“La bandera estrellada flotará
sobre toda la América Latina, hasta la tierra del Fuego,
único límite que reconoce la ambición de nuestra raza”
Mr. Preston, senador estadounidense, 1838.
La bandera norteamericana ya flamea en la mayoría de los países
de nuestra gran patria. Lentamente, pero con absoluta sutileza, ocurrencia e
imaginación, la intervención imperialista en América latina
fue creciendo y proliferando de manera ininterrumpida por aproximadamente 200
años. La historia universal de los imperialismos es básicamente
la misma para todos ellos: los países de turno que ostentan el poder
mundial, y lo ejercen para proteger e imponer sus intereses, al ensancharse,
obedecen a una necesidad de su propia salud. Sin embargo, con estos hechos <<llega
la profunda tristeza de comprender que nuestros males son obra, más que
de la avidez de los extraños, de nuestra incapacidad para la lucha, de
nuestra visión estrecha y ensimismada, y de nuestra dispersión
y nuestro olvido de los intereses trascendentales>>[1].
Hoy en día a los latinoamericanos nos toca vivir un momento crucial:
Intereses foráneos proliferan de tal forma y magnitud que nos convierten
en extraños en nuestra propia tierra. Dicho de otro modo, volvemos a
ser colonia - si es que alguna vez lo dejamos de ser -. Pasado el siglo de las
revoluciones latinoamericanas, muchas de las cuales no significaron otra cosa
que un cambio de amo, hoy sufrimos, por un lado, la peor y más sanguinaria
intervención, y por el otro, un sometimiento tan avasallador que podría
asquear hasta al típico dandy de las más reaccionarias épocas.
El llamado a frenar esta crítica situación apremia: sólo
podremos enfrentarla correctamente si tomamos cabal conciencia de nuestro paupérrimo
presente y convocamos al pueblo de América latina a participar activamente
de un Plan Revolucionario de Emancipación Latinoamericano.
América latina sigue prescindiendo de su autonomía al haber sido
sistemáticamente desmembrada su conciencia colectiva de nación.
Por tanto, lo primero por hacer es quitarse el velo traicionero, abrir bien
los ojos, y lanzarse a la búsqueda de aquella conciencia perdida, cuando
no olvidada. Indaguemos, exploremos, busquemos...
Tomar conocimiento de esto, implica comprender la brutal intromisión
del imperialismo en nuestros Estados hermanos, lo cual, a su vez, nos lleva
a formular las siguientes dos preguntas claves: ¿Cómo reconquistar
nuestros recursos naturales, económicos, industriales y culturales? y
¿Tendremos que enfrentarnos al inmenso e inagotable poder del imperialismo
para llevar a cabo semejante obra? La respuesta a la primera pregunta es simple:
América latina tiene que, inaplazablemente, constituirse en nación.
No crea, estimado lector, que esto es una utopía ridícula e imposible.
Más bien yo diría que lograr tan glorioso destino es bastante
factible, partiendo de la base que ese justo objetivo nunca fue una quimera
irrealizable.
Tanto en el pasado como en la actualidad, numerosos proyectos impulsados por
algunos gobiernos latinoamericanos, políticos, economistas, e intelectuales
relacionados o no con el gobierno de turno, apoyaron y apoyan la idea de la
gran integración, o por lo menos, y muy probablemente sin saberlo, la
refuerzan. De todas maneras, este tema aplicado a las conquistas y luchas del
pasado, corresponde a un capítulo aparte: al de la reivindicación
de la verdadera historia, la misma que hoy se halla enterrada, denigrada y estratégicamente
reemplazada.
Con respecto a la segunda pregunta, su respuesta no deja de ser más
sencilla que la anterior: no podremos cristalizar nuestra gran emancipación
sin enfrentarnos al terrorismo financiero mundial o imperialismo. La confrontación
es insoslayable puesto que para reconquistar la tierra, la dignidad y los derechos
que nos fueron usurpados, en
resumidas cuentas: para recuperar la savia latinoamericana, y con ella, la esencia
de vivir libres en una sociedad justa, debemos arrebatárselas a los dueños
actuales.
Ahora bien, centrándonos en la respuesta a la primera pregunta, el Plan
Revolucionario de Emancipación Latinoamericano, al que hice mención
antes, puede empezar por “hacerles ver” a los habitantes de esta
gloriosa tierra que no están solos ni vencidos, y que mucho se está
haciendo en nombre de la libertad de nuestros Estados, tanto adentro como afuera
de los mismos.
Estimados latinoamericanos, sepan que el Plan de Emancipación ya está
en marcha, porque hoy, América latina se encuentra movilizada. Sin embargo,
ahora debemos enfrentar el desafío más importante y también
el más complicado: aglutinar y articular todos los movimientos en un
solo Frente Nacional Latinoamericano. Nuestra gran patria no esta sufriendo
simplemente un episodio de crisis o estallido social, sino que esta vez se trata
de una lucha por la definitiva liberación nacional: la revolución
decisiva, última y determinante.
El aspecto político del Plan de Emancipación también está
en proceso: Los Foros latinoamericanos y el reciente Foro Mundial; el Encuentro
Hemisférico contra el ALCA en la Habana; el pedido formal de Venezuela
de ingreso al MERCOSUR; la consolidación del bloque Venezuela - Brasil;
las Exposiciones y Conferencias contra el Plan Colombia, como la presentada
por Tarek William Saab, presidente de la Comisión de Política
Exterior de la Asamblea Nacional Venezolana, en el Parlamento Latinoamericano,
o la ponencia del ex-Coronel del ejército ecuatoriano, Jorge Brito Albuja,
organizada por la Comisión Parlamentaria encargada de evaluar el Plan
Colombia y la ADPH. Asimismo, también podemos nombrar a las FARC en Colombia,
única defensa militar contra la intervención norteamericana en
el continente -aunque por el momento las FARC solo se enfrenten a los paramilitares,
bien sabemos que estos últimos están financiados por Washington-;
el EZLN en México, y muchos otros. Finalmente, pero con el mayor peso
político específico, se encuentran [2]: el coraje político
de Brasil; el permanente ejemplo de autodeterminación, dignidad y libertad
del pueblo Cubano, y muy recientemente, el Movimiento Bolivariano Revolucionario
(MBR-200), del pueblo de Venezuela, que desde el 6 de diciembre de 1998, se
ha constituido en el más valioso aporte al proceso revolucionario en
América latina.
Resumiendo, el aspecto político del Plan, que en realidad forma parte
de lo “Revolucionario” del mismo, hoy nos demuestra la madurez requerida
como para constituirse definitivamente en la realidad excluyente de nuestra
patria. A este respecto, sólo resta terminar de armar y consolidar una
base política interestatal sólida y permanente, que nos aglutine
a todos bajo una misma bandera: la de la emancipación nacional.
Permítanme tratar ahora una cuestión básica del Plan. ¿Qué
ocurre con el aspecto cultural del mismo?. Creo yo que para hacer frente a este
factor fundamental también debemos luchar por su emancipación
específica. Este aspecto constituye la etapa limitante del Plan, llegando
a necesitar decenas de años o incluso muchos más. En estos días,
el proceso de reivindicación cultural lleva implícito la reeducación
de millones de latinoamericanos, a los que , además, se les deberá
demostrar que la cristalización de una NACIÓN SOBERANA de Estados
Latinoamericanos es una lucha antiimperialista o no es otra cosa más
que globalización y más del nuevo orden mundial, es decir, injusticia
global y esclavitud mundial.
Respecto a la cuestión de la emancipación o soberanía cultural,
yo invito a quitarse la mortaja con la que fuimos cubiertos de cuerpo entero,
mortaja que nos esclaviza cada vez más por divorciarnos de la perspectiva
de pensar un presente y un futuro digno y justo. Entonces, el primer paso, y
por ende, el fundamental, es la emancipación de los medios de comunicación
masivos que hoy regulan el día a día de los argentinos y de los
latinoamericanos en general. Estas agencias informativas persiguen un objetivo
preciso: colaborar con el sostenimiento y la preservación del orden mundial
imperante, es decir, proteger el status quo del poder corporativo de la sociedad
moderna y la dominación del programa neoliberal del libre comercio, con
su sistemático rechazo de alternativas: -Margaret Tatcher: “No
hay alternativas”... Caramba, que coincidencia con el ministro Caballo
y el prescindente De la Rúa!
Resulta más que obvia, que la búsqueda y consulta de Fuentes
de Información Libres de Imperialismo o FILIs, es vital para lograr un
esbozo de independencia en el sentido expuesto.
Llevar a cabo este objetivo parecerá dificultoso o hasta imposible,
no lo niego; es agotador hallar la verdad de la realidad, pero permítanme
decirles algo, en mi caso particular fue desde aquel entonces en que me sentí
verdaderamente libre y sin ataduras, tal como muchos otros debieron haberse
sentido, hace cientos de años, cuando el dominio externo era cientos
de veces menos punzante y dominador.
Como hice en un principio y como propongo para empezar: es imperante evitar
la lectura y consulta de aquellas fuentes de noticias o información,
que por ejemplo, afirman estar a favor de los derechos humanos pero adhieren
a la lucha contra el terrorismo aceptando el criminal bombardeo sobre Afganistán.
Es una de las cosas más cínicas y abominables hablar de guerra
humanitaria, existiendo a la vez, más de tres millones de afganos que
son desplazados de su tierra para evitar las bombas “destruye todo”
de EE.UU., y que simultáneamente están probando: <<Esto
es tan humanitario como los nazis tirando bombas sobre la Unión Soviética
durante la segunda guerra mundial para “liberar” el mundo del comunismo>>.[3]
Las agencias de noticias más poderosas, los periódicos más
importantes, todos ellos y sin excepción, son mercenarios de los grandes
grupos económicos de poder. Veamos ahora un ejemplo del tipo “Naciones
Unidas, Consejo de
Seguridad y demás falacias”, que tanto les gusta nombrar a los
falsos apóstoles de los derechos humanos: ¿por qué ninguno
de las agencias de noticias o periódicos tan majestuosos como “La
Nación” o “Clarín”, entre muchos otros, no sostienen
que la guerra de EE.UU. viola el derecho internacional? El artículo 51
de la Carta de las Naciones Unidas, artículo 2, dispone lo siguiente:
“Los miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales,
se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la
integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado,
o en cualquier forma compatible con los Propósitos de las Naciones Unidas”.
Los EE.UU. invocan al artículo 51 como fundamento jurídico de
su guerra contra el terrorismo internacional , pero se equivocan ya que este
artículo está dirigido a las relaciones entre Estados Miembros
de las Naciones Unidas, y no a las relaciones entre Estados e individuos particulares.
Que yo sepa, ningún Estado se ha atribuido el ataque; tampoco se ha demostrado
que algún Estado esté implicado, ni siquiera como responsable
intelectual; finalmente, ningún Estado le ha declarado la guerra a los
Estados Unidos. Jurídicamente no existe, pues, un “Estado enemigo”
contra quien dirigir las fuerzas ofensivas de la potencia humanista. El enemigo
carece de rostro, de identidad nacional y de bandera estatal.
Por otro lado, este mismo artículo reconoce el derecho a la legítima
defensa “en caso de ataque armado... hasta tanto el Consejo de Seguridad
haya tomado las medidas necesarias para mantener la paz y la seguridad internacionales”
Pregunto, ¿Hubo ataque armado?, no, no lo hubo, con lo cual este hecho
impide la invocación del Artículo 51 de la Carta. Peor aun, tampoco
puede invocarse la legítima defensa, puesto que ésta última
exige que se dé como precondición la verificación de un
ataque armado. “En definitiva, Estados Unidos no puede invocar el derecho
a la legítima defensa conforme al Artículo 51 de la Carta de las
Naciones Unidas, ni tampoco ejercer el derecho a la represalia.
Otro dato revelador: contrario a lo que se ha sostenido en la OEA, Estados Unidos
no tienen ningún derecho a represalia, particularmente la bélica,
por dos razones fundamentales. La primera, porque Estados Unidos no ha exigido
reparaciones ni indemnizaciones a ningún Estado, y la segunda, porque
ningún Estado se ha negado, por lo tanto, a hacer reparaciones. En el
pasado, sólo cuando el Estado agresor se negaba a reparar el daño
hecho, existía el derecho a represalia por parte del Estado víctima.
Estas irrefutables aseveraciones, entre muchas otras, no hace otra cosa que
poner en ridículo al gobierno Norteamericano. Es más, la ridiculez
del asunto llega al extremo de situar a esta “cruzada bélica”
-Bush junior-, como una causa militar inédita, puesto que es la primera
vez que un imperio hace la guerra, no a un Estado, sino a un hombre. Realmente,
los yanquis son fantásticos!
Volviendo al tema de los medios de comunicación masivos o “los
guardianes de la libertad” [4], la propaganda actual puede llevar a creer
que no existe otro terrorismo que el islamista. Evidentemente, es falso. En
el mismo momento en que tiene lugar este conflicto, otros “terrorismos”
están actuando en buena parte del mundo no musulmán. Bombardeemos
entonces al ETA de España, a los paramilitares de Colombia, a los Tigres
tamules en Sri Lanka; por qué no al IRA, o a cualquier otro grupo terrorista
disperso por algún rincón del planeta. Sin ir más lejos,
y siguiendo con el accionar de Washington, sería justo bombardear EE.UU.
con la sola y reveladora lectura de las masacres y asesinatos perpetrados por
los Estados Unidos en América Central, América del Sur, África
y Medio Oriente -entre otras regiones-, sin interrupción y por más
de cien años.
Para concluir, América latina, como otras regiones o países “en
vías de desarrollo” es presa del nuevo orden mundial, que en realidad,
no es más que la continuación del viejo orden, pero adaptado a
nuevas circunstancias. La reivindicación de nuestra autonomía
es ahora o nunca, y sólo podrá cristalizarse mediante un Plan
Revolucionario de Emancipación Latinoamericano.
Queridos compatriotas, somos millones los que luchamos por el cambio, y somos
miles de millones los que queremos cambiar el orden mundial imperante, opresor
y dictatorial.
Y no se olviden: América latina está en marcha porque son millones
los que hoy alzan olvidadas banderas de soberanía, emancipación
y dignidad. Un “nuevo” Bolivar reaparece en escena, nada menos que
ahora, en vez de contar con el apoyo de Haití, lo hace con el fortísimo
respaldo del único pueblo de nuestra gran nación que es verdaderamente
libre: Cuba.
Centremos nuestras fuerzas en la revolución ya despierta, convoquemos
a la búsqueda de nuestra propia conciencia nacional antiimperialista;
indaguemos, exploremos y consultemos aquellas fuentes libres de imperialismo,
bregando por la creación de la primera Agencia de Noticias Latinoamericana,
autónoma y soberana, dirigida conjuntamente por los gobiernos libres
o en vías conseguir la libertad tan anhelada.
La batalla por la liberación nacional ya comenzó: La lucha librada
en todos los frentes, le imprime, por esta misma razón, el carácter
invencible, irrefrenable, definitivo y revolucionario al movimiento popular.
Alcemos las banderas de la independencia Latinoamericana, para que de una buena
vez y para siempre, constituya la realidad salvadora y realidad al fin.
Por Federico M. Bugarte
UL21
http://www.geocities.com/unilatinasiglo21/Principal/
[1] Manuel Ugarte “El destino de un Continente”, capítulo
primero.
[2] La reciente reconquista de dignidad y patriotismo del pueblo Argentino
durante los históricos 19 y 20 de diciembre, me obligan a la orgullosa
tarea de sumar estos hechos gloriosos a la ya formulada lista de eventos latinoamericanos
que estimulan el despertar de nuestra gran Nación. Estos eventos y sus
circunstancias serán desarrollados en la segunda parte de este escrito.
[3] James Petras, artículo publicado en “La página de Petras”,
portal Rebelión, octubre de 2001.
[4] Véase “Los guardianes de la libertad”. Propaganda, desinformación
y consenso en los medios de comunicación de masas, N. Chomsky, S. Herman,
1995.