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Reflexiones sobre la precariedad laboral femenina
Por: Comité Regional de Catalunya i Balears
Fecha de publicación: 27/06/04
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La precariedad laboral femenina desde una perspectiva sindical se ha de visualizar como una continuación de frentes de lucha, desde un mismo prisma: la vigencia y los tentáculos sumergidos de un sistema patriarcal, que se muestra en la sombra para mostrar una cara de democracia, igualdad de derechos e igualdad de oportunidades para todes les ciudadanes de pleno derecho.
Pero nosotres sabemos que nada mas lejos de la realidad, que bajo la máscara de las falsas democracias se esconde los intereses capitalistas, el enriquecimiento de los gobiernos, la carrera por el monopolio de las materias primas que aseguran la riqueza mundial y el desprecio absoluto por el valor de la vida humana...

Pero volviendo al tema que nos toca, se impone que las luchas, las rebeldías de las trabajadoras cobren aliento y se impulsen desde abajo, desde las voces más precarizadas, para de esta manera aunar las fuerzas que la sociedad patriarcal ha silenciado... sí, porque nuestra condición de trabajadoras de segunda, frente al gran trabajador fordista, venerado dentro de un sistema de y para poderosos (de hombres), convierte nuestra condición de máquinas, engranajes del capitalismo en las últimos eslabones de la cadena, y acompañándonos en esta sectorización se encuentra el otro grupo de población también precarizado, el de la inmigración...

¿Por qué hablamos de esta relegación de trabajadores/as?
Porque las mujeres hemos analizado que estamos ante otras variables que modifican la estructura social del empleo femenino, pero igual de precarizado y relegado:
1) las nuevas formas de empleo (muchas de ellas vinculadas a la externalización y a la deslocalización, o a la multiplicación incesante de las variaciones en los tipos de contrato)
2) la intensificación del proceso de producción (resultado del just in time con horas, flexibilidad que se impone en sectores de servicios y que un gran sector de trabajadoras sufren.
3) la dislocación de los tiempos y los espacios del trabajo (en los horarios flexibles, a tiempo parcial, cuyos efectos se traducen en lo que se refiere a la obligatoriedad como al salario)
4) el recorte de los salarios y con la pérdida de los derechos (derechos que van desde los permisos de maternidad hasta la regulación de las pagas, las vacaciones o las bajas por enfermedad.

Las variables que por desgracia se siguen repitiendo en nuestro sistema capitalista y que obligan a un análisis exhaustivo de la situación son:
1) La inexistencia de salario (en el caso de las amas de casa)
2) la ausencia de regulación laboral por mínima que ésta sea (como continúa siendo el caso del trabajo doméstico asalariado –especialmente aquel en régimen interno–, por no hablar de la situación general de las personas que carecen de permiso de trabajo y residencia)


División sexual del trabajo, la doble jornada y ética del cuidado

La creciente feminización de la oferta de trabajo y pese a que existe una contradicción laboral que se traduce en cifras que supera en el doble la tasa de paro respecto al hombre, hace que todavía hablemos de división sexual del trabajo, en función de oferta y demanda. Existen los trabajos específicos para mujeres y los trabajos específicos para los hombres, aunque los gobiernos con políticas de salón “democráticas” expongan como paradigma de la modernidad y de la igualdad de géneros: la integración igual en numero de mujeres y de hombres para los ministerios...

Dentro del estado que se nos presenta, “de derecho”, sabemos que tener todo un sistema de prestaciones públicas que requieren de previas y continuadas cotizaciones, cuando el empleo es tan inseguro, tan precario, ya no sirve para garantizar el falso bienestar social. Es este mismo el que nunca ha servido para garantizar el bienestar de las mujeres, que nunca ha reconocido sus trabajos, que les ha relegado siempre a derechos derivados y no contributivos, peores en cualidad y cuantía que los directos y contributivos (los que mayoritariamente recibían los hombres), siempre se ha ejercido un esfuerzo por parte de una estructura patriarcal por realizar un lavado de manos que dejaba que la verdadera responsabilidad en el cuidado de la vida recayera en los trabajos no valorados -gratuitos- o mal valorados -las mujeres como empleadas del sector público con cualificaciones no reconocidas...

Si el modelo fordista de familia totalmente funcional para el mercado en este contexto suponía la existencia de un cabeza de familia, trabajador asalariado con disponibilidad total para el mercado laboral y único proveedor de ingresos monetarios, suponía que este santo varón protagonista estaba acompañado por una mujer esclava dedicada en cuerpo y alma al trabajo doméstico y al cuidado familiar (y extra-familiar). Tarea: atender a los hombres-fuerza de trabajo y a todas aquellas personas de su entorno que lo necesitaran. Un enorme esfuerzo invisible y gratuito de las mujeres.

La independencia económica, pues, se haría necesaria para posibilitar la autonomía y la capacidad de decisión de las mujeres sobre su propia vida, pero un empleo era algo que iba a limitar el tiempo y la dedicación que requería la tradicional profesión de las mujeres: "sus labores". Además también había que cuidar a los hijos/as, a los enfermos y ancianos. Todo ello bajo una latente nube de culpabilidad ante esta trilogía.

Y qué decir de las instituciones, las ayudas a la mujer trabajadora: pues que fueron y son escasas y su lógica es facilitar que, ante las empresas, nos parezcamos lo más posible a los hombres (a su forma de vida, a su disponibilidad) para que no te discriminen por ser mujer, y tu jornada ha de estar determinada exclusivamente por las exigencias organizativas de la empresa.

Por ello desde la invisibilidad las mujeres luchamos contra el papel social que se nos ha asignado y queremos inventar nuestras vidas. Pero esta lucha está suponiendo fuertes tensiones en las relaciones de poder intra familiares y con una gran resistencia masculina, que se traduce en una gran violencia tanto doméstica como pública, que hemos de combatir sin colaboración social en lo que se refiere a leyes proteccionistas que defienden al poderoso (al hombre) y que no vehiculan ni combaten el terrorismo patriarcal al que la mujer se enfrenta cada día.

Precariedad laboral femenina y mercados globalizados

Otro aspecto muy importante que tenemos que denunciar como mujeres trabajadoras precarias es cómo opera esta agresión a la mujer trabajadora en los mercados globalizados. En estos tiempos hay que expandir la mente hacia pensamientos globales, que nos proyecten a la injusticia y la explotación, desde la perspectiva propia y cercana, hasta la de las mujeres hermanas de otros países, de otros continentes, porque la explotación, la injusticia y la miseria no conoce fronteras, porque la pertenencia a un país postindustrial no es salvaguarda del contagio de la pobreza, la exclusión, las horas de trabajo que te van matando lenta y paulatinamente, los salarios bajos, el recorte del tiempo de ocio, etc, etc.

Por esto nos rebelamos como mujeres y trabajadoras, por ejemplo:
-Ante la situación de la mujer marroquí: considerada menor para ciertas actividades de la vida como la celebración de su matrimonio o la gestión de los bienes de sus hijos.
-Ante la situación de la mujer en Irak: las sanciones económicas han provocado un fuerte aumento de los precios, desempleo masivo y una drástica reducción de los salarios reales; algunas han acabado prostituyéndose y mendigando. Los sectores más vulnerables de la población femenina, como las viudas, las mujeres abandonadas y las divorciadas, han sido los más afectados.

Estos ejemplos ayudan a comprender que las realidades de las mujeres de los diferentes países convergen en puntos de inflexión (como el crecimiento del desempleo, el cierre de un número importante de empresas en sectores bastante tradicionales, orientados al mercado local o nacional), tenemos que subrayar y aprender a trabajar desde un espacio común donde las mujeres traspasemos las fronteras personales y territoriales para dar paso al apoyo mutuo internacional, mediante las rebeldías creativas que juntas inventemos.

Así también decimos y denunciamos que los mercados globalizados impulsan nuevas formas tiránicas de explotación de la mujer, como son el tráfico y abuso de mujeres para la prostitución así como para el trabajo irregular; las exportaciones organizadas de mujeres como cuidadoras, enfermeras y asistentes del servicio doméstico con condiciones y salarios escandalosamente precarios. Es la feminización de la supervivencia que muestra la cara más ácida a la hora de servirse de carnaza con necesidad de trabajo y de escape de la miseria y del yugo masculino.

Todo este desarrollo de la economía globalizada se puede visualizar desde el feminismo, en una de sus vertientes, como mujeres trabajadoras, que si la lógica de acumulación de dinero prima, la sostenibilidad social ya no es una prioridad, se convierte en una responsabilidad que se delega a los hogares y a las mujeres. La paradoja más insultante es que ni los mercados, ni el Estado, ni los hombres como colectivo son entendidos como responsables del mantenimiento último de la vida. Por tanto somos las mujeres, organizadas en torno a redes, en los hogares más o menos extensos, en las organizaciones, las que respondemos y las que, finalmente, actuamos como colchón del sistema económico, frente a todos los cambios en el sector publico o privado, cambios motivados por una lógica de acumulación de capital. Se nos impone que nosotras reajustemos los trabajos no remunerados para seguir garantizando la satisfacción de las necesidades de la sociedad.


La respuesta sindical feminista organizada

Ante las reflexiones que hemos expuesto, ¿cabría la posibilidad de que la rebeldía y lucha feminista se pensara como secundaria dentro de las luchas laborales y sociales? la lógica nos lleva a pensar que no y desde luego las mujeres decimos no y rotundamente no, porque una organización sindical y social ha de tener articulada una secretaria de la mujer a nivel confederal, que trabaje los temas laborales y sociales de la mujer... que opere sobre ellos, que investigue, que resuelva, en definitiva que luche por la liberación de la mujer de las cadenas patriarcales allá donde aparezcan, en el trabajo o en la calle. Para las mujeres trabajadoras, las trabajadoras inmigrantes, las excluidas sociales, las mujeres de minorías étnicas, las amas de casa, las ancianas, jubiladas... ajustándose a sus reivindicaciones sindicales y sociales.

No, porque ante la panorámica de sindicatos enteros en los que solo son hombres los que engrosan el material humano de afiliados tenemos que trabajar por la igualitaria representación de mujeres y hombres militantes en una organización sindical.

No, porque sostenemos que una secretaria de la mujer abordaría de manera urgente demandas sociales laborales femeninas para acercar un sector de población igualmente precarizado, extenuado con dobles jornadas, un sector que incluye asesinadas a manos de sus machos, embrutecidos y machistas maridos. No queremos la respuesta del silencio, la espera de que algún día las mujeres precarizadas, explotadas, vilipendiadas, apaleadas, ya llegarán a los sindicatos a emanciparse...

No, porque las mujeres en su conjunto han de encontrar respuestas a sus problemas en una organización que reivindique sus demandas como objetivo primordial de apoyo mutuo, porque la mujer vapuleada por el terrorismo patriarcal necesita un puesto de trabajo que garantice su supervivencia y un claro apoyo social; porque la mujer renuncia a tener hijos con su pareja o sola, porque no tiene un trabajo estable, porque no tiene un sueldo digno, porque se le ha desposeído de la ilusión de la maternidad en una sociedad injusta; porque la mujer inmigrante necesita una red de solidaridad cuando ha dejado en su pais a sus hijos, a su pareja para subsistir y asegurar la subsistencia de todos ellos.

No, porque queda mucho por hacer todavía en las organizaciones sindicales en lo que se refiere al logro del respeto y consideración hacia las compañeras, que se traduce en el lenguaje, en las conductas, en el comportamiento de los compañeros en su ámbito familiar, en el desprecio, a veces, hacia lo femenino...

No, porque es tarea de todas y de todos superar los problemas a los que nos enfrentamos como grupo humano de mujeres y de hombres como por ejemplo la afasia femenina (el miedo a hablar, a reivindicar, a pensar y plasmar con total seguridad la actividad militante), es un handicap, en la participación plena de la mujer como militante combativa.

Para finalizar, no nos interesan las mujeres que quieren igualdad de derechos para explotar, humillar, asesinar, ejercer y sembrar su poder. No nos interesan las ministras, las políticas, mujeres policías, las militares, las feministas académicas de sillón, etc.

Porque ampliando lo que diría Audre Lorde: “las mujeres que estamos fuera del círculo de la definición que esta sociedad hace de mujeres aceptables, las que hemos sido forjadas en las encrucijadas de las diferencias, las que somos pobres, lesbianas, negras o viejas, sabemos que la supervivencia no es una habilidad académica, política o empresarial. Es aprender como estar en pie sola, impopular y a veces vilipendiada y como hacer causa común con esa otra gente identificada como ajena a las estructuras, con el fin de buscar un mundo en el que todas podamos prosperar. Es aprender como coger nuestras diferencias y convertirlas en potencias para combatir y desmantelar un sistema que nos ahoga, asesina y culpabiliza. Porque no tenemos que olvidar que las herramientas del amo no desmantelarán jamás la casa del amo”.


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