parlamento Latinoamericano, o la ponencia del ex-Coronel del ejército ecuatoriano, Jorge Brito Albuja, organizada por la Comisión Parlamentaria encargada de evaluar el Plan Colombia y la ADPH. Asimismo, también podemos nombrar a las FARC en Colombia, única defensa militar contra la intervención norteamericana en el continente -aunque por el momento las FARC solo se enfrenten a los paramilitares, bien sabemos que estos últimos están financiados por Washington-; el EZLN en México, y muchos otros. Finalmente, pero con el mayor peso político específico, se encuentran [2]: el coraje político de Brasil; el permanente ejemplo de autodeterminación, dignidad y libertad del pueblo Cubano, y muy recientemente, el Movimiento Bolivariano Revolucionario (MBR-200), del pueblo de Venezuela, que desde el 6 de diciembre de 1998, se ha constituido en el más valioso aporte al proceso revolucionario en América latina.

Resumiendo, el aspecto político del Plan, que en realidad forma parte de lo “Revolucionario” del mismo, hoy nos demuestra la madurez requerida como para constituirse definitivamente en la realidad excluyente de nuestra patria. A este respecto, sólo resta terminar de armar y consolidar una base política interestatal sólida y permanente, que nos aglutine a todos bajo una misma bandera: la de la emancipación nacional.

Permítanme tratar ahora una cuestión básica del Plan. ¿Qué ocurre con el aspecto cultural del mismo?. Creo yo que para hacer frente a este factor fundamental también debemos luchar por su emancipación específica. Este aspecto constituye la etapa limitante del Plan, llegando a necesitar decenas de años o incluso muchos más. En estos días, el proceso de reivindicación cultural lleva implícito la reeducación de millones de latinoamericanos, a los que , además, se les deberá demostrar que la cristalización de una NACIÓN SOBERANA de Estados Latinoamericanos es una lucha antiimperialista o no es otra cosa más que globalización y más del nuevo orden mundial, es decir, injusticia global y esclavitud mundial.

Respecto a la cuestión de la emancipación o soberanía cultural, yo invito a quitarse la mortaja con la que fuimos cubiertos de cuerpo entero, mortaja que nos esclaviza cada vez más por divorciarnos de la perspectiva de pensar un presente y un futuro digno y justo. Entonces, el primer paso, y por ende, el fundamental, es la emancipación de los medios de comunicación masivos que hoy regulan el día a día de los argentinos y de los latinoamericanos en general. Estas agencias informativas persiguen un objetivo preciso: colaborar con el sostenimiento y la preservación del orden mundial imperante, es decir, proteger el status quo del poder corporativo de la sociedad moderna y la dominación del programa neoliberal del libre comercio, con su sistemático rechazo de alternativas: -Margaret Tatcher: “No hay alternativas”... Caramba, que coincidencia con el ministro Caballo y el prescindente De la Rúa!

Resulta más que obvia, que la búsqueda y consulta de Fuentes de Información Libres de Imperialismo o FILIs, es vital para lograr un esbozo de independencia en el sentido expuesto.

Llevar a cabo este objetivo parecerá dificultoso o hasta imposible, no lo niego; es agotador hallar la verdad de la realidad, pero permítanme decirles algo, en mi caso particular fue desde aquel entonces en que me sentí verdaderamente libre y sin ataduras, tal como muchos otros debieron haberse sentido, hace cientos de años, cuando el dominio externo era cientos de veces menos punzante y dominador.

Como hice en un principio y como propongo para empezar: es imperante evitar la lectura y consulta de aquellas fuentes de noticias o información, que por ejemplo, afirman estar a favor de los derechos humanos pero adhieren a la lucha contra el terrorismo aceptando el criminal bombardeo sobre Afganistán. Es una de las cosas más cínicas y abominables hablar de guerra humanitaria, existiendo a la vez, más de tres millones de afganos que son desplazados de su tierra para evitar las bombas “destruye todo” de EE.UU., y que simultáneamente están probando: <<Esto es tan humanitario como los nazis tirando bombas sobre la Unión Soviética durante la segunda guerra mundial para “liberar” el mundo del comunismo>>.[3]

Las agencias de noticias más poderosas, los periódicos más importantes, todos ellos y sin excepción, son mercenarios de los grandes grupos económicos de poder. Veamos ahora un ejemplo del tipo “Naciones Unidas, Consejo de
Seguridad y demás falacias”, que tanto les gusta nombrar a los falsos apóstoles de los derechos humanos: ¿por qué ninguno de las agencias de noticias o periódicos tan majestuosos como “La Nación” o “Clarín”, entre muchos otros, no sostienen que la guerra de EE.UU. viola el derecho internacional? El artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, artículo 2, dispone lo siguiente: “Los miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier forma compatible con los Propósitos de las Naciones Unidas”.

Los EE.UU. invocan al artículo 51 como fundamento jurídico de su guerra contra el terrorismo internacional , pero se equivocan ya que este artículo está dirigido a las relaciones entre Estados Miembros de las Naciones Unidas, y no a las relaciones entre Estados e individuos particulares. Que yo sepa, ningún Estado se ha atribuido el ataque; tampoco se ha demostrado que algún Estado esté implicado, ni siquiera como responsable intelectual; finalmente, ningún Estado le ha declarado la guerra a los Estados Unidos. Jurídicamente no existe, pues, un “Estado enemigo” contra quien dirigir las fuerzas ofensivas de la potencia humanista. El enemigo carece de rostro, de identidad nacional y de bandera estatal.

Por otro lado, este mismo artículo reconoce el derecho a la legítima defensa “en caso de ataque armado... hasta tanto el Consejo de Seguridad haya tomado las medidas necesarias para mantener la paz y la seguridad internacionales” Pregunto, ¿Hubo ataque armado?, no, no lo hubo, con lo cual este hecho impide la invocación del Artículo 51 de la Carta. Peor aun, tampoco puede invocarse la legítima defensa, puesto que ésta última exige que se dé como precondición la verificación de un ataque armado. “En definitiva, Estados Unidos no puede invocar el derecho a la legítima defensa conforme al Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, ni tampoco ejercer el derecho a la represalia.

Otro dato revelador: contrario a lo que se ha sostenido en la OEA, Estados Unidos no tienen ningún derecho a represalia, particularmente la bélica, por dos razones fundamentales. La primera, porque Estados Unidos no ha exigido reparaciones ni indemnizaciones a ningún Estado, y la segunda, porque ningún Estado se ha negado, por lo tanto, a hacer reparaciones. En el pasado, sólo cuando el Estado agresor se negaba a reparar el daño hecho, existía el derecho a represalia por parte del Estado víctima.

Estas irrefutables aseveraciones, entre muchas otras, no hace otra cosa que poner en ridículo al gobierno Norteamericano. Es más, la ridiculez del asunto llega al extremo de situar a esta “cruzada bélica” -Bush junior-, como una causa militar inédita, puesto que es la primera vez que un imperio hace la guerra, no a un Estado, sino a un hombre. Realmente, los yanquis son fantásticos!

Volviendo al tema de los medios de comunicación masivos o “los guardianes de la libertad” [4], la propaganda actual puede llevar a creer que no existe otro terrorismo que el islamista. Evidentemente, es falso. En el mismo momento en que tiene lugar este conflicto, otros “terrorismos” están actuando en buena parte del mundo no musulmán. Bombardeemos entonces al ETA de España, a los paramilitares de Colombia, a los Tigres tamules en Sri Lanka; por qué no al IRA, o a cualquier otro grupo terrorista disperso por algún rincón del planeta. Sin ir más lejos, y siguiendo con el accionar de Washington, sería justo bombardear EE.UU. con la sola y reveladora lectura de las masacres y asesinatos perpetrados por los Estados Unidos en América Central, América del Sur, África y Medio Oriente -entre otras regiones-, sin interrupción y por más de cien años.

Para concluir, América latina, como otras regiones o países “en vías de desarrollo” es presa del nuevo orden mundial, que en realidad, no es más que la continuación del viejo orden, pero adaptado a nuevas circunstancias. La reivindicación de nuestra autonomía es ahora o nunca, y sólo podrá cristalizarse mediante un Plan Revolucionario de Emancipación Latinoamericano.
Queridos compatriotas, somos millones los que luchamos por el cambio, y somos miles de millones los que queremos cambiar el orden mundial imperante, opresor y dictatorial.
Y no se olviden: América latina está en marcha porque son millones los que hoy alzan olvidadas banderas de soberanía, emancipación y dignidad. Un “nuevo” Bolivar reaparece en escena, nada menos que ahora, en vez de contar con el apoyo de Haití, lo hace con el fortísimo respaldo del único pueblo de nuestra gran nación que es verdaderamente libre: Cuba.

Centremos nuestras fuerzas en la revolución ya despierta, convoquemos a la búsqueda de nuestra propia conciencia nacional antiimperialista; indaguemos, exploremos y consultemos aquellas fuentes libres de imperialismo, bregando por la creación de la primera Agencia de Noticias Latinoamericana, autónoma y soberana, dirigida conjuntamente por los gobiernos libres o en vías conseguir la libertad tan anhelada.

La batalla por la liberación nacional ya comenzó: La lucha librada en todos los frentes, le imprime, por esta misma razón, el carácter invencible, irrefrenable, definitivo y revolucionario al movimiento popular.

Alcemos las banderas de la independencia Latinoamericana, para que de una buena vez y para siempre, constituya la realidad salvadora y realidad al fin.


Por Federico M. Bugarte
UL21
http://www.geocities.com/unilatinasiglo21/Principal/


[1] Manuel Ugarte “El destino de un Continente”, capítulo primero.

[2] La reciente reconquista de dignidad y patriotismo del pueblo Argentino durante los históricos 19 y 20 de diciembre, me obligan a la orgullosa tarea de sumar estos hechos gloriosos a la ya formulada lista de eventos latinoamericanos que estimulan el despertar de nuestra gran Nación. Estos eventos y sus circunstancias serán desarrollados en la segunda parte de este escrito.

[3] James Petras, artículo publicado en “La página de Petras”, portal Rebelión, octubre de 2001.

[4] Véase “Los guardianes de la libertad”. Propaganda, desinformación y consenso en los medios de comunicación de masas, N. Chomsky, S. Herman, 1995.

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