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El cuento de la unidad

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Fecha de publicación:
-I
E s conveniente que en Venezuela exista una oposición responsable. La necesita el sector que enfrenta al presidente Chávez. La necesita el chavismo. Y lo más importante: la necesita el país. No descubro con esto que escribo el agua tibia: la Constitución Bolivariana consagra el pluralismo, es decir, la participación de los ciudadanos de cualquier tendencia política e ideológica en el marco del Estado de derecho. Lo prevé la propuesta de socialismo del Siglo XXI, concebido éste en libertad y democracia. A lo que hay que agregar que durante los 10 años de proceso bolivariano, la oposición ha fallado, no por culpa del gobierno de Chávez sino por la infinidad de errores en que ha incurrido. No hay contrapeso en Venezuela no por falta de garantías y de espacios, sino porque la oposición en su conjunto -salvo excepciones- tomó el atajo de la aventura extraconstitucional. A los partidos y grupos que se autodefinen como oposición se les plantea un nuevo desafío para el próximo año, con motivo de la elección de la Asamblea Nacional. En el pasado reciente incurrieron en la insólita actitud de abstenerse y ahora prometen no hacerlo. Ojalá que así sea para que Venezuela cuente con un Poder Legislativo donde participen variadas expresiones del espectro político. Pero lo confieso: tengo mis dudas.

En especial por el culto en abstracto a la unidad que se observa en la oposición, difundido con vehemencia casi religiosa y con la pretensión de remitir la posibilidad de éxito a la mitologización de la praxis unitaria. O sea, construir algo para lo cual no hay condiciones apelando, como antes se solía decir, al manual: lo objetivo y lo subjetivo. Pero resulta, que no existe voluntad colectiva para entenderse debido a las múltiples posiciones que se mueven en el mundo surrealista de la oposición. Y luego, porque se carece de un programa que cohesione; de un proyecto de país con poder de atracción.

Además, no hay un liderazgo reconocido y respetado, capaz de convocar a la unidad contra Chávez con suficiente autoridad. Todas las experiencias de búsqueda de la unidad electoral en el país fracasaron en el pasado por falta de esos elementos claves. Basta con revisar la historia de los últimos 50 años para comprobarlo.


-II
¿Cómo construir la unidad sin oferta programática válida y sin un líder orgánico, no un mesías, que insufle ánimo, que trasmita credibilidad, cuando lo que hoy impera en ese campo es el descrédito de quienes dicen representarlo? No quiero entrar en descalificaciones personales. Sólo me interesa el manejo del tema conectado a una realidad que la propia oposición reconoce. Porque en 10 años la conducción de la oposición fue incapaz de elaborar un proyecto de interés nacional, distinto a la anacrónica oferta del pasado como opción que suele hacer con desfachatez, y construir un liderazgo alternativo verdaderamente confiable.

Las consecuencias uno las percibe con claridad en los agónicos esfuerzos que realizan diferentes elementos de oposición en pos de una icónica unidad que mientras más se publicita más defectos y carencias exhibe. Sus contradicciones son del mismo calibre que las de anteriores episodios. Cada vez que se menciona la palabra sacralizada -unidad-, se abren nuevos huecos. El fantasma de la "sociedad civil", agitado tiempo atrás por personalidades ligadas a grupos empresariales, convertido luego en ariete contra los partidos, se pasea de nuevo por el escenario. Renacen las reservas y crecen las tensiones. Figuras estudiantiles convertidas de pronto en héroes por los medios, plantean políticas que difieren abiertamente de los partidos. Los propios medios mantienen posiciones definidas y tratan de imponérselas a los dirigentes partidistas. Y movimientos que hacen acrobacia entre la desestabilización y la legalidad, en esa cuerda floja que desmotiva a los antichavistas que nada quieren con aventuras, contribuyen a incrementar la confusión. Por eso es que para muchos la unidad de la oposición es puro cuento. Siembra de ilusiones en terreno árido. ¿Qué hacer?, deberían preguntarse las personas serias y sensatas de ese sector, dispuestas a hacer aportes al desarrollo institucional del país.

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