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“No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír”, reza un adagio popular. No obstante, como dijo Cristo: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?” (Mt. 7: 15-16).
En Mérida se está perdiendo el sentido de la Revolución: peligra el proyecto al tener al frente “líderes” caracterizados por el nepotismo, la corrupción, el clientelismo político y el sectarismo. Los dirigentes del MBR-200 ofrecimos nuevos proyectos encauzados por hombres y mujeres idóneos, y en todas partes nos encontramos –y esto es muy de lamentar a la vez debería alarmarnos- con las viejas caras y los antiguos vicios. Prometimos y procuramos adecentar la administración pública, y observamos que en este ámbito un escándalo sucede a otro. En este paisaje, la corrupción luce imbatible. Los viejos buenos ideales y las nuevas ilusiones están desapareciendo. Esto es peligroso. Se está jugando con la Esperanza.
Es evidente que si no hay claridad en el propósito o si esa claridad no es transmitida al Soberano, si éste no participa, si no se adaptan las formas de lucha a las nuevas condiciones de la sociedad, todo esfuerzo será en vano y habremos dolorosamente arado en el mar.
Es apremiante garantizar la gobernabilidad. La democracia, en sentido abstracto, difícilmente tiene posibilidades de subsistir. “En las actuales circunstancias –sostiene Enrique Silva Cimma- la gobernabilidad sólo es posible, si el sistema en juego puede hacer sentir a cada uno de los ciudadanos que es el dueño de su propio destino, que las respuestas que están dando sus representantes son las más adecuadas, que su voz ha sido escuchada y sus propuestas discutidas. Es necesario establecer nuevos sistemas institucionales, buscar vías hasta ahora inexploradas que sean capaces de transmitir y hacer respetar ciertos valores que conformen una conciencia colectiva”. Esta es la reflexión que orienta el pensamiento y la praxis de muchos de quienes creemos en un país posible y mejor, de quienes procuramos la dignidad integral para cada uno de nuestros conciudadanos. Pero personas aleves, llevadas por sus egoístas y limitados horizontes, pretenden frustrar el sueño e inmolar la Esperanza.
Las revoluciones las hacen los revolucionarios organizados –y las siglas de los partidos importan poco-; es necesario que dirimamos nuestras divergencias, cualquiera sea el núcleo de nuestra militancia transitoria. Lo que une o separa a nuestro pueblo no es la diferencia del concepto filosófico del mundo, sino sus intereses vitales y su posición en relación con los problemas fundamentales.
El 4-F hizo renacer en el pueblo venezolano la Esperanza, se abrió un camino, fue posible soñar con un nuevo horizonte. En consecuencia, los factores progresistas tenemos una misión concreta: defender la Esperanza. Lucha debe ser sinónimo de trabajo, abnegación, de entusiasmo, de estudio y de perseverancia.
Hemos de estar vigilantes sobre el curso que lleve la Revolución; los garantes del éxito de esta gesta luminosa han de ser los hombres y las mujeres profunda y verdaderamente comprometidos con el amor a la Patria y a los ideales Bolivarianos.
Lo que acontece en Mérida, responde a una vieja estrategia orquestada por quienes forman parte del sector más gris del MVR, el “Monte-cinismo”. Dicha estrategia consiste en silenciar o desacreditar todo aquello que consideren desafío a su hegemonía dentro de sus cotos de caza y la ubicación en puestos claves de gente acomodaticia, dúctil, dispuesta a mantener posiciones con fines poco claros o francamente inconfesables.
No hay tiempo para el desaliento. El destino de nuestro pueblo tiene que ser la democracia plena. Debemos fortalecer los principios de solidaridad, tolerancia y responsabilidad. En el proceso de reconstrucción nacional todos somos útiles, todos somos necesarios. Venezuela nos necesita unidos.
¿Quiénes son los enemigos de la Revolución Bolivariana? Respondemos con el poeta catalán Lluís Llach:
No es esto compañero, / no es esto por lo que murieron tantas flores / ni por lo que lloramos tantos anhelos / Nos dirán que hace falta esperar / y esperaremos, bien es cierto / que esperaremos. / Es la espera de los que no nos / detendremos / hasta que no sea preciso decir, / no es esto lo que esperamos./
Dr. Asdrúbal Pulido
Profesor titular de la
Universidad de Los Andes.
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