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Revolución en la Revolución
Por: Editorial de La Colmena (Director Pedro Grima)
Fecha de publicación: 06/07/04
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tus panas
El nuevo país que tratamos de construir nos exige, y así está consagrado en la Constitución Bolivariana de la República de Venezuela, mantener un perfil protagónico y participativo, ejercer una contraloría social a fin de evitar que el carácter de la revolución sea desvirtuado. Desafortunadamente las denuncias por negligencia, ineficiencia, corrupción y otros vicios heredados del anterior sistema político son tratadas por nuestros burócratas como un ataque a su persona. Lo que transciende de esa actitud es que para ellos es más importante su persona que el proceso.
En Mérida se han escuchado frases como: “Si denuncias los corruptos que se esconden tras la Misiones, estás botado”, “si no te retractas de lo que escribiste, no colaboraremos más con tu periódico”. Como si ser revolucionario, implicase ser cómplice. Como si lo redactado en la Constitución fuera sólo una frase bonita, nada más. Barrer debajo de la alfombra, para que no se note el sucio.
No entender que vivimos un proceso de transición, que necesitamos deslastrarnos de los vicios de la anterior política, que no podemos permitir el mínimo atisbo de corrupción en las filas bolivarianas, sólo nos conducirá al fracaso. Tomar como excusa los procesos electorales diciendo “ahora no, no es conveniente, esperemos que pase el proceso electoral” es correr la arruga hasta que, precisamente, perdamos las elecciones por no habernos limpiado por dentro. Procesos electorales..., ahora es que faltan. El más importante será en el 2006, cuando Gustavo Cisneros se enfrente a nuestro Comandante. Para ese entonces, si no hemos limpiado la casa, dándole preferencia a las apetencias de los pequeños burócratas, corremos el riesgo de poner en peligro lo más importante, el proceso revolucionario bolivariano. Ese aciago día saldrán todos esos burócratas corruptos a ponerle alfombra roja al nuevo presidente.
No hay nada más ajeno a la unidad que la complicidad. Si permitimos la corrupción sin denunciarla, la unidad se resquebrajará. Es como ese enfermedad que comienza con un pequeño salpullido que después se extiende por todo el cuerpo y acaba por matar al paciente. Si algún inocente es atacado, será precisamente su inocencia su mejor arma. Pero por favor, no amenacen para que no los denuncien, eso los hace más culpables.
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Editorial de La Colmena (Director Pedro Grima)


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