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Ocupación con odio se paga
Por: Juana Carrasco Martín ( Especial para Gramma Internacional)
Fecha de publicación: 13/07/04
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Nota de aporrea: El soldado iraquí que mató a cuatro marines estadounidenses, luego que viera cómo éstos asesinaban en su pueblo natal, refleja bien a las claras aquella definición del prócer cubano José Martí, en su obra Abdala: El amor, madre, a la patria…/ Es el odio invencible a quien la oprime,/ Es el rencor eterno a quien la ataca...

A Iraq lo desangran, día a día, desde el 20 de marzo de 2003, cuando George W. Bush y su banda lanzaron la invasión y luego ocuparon militarmente a la rica nación mesopotámica, destapando así un dolor infinito que obliga a la respuesta violenta. De nuevo Martí nos trae la explicación: Quien a su patria defender ansía/ Ni en sangre ni en obstáculo repara…

El número de soldados estadounidenses muertos en Iraq y en Afganistán ya sobrepasó los mil. El último fin de semanas fue especialmente cruento, con siete norteamericanos muertos. Hasta el lunes 887 habían perecido en Iraq y 129 en Afganistán —que no debemos olvidar esa otra guerra de la injusticia—, a los que se unen 117 efectivos de las otras fuerzas coaligadas en la ocupación. Esas cruces penden como espadas sobre George W. Bush y su búsqueda desesperada de petróleo, de posiciones estratégicas para la geopolítica y, ahora, de su renovación en la Casa Blanca.

Apenas quieren mostrar esos cadáveres, ni tampoco los de los iraquíes, militares o civiles…

Pero desde mayo pasado, recorre ciudades y poblados estadounidenses una exposición singular. Parte de su título es Eyes Wide Open (Ojos bien abiertos). Es bien sencilla y terrible la muestra de solo dos elementos o conjuntos: más de 800 pares de botas de combate, cada uno de los cuales lleva una tarjeta con el nombre, grado y lugar de nacimiento de un norteamericano muerto en la guerra de Iraq; y una especie de pared de 24 pies de largo con los nombres y los incidentes de los civiles iraquíes que han perdido la vida. Ya son más de 16 000. En otras locaciones cada uno de esos hombres, mujeres y niños asesinados en su propio suelo, ha sido representado por un cartucho de bala vacío. El nombre de la exhibición se completa así en algunos lugares: The Human Cost of War in Iraq (El costo humano de la guerra en Iraq). En otros con esta frase: Más allá del miedo y hacia la esperanza…

Lo temible es que seguirá creciendo la cifra de las botas y también el largo del muro o el número de los casquillos…

Se trata de ponerle rostro a la guerra, como ese retrato de Bush, que recibimos en un e-mail, y cuando se agranda la figura podemos ver que la imagen del emperador está formada por las fotografías de cada uno de sus soldados muertos en Iraq. Impresionante visión que solo podemos mostrarle, en su magnitud y contenido, en la edición digital de nuestro periódico, pero no hace falta imaginación, sino solamente contemplar lo cotidiano para darse cuenta de lo que la guerra representa en pena y sufrimiento para centenares de familias.

Sin embargo, tan tristemente necesaria contabilidad no parece llevarse en la Casa Blanca, ni en el Pentágono, aunque debieran prestarle atención, cuando la muestra ya ha sido presentada y vista por miles en Washington, la capital, en Chicago, Filadelfia y en varias ciudades de Ohio: Cleveland, Cincinnatti, Akron, Youngstown, Oberlin… Y en los meses que están por delante, cada vez más cercanos al 2 de noviembre, recorrerá más de otra decena de ciudades.

En Washington el evento estuvo acompañado de la palabra de varios activistas por la paz y de tres hombres con un vínculo especial con esas botas militares: Paul Vogel, padre de un muchacho de 24 años, veterano de la guerra de Iraq que ya retornó a su casa en Chicago, pero sabe de las angustias de la espera; Ivan Medina, veterano él mismo de ese conflicto y cuyo hermano gemelo de 22 años murió allá; y Fernando Suárez del Solar, un padre procedente de San Diego, California, cuyo único hijo perdió la vida en suelo mesopotámico.

Mary Ellen McNish, secretaria general del Comité de Amigos de Norteamericanos en Servicio, una organización de filiación cuáquera, explicaba así este memorial vivo, este viaje multisensorial, al que se llega a través de las palabras, las imágenes y el sonido de la guerra: "Hemos puesto estas botas y abrazamos esta pared de nombres en la capital de los Estados Unidos para mostrar a esta nación y al mundo el costo humano de esta injustificada e inmoral guerra que ahora ha tornado en espiral un irracional abuso de prisioneros y el caos"

Sin embargo, quienes gobiernan en Washington justifican ante la opinión pública, un día tras otro, esa guerra en un tiempo tan crítico, cuando abrir bien los ojos debe servir para confrontar la pesadilla y dejar volar los sueños hacia un futuro de paz.

El Beacon Journal decía a finales de junio que Lorna Fleming había ido hasta la Iglesia Unitaria Universalista de Akron desde el poblado de Munroe Falls para ponerles rostros a esos números de Iraq. Allí un solo par de botas era acompañado por el la foto del sargento mayor Robert Dpwdy, de Cleveland, muerto en Iraq a la edad de 38 años.

"Estas son gente que tenía familia y seres queridos y ahora ellos se han ido, ya no están más aquí…", dijo la mujer con lágrimas en los ojos; mientras que Dana Williams, una de los muchos voluntarios que cooperó en tener lista la exposición señalaba: "… no piensas sobre ello directamente porque solo son botas; no hay cuerpos… Pero luego de un rato, algo te golpea, y realmente te enferma cuando piensas sobre ellas como cuerpos en movimiento".

"Estos muchachos eran de la misma edad que mis hijos" —dijo Holly Pirsig, madre de dos jóvenes de Akron— "… y sus vidas se cortaron pronto".

Es la realidad de una guerra que causa sufrimientos en uno y otro lado, donde miles de personas han dado su vida por algo no solo cuestionable, sino plagado de mentiras para que casi todo un pueblo le diera su apoyo y consentimiento. Pero eso ha cambiado. Quienes ven las botas y las listas de los nombres iraquíes sienten pena y también ira.

Todos los jueves de cinco a seis, desde el pasado mes de abril, en la ciudad de Augusta, el matrimonio de Rita y Richard Clement muestran su oposición a la guerra en una pacífica demostración. Otros le siguen entre el tráfico del Memorial Circle. Su hijo Brian sirve en Iraq y ellos no están contra los militares. Simplemente quieren que este de regreso y que nadie silencie su forma de pensar. La policía les amenazó esta semana; ellos regresarán el jueves…

De estos pequeños granos de arena se está haciendo una playa de disenso en Estados Unidos; mientras, en Iraq, las arenas arden, pues la ocupación con odio se paga.
El soldado iraquí que mató a cuatro marines estadounidenses, luego que viera cómo éstos asesinaban en su pueblo natal, refleja bien a las claras aquella definición del prócer cubano José Martí, en su obra Abdala: El amor, madre, a la patria…/ Es el odio invencible a quien la oprime,/ Es el rencor eterno a quien la ataca...

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Juana Carrasco Martín ( Especial para Gramma Internacional)


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