Guerra convencional, guerra atómica, guerra revolucionaria, rasgos fundamentales

La tragedia de los imperios es que tienen que guerrear siempre y ello origina en sus poblaciones una resistencia cada vez más marcada de ser parte de las incursiones guerrerista del imperio estadounidense. Los imperios tienen su lógica, una de cuyas reglas aconseja rematar las guerras por el uso aplastante de la fuerza.  

Cuando revisamos la historia de los imperios, otra característica encontramos que éstos guerreaban con soldados mercenarios o que procedían de las poblaciones colonizadas. Como en el siglo pasado, en el siglo XXI esta estrategia no ha cambiado.  

Los romanos apelaron a los galos, a los británicos, a los hispanos cerca al hundimiento de su imperio. Las fuerzas de Roma, que incursionaban para mantener un imperio decadente, hacia el Cercano Oriente o el Norte de África venían de provincias donde radicaban poblaciones de diversos orígenes, distintas al latino. Nada pudieron hacer para salvar el imperio decadente. Pero, la sangre romana no fue la que corrió allí, sino la de hombres nacidos en las cercanías de París o de Barcelona. Asimismo, sucedió con el imperio inglés.  

En las dos guerras mundiales del siglo pasado, los británicos participaron con sus tropas, pero también con las de la India, de Pakistán, de Sri Lanka y del Canadá. Los franceses movilizaron hacia Europa a los guerreros de Senegal. 

La propensión al uso de soldados provenientes de pueblos distintos al de las fuerzas imperiales resulta explicable. La guerra siempre es horrenda. Frente a las resistencias que surgen, el poder imperial, opta entonces por reclutar soldados que no son de la población dominante o creadora del imperio.  

El imperio estadounidense ha venido encontrando esta resistencia, en la medida en que aumentan sus incursiones o se prolongan en el tiempo. Durante la guerra de Corea, primera acción guerrerista estadounidense fuera de su continente a raíz de la guerra mundial, los soldados que allí combatieron en su gran mayoría eran estadounidenses de procedencia europea. Pero en dicha guerra ya fueron usados oriundos de Puerto Rico.  

En la incursión guerrerista de Estados Unidos contra la heroica Vietnam, el número de portorriqueños había crecido. Ahora se alimentan de los mejicanos de las zonas occidentales de Estados Unidos. En general, los habitantes del “patio trasero” de los Estados Unidos son considerados ciudadanos de tercera clase, a pesar de que hayan nacido en ese país. Los peores trabajos los desempeñan “los ciudadanos de tercera clase”. Lamentablemente, muchos hermanos viven la ilusión del “sueño americano” sin importarles el desprecio a que son objeto en ese país.  

Los Estados Unidos seguirán invadiendo pueblos; asimismo, contaran cada vez con más soldados “colonizados” o “coloniales”. Es decir, de pueblos sometidos al imperio por la fuerza o sometidos por razones económicas y políticas.  

Sin embargo, todos los imperios terminan sufriendo descalabros, no importa que tengan pueblos de relevo para la sangre que en aquellos tienen que verter, Estados Unidos no es una excepción. Entre más coloniales sean sus guerras, más grandes serán sus reveses. Esto no sucede en las guerras convencionales o guerras atómicas.  

GUERRAS CONVENCIONALES  

No hay nación susceptible de resistir el poderío armamentístico de los Estados Unidos. Intentemos un examen de la guerra convencional, sus raíces históricas, su espectro político y sus características militares; y luego pasar a otros tipos de confrontaciones bélicas hoy más frecuentes o posibles en el desenvolvimiento de las comunidades humanas.  

  1. La guerra convencional es o fue la más utilizada desde que apareció la edad moderna (según algunos autores, comenzó a principio del siglo XVI). Se trata de una conflagración en la cual hay ante todo bandos definidos, nacionales si se trata de una guerra civil o internacional; si el conflicto fuera de esa característica, que llegan al choque tras períodos más o menos largos de tensión entre sí.
  2. Esta guerra sería siempre la culminación de unas contradicciones bastantes claras entre partes o fracciones hasta que aquellas sean insoportables, sólo la confrontación bélica las resolverían.
  3. En la guerras convencionales un frente determinado fácil de señalar o de ubicar que divide a los beligerantes los cuales cada uno pelea en su línea.
  4. Las armas con las que se libra la contienda son las más conocidas o usadas y las batallas son tan evidentes.
  5. En las guerras convencionales la lucha culmina, en unos meses o en unos años, inclinando la balanza hacia a unos de los bandos que termina por alcanzar la victoria mientras el otro se rinde.
  6. La guerra convencional acaparó la historia hasta la Segunda Guerra Mundial. Todos los encuentros que eran confrontaciones a muerte desde la conquista y colonización de América hasta Hiroshima se enmarcan en la guerra convencional.
 

Actualmente, no hay potencia que pueda ganarle a los Estados Unidos en el escenario de una guerra convencional. El país que desafíe a los Estados Unidos está sellando su destrucción. La industria armamentista estadounidense tiene más capacidad para producir armamento de última generación –más destructivo, por ejemplo, armas atómicas-, para transportar soldados, para instalar bases militares en puntos estratégicos en diferentes regiones del planeta Tierra. No olvidemos las bases militares yanquis ubicadas en Europa, en América, en África, etc.  
 

GUERRA ATÓMICA 

Los Estados Unidos aplastarían a cualquier nación en cuyo caso la Federación Rusa y los Estados Unidos alcanzarían la extinción reciproca. La guerra atómica se diferencia de la convencional entonces por el alcance destructivo por el arma que la caracteriza.  

Las armas atómicas son dispositivos explosivos utilizados con fines bélicos que liberan energía nuclear a gran escala. La primera bomba atómica (o bomba A)  fue probada el 16 de julio de 1945 cerca de Alamogordo (Nuevo Méjico). Se trataba de un explosivo completamente nuevo. La bomba A obtenía su potencia de la ruptura o fisión de los núcleos atómicos de varios kilos de plutonio. La bomba A se desarrolló, se construyó y probó en el marco del Proyecto Manhattan. Se trataba de una inmensa empresa estadounidense iniciada en 1942 durante la Segunda Guerra Mundial.  

Los efectos de las armas nucleares son: 

  1. Efectos de la onda expansiva: la mayor parte del daño causado por una explosión nuclear en los edificios y en otras estructuras proviene, de modo directo o indirecto, de los efectos de la onda expansiva. La rápida expansión de los materiales de la bomba produce un impulso de altas presiones, también llamado onda de choque.
  2. Efectos térmicos: las altísimas temperaturas que se alcanzan en una explosión nuclear provienen de la formación de una masa de gas incandescente muy caliente que se llama bola de fuego.
  3. Radiactividad: aparte de la onda expansiva y térmica, tiene un efecto característico. Liberan radiación penetrante que es diferente por completo de la radiación térmica. Cuando es absorbida por el cuerpo, la radiación provoca graves daños.
  4. Efectos climáticos: una guerra nuclear entre naciones tendría un efecto catastrófico sobre el clima mundial. Según un artículo publicado por un grupo internacional de científicos en diciembre de 1983, cuyos postulados se resumen como la teoría del “invierno blanco”. Según estos científicos, la explosión de menos de la mitad del total de las cabezas nucleares de Estados Unidos y Rusia enviaría a la atmósfera enormes cantidades de polvo y humo. Esta cantidad sería suficiente para ocultar el Sol durante varios meses, sobre todo en el hemisferio norte, lo que acabaría con las plantas y provocaría un clima de temperaturas bajo cero hasta que se dispersarse el polvo. La capa de ozono también sería afectada, lo que agravaría los daños como consecuencia de la radiación ultravioleta del sol. Si esta situación se prolongase, significaría el fin de la humanidad.        
 

GUERRA REVOLUCIONARIA 

Si la guerra convencional se libra con ciertas armas y solo con ellas y es en cierto modo una conflagración de “reglas bien estipuladas” –aunque no se cumplan- como las del teatro clásico; y la guerra atómica se diferencia por el alcance destructivo del arma que se utiliza.  

La guerra revolucionaria, es la guerra más irregular porque no hay frente, es decir teatros definidos de batalla.  El ejército revolucionario no forma cuerpos visibles y orgánicos, de estructural piramidal. Todos sus destacamentos ostentan miembros variables y sobre todo gozan de autonomía, sin embargo, no son grupos anárquicos.  

Las armas utilizadas son variables: van de la navaja al cañón. En vez de batallas hay asaltos, emboscadas, atentados, es decir, acciones sutiles, en el sentido que los revolucionarios golpean a sus enemigos sin que éstos lo esperen o lo sospechen. El ejército revolucionario aparece cuando nadie lo espera, cumple su misión de ataque y se retira. Nadie vuelve a verlo pero deja en el campo numerosos muertos y se lleva provisiones y pertrechos.  

Así desgastan los revolucionarios a sus enemigos, minando sus fuerzas. Al cabo de años o de décadas, el poderoso que tenía todos los recursos se ve impotente y pierde la guerra como sucedió en Vietnam. Es difícil destruir a los revolucionarios porque ellos yacen en el seno del pueblo. 

El ejército de los revolucionarios no sólo anda disperso en pequeños destacamentos, sino que es y no es un ejército; porque quienes los forman toman las armas para una operación y, cumplida ésta, las arrojan porque vuelven a sus actividades habituales.  

En suma, la diferencia entre guerra convencional y guerra revolucionaria es tajante. Esto se constata en dos conflictos bélicos que condujeron los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. El de Corea, les impuso una guerra convencional en la cual no fueron derrotados.  

GASTOS MILITARES EXHORBITANTES = GANANCIAS ASTRONÓMICAS  

La carrera armamentista (nuclear, convencional), hoy supera el billón de dólares, tuvo su partida en Hiroshima y Nagasaki. El gasto mundial en armamento, liderado por Estados Unidos alcanzó a 1.2 billones de dólares en 2006. La inversión del imperio estadounidense representa un 46%  del total, según el Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo (SIPRI por sus siglas en inglés). Dicho Instituto explicó “Teniendo en cuenta tanto los factores inmediatos como los de largo de plazo, los costos pasados y futuros hasta el año 2006 para Estados Unidos de la guerra en Irak se han estimado en 2,267 billones de dólares”.  

Con un gasto en armamento que supone el 46%  del total mundial, Estados Unidos encabeza la lista de los que más gastan en armamento, seguido de Gran Bretaña, Francia, China y Japón, cada uno desembolsa entre cuatro y el cinco por ciento.           

En un informe de Project Government Oversight (POGO), un grupo con sede en Washington que vigila el gasto militar, se señaló que, entre de 1997 y mayo de 2004, sólo 20 grandes proveedores recibieron más del 40 por ciento de los contratos armamentistas del gobierno federal estadounidense.  

Entre los consorcios que se benefician en primer lugar de este multimillonario negocio se cuentan Lockheed Martin, la gigante aeroespacial Boeing, Northrop Grumman, contratista de la Fuerza Aérea, Raytheon, y General Dynamics.  

Las mayores compañías de la industria militar elevaron significativamente sus ganancias con los contratos de la llamada “reconstrucción” en Afganistán e Irak.  

Tremendo negocio. Los tanques y aviones norteamericanos destruyen los países invadidos militarmente, luego llega el ejército de las corporaciones trasnacionales a sacar la fabulosa ganancia de la “reconstrucción”. El elevadísimo costo de la guerra –aproximadamente 2 billones de dólares- van a parar a la industria militar.

BORRAR LAS FRONTERAS REVOLUCIONARIOS ES LA CLAVE  

Los revolucionarios del mundo tenemos que saber que la clave es el internacionalismo. Sólo así derrotaremos el imperialismo capitalista. Todos los revolucionarios del planeta tenemos que movilizarnos con un solo fin enterrar el capitalismo. Tenemos que acabar con las fronteras, ellas impiden el desarrollo revolucionario mundial. El marxismo es internacionalista. Lo que distingue al Manifiesto Comunista de Marx y Engels de todos los documentos escritos hasta hoy, es que termina en una frase aleccionadora:  “Proletarios de todos los países uníos”.  Los islámicos, hoy día, constituyen los más internacionalistas. 


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