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La oposición Light o El fascismo edulcorado
Por: LARISSA COSTAS MANAURE
Fecha de publicación: 30/10/02
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Sin rodeos: nos proponemos concebir un acercamiento a la patología fascista que muestran los grupos que adversan la Revolución Bolivariana liderizada por el Presidente Constitucional Hugo Chávez Frías.

Erich Fromm, señala en su libro El miedo a la libertad que el fascismo “despierta y moviliza aquellas fuerzas diabólicas del hombre que creíamos inexistentes o, por lo menos desaparecidas hace tiempo.” Por eso, no causa asombro ver que entre los dirigentes de la malnombrada coordinadora democrática, se encuentre Alejando Peña Esclusa, quien comandaba una secta satánica llamada tradición, familia y propiedad (TFP), o que estén aplicando tópicos del plan del Perfecto Golpe de Estado Latinoamericano donde las mujeres cumplen un rol vergonzoso ejerciendo acciones que deshonran el género.

La Constitución Bolivariana estipula que el régimen es de carácter democrático, participativo y protagónico, es decir, vivimos en plena libertad y ejercicio de nuestros derechos y deberes. Por primera vez, en toda la historia de la democracia venezolana (y, me atrevo a decir del mundo) la soberanía reside en el poder popular. Sin embargo, la oposición venezolana, parece que prefiere vivir en la democracia dictatorial del pacto de Punto Fijo, bajo la cual el reyezuelo de turno tenía derecho de ejercer la dictadura más cruenta posible, siempre y cuando a los cinco años, le permitiera a la gente “votar”-en la mayoría de los casos, elecciones fraudulentas- por otro dictador peor que el anterior.

El tema que nos ocupa es encontrar un por qué a semejante actitud de la oposición en la que se evidencia un placer por la privación de las libertades fundamentales y los principios de igualdad y justicia social. ¿Qué es lo que Chávez les está arrebatando? Nada más y nada menos que el placer profundo y recóndito de vivir bajo estructuras autoritarias engalonadas con el seudónimo democrático. Es preciso, nuevamente, recurrir a Fromm para extendernos en nuestro análisis a la oposición. Según éste autor, existen a nivel social, mecanismos para evadir la libertad, tales son: el autoritarismo, la destructividad y la conformidad automática.

En el caso del autoritarismo, encontramos formas de relación entre los colectivos y la autoridad. En ésta modalidad es común observar hábitos sádicos y masoquistas. Los jefes de la oposición juegan con la perversidad de estimular éstos sentimientos en el colectivo, orientándolos a la salida violenta e inmediata del Presidente Constitucional. El rebaño opositor asume el rol masoquista cuando intenta provocar el enfrentamiento con la Guardia Nacional, con los grupos bolivarianos en Miraflores, e incluso, con la posibilidad de inmolación sacrificada ante francotiradores apostados por los mismos miembros de la coordinadora “democrática”. Los impulsos de éste tipo, tienden a la anulación del individuo, los masoquistas buscan librase de responsabilidad, se eximen de tomar decisiones, sometiéndose a los dictámenes de una autoridad violenta. En la actualidad, el masoquismo es sólo una sensación potencial que no llega al clímax ante la ausencia represiva del gobierno bolivariano. El masoquista necesita vitalmente de la agresión del otro para poder justificar su conducta. La Constitución se convierte precisamente en el emblema libertador, en el elemento que les impide seguir gozando plenamente de su incapacidad de decidir y los obliga a ejercer el protagónico deber social.

Ante la indiferencia bolivariana y el respeto a los derechos humanos que promueve el gobierno y el pueblo bolivariano, el siguiente estandarte es el sadismo. Los impulsos sádicos intentan lograr el dominio del otro. Tal mando puede ser pasivo, aboliendo la voluntad del ser humano sobre el cual se ejerce la imposición. Someter al otro, en las cualidades “intelectuales”, en la transacción económica, en disfrutar morbosamente el sufrimiento del pueblo, los años que pasó esclavizado, sin esperanza y desnutrido. Se suponen a sí mismos como superiores, como el verdadero poder electoral, creen que ellos - tan cultos, tan ilustrados- son los que tienen el derecho real de votar, tienen fe que con una marcha solicitarán la renuncia del Presidente y éste, ante el enorme poder de las hordas sofisticadas, les firmará el papelito deseado.
Sin embargo, tal anhelo es ilusión. La oposición, inmersa en su sadismo, ha establecido vínculos de dependencia con el Presidente y la Revolución Bolivariana. Sin nosotros, no hay objeto sobre el cual ejercer un fantasioso dominio, una mentira de poder. En el discurso opositorio – supositorio- , sólo para sustentar el “fuera, Chávez”, se habla de un “amor por la patria”, del “afán de lucha contra la pobreza”, por “la justicia y la igualdad social”, paralelamente airean las banderas norteamericanas considerablemente enormes con la empequeñecida bandera nacional, acusan la voluntad igualitaria del Presidente con tildes exóticos, como el castrocomunismo. Cuando lo que subyace es el amor al dominio sádico que la oligarquía ejerce sobre las clases pobres, e incluso, sobre los marchistas de la oposición. Claro que nos quieren. Pero subordinados al esclavismo impuesto por ellos.

En éste punto, cabe destacar que las personas no son sádicas o masoquistas, sino que permanentemente se dan bamboleos entre el rol activo o el pasivo. La oposición fascista y antidemocrática nos da un muestreo de cómo se ofrecen tales oscilaciones. Los días 11,12 y 13 de abril son la muestra más contundente de esto.

Sin embargo, persisten en la actitud. Por ejemplo, la exigencia a los militares para que “¡actúen ya!”, va acompañada del circo de mujeres que exhiben sus ropas interiores en actitud de viólame. Frente al apego institucional militar, el sector femenino de la coordinadora antidemocrática, declara que las Fuerzas Armadas son genuflexas, cobardes y se extienden en una serie de agravios que ponen en tela de juicio el valor y la honra de los soldados. Los coordinadores conducen a sus marchas y, cuando éstas concluyen, les anuncian que el gobierno, supuestamente, estaba preparado para cometer genocidio contra la manifestación, lo cual justifica, que ellos se entrompen en la tarima, dejando sin resultado concreto el objetivo de la marcha.

También durante el golpe de Estado fascista de abril, la destructividad, otro tópico de la evasión de la libertad, se hizo presente. Se distingue del sadismo, porque el objetivo es la eliminación del objeto que se odia. Eso es lo que iban a buscar a Miraflores: la eliminación de Chávez, y con él, la Constitución, Bolívar y el Pueblo. Muerte a todo aquello que parezca chavista, bolivariano y popular. El asesinato y el exterminio de un pueblo es observado como “un mal necesario” y fomentado a través de los medios de comunicación.
Los medios de comunicación favorecen al fascismo con la alienación. Introducen en su léxico palabras como “oficialismo”, “hordas”, “círculos del terror”, “lumpen”, etc; como si el amor de un Pueblo por su Constitución, por su Libertador, por el proceso revolucionario y por el Presidente, pudiera desmembrarse a fuerza de insulto y desmérito. Cualquier cosa es presentada como superficial. Nuestra revolución la hacen aparecer como sin propósito y sin ideales. Rechazan al pueblo porque no tienen cosas, entonces no son personas, ponen en duda si tenemos alma, no existe ética ni moral en la noticia, todo logro revolucionario es relativo o no existe. Pero, cuando ellos asesinan a un ser humano por defender la Revolución, no importa, porque “todo vale”.

Para ellos, cualquier agresión al pueblo es irrelevante, light, baja en calorías, sin excesos. Nunca se engordarán lo suficiente en el placer egoísta y lascivo de imponerse al pueblo. No les duele tampoco, porque están vacíos de espíritu.

La única vía para escaparse de ésta patología es el respeto al individuo, al amor y a la libertad. Por eso, el pueblo heroico de Venezuela, siempre saldrá victorioso. Como decía un señor: “somos los guerreros de Dios”.
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LARISSA COSTAS MANAURE


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