Nace el Sol de América

Bolívar, niño huracán

Para empezar ese día 24 de julio de 1783, tanto doña María Concepción como el clima de la colonial ciudad de Caracas, amanecieron descompuestos.

La delicada doña María desde la madrugada empezó a sentir la proximidad de su cuarto y último parto y la ciudad de techos rojos, rojitos, amaneció bajo un chubasco temporal que inundaba calles, acequias y quebradas.

Pero, el niño se dio bomba y se presentó al mundo cuando le dio la real gana. Nació en la noche de aquel húmedo 24.

PELEA POR LOS NOMBRES DE SIMON:

Para continuar los acontecimientos Don Juan Vicente, el orgulloso padre de la criatura, entró en un agrio dimes y diretes, con el tozudo Don Feliciano, tío del crió, quien terciaba por ponerle Santiago al carajito, mientras que don Juan Vicente, quería llamarlo Pedro. La controversia quedó zanjada, seis días después cuando Don Félix Xeres, cura de la catedral de Caracas, quien en el momento del bautismo le puso el nombre de Simón de la Trinidad, preguntado después por tan intempestivo nombre dijo:”Tal vez sea el Simón Macabeo de América”.Toda una odisea de nombres para el tierno párvulo.

SIMON SIN LECHE:

Otro problema que se presentó a resolver fue el estado en que quedó doña María después del parto, situación que la imposibilitaba de amamantar ala niño. Es por ello que tuvieron que zanquear a una negra agraciada, joven y robusta, recién parida, llamada Hipólita, para que le diera leche al hambriento recién nacido.

La negra Hipólita asumió con ternura infinita su dulce cometido, de alimentar y arrullar en su seno al futuro Sol de América. Toda su vida fue honrada por el propio Libertador, quien la trató como una verdadera madre.

Muchos “facultos” dicen que aquella leche fuerte de la negra, blanca como su alma, rindió algún fruto misterioso en el desarrollo de aquel ser extraordinario. A lo mejor!...Hipolita dijo años después: “Doña María le dio la vida y yo le di la fortaleza”

UN NIÑO “RARO” PARA LOS GUSTOS MANTUANOS:

En la familia Bolívar hubo dos “negros” o morenos, María Antonia y Simón, los otros hermanos Juana María y Juan Vicente era casi rubios y blancos como ranas plataneras.

Simón niño, produjo muchos sucesos que en la soñolienta y colonial ciudad, causaron alboroto, risas y hasta conmoción.

Era un niño “raro” para los gustos mantuanos, que en casa se colaba al patio de los esclavos en la tardecita para oír sus cantos y tambores.

En la hacienda de “San Mateo”, propiedad de la familia Bolívar, el niño Simón formaba pandillas con los hijos de los esclavos y peones del fundo y sus alrededores, allí aprendió a cabalgar, nadar y las artes derivadas del cultivo de la caña y sus apreciados productos.

No le importaba mezclarse con los hijos de los humildes. Buen presagio…

EL NIÑO REBELDE:

Doña Maria, cansada de luchar con su “hijo fosforito”, lo mandó a vivir con su tutor el abogado Sanz, nombrado por la corte a la muerte de Don Juan Vicente en 1786, cuando Simoncito tenía unos tres años.

Sanz tuvo que liderar con el encabritado niño y cuando lo puso a pasear en un burro, para luego reclamarle “que nunca sería un hombre de a caballo”, le cayó como un rayo el retruque:”¿Y como podría ser de a caballo, sin ando en un BURRO?...

Doña Maria Concepción falleció por estos días de Julio, de tuberculosis laringea, en 1792, cuando Simón contaba con 9 años.

Una sucesión de tutorías para conducir al huérfano, trajeron como consecuencia hasta la intervención de la policía colonial, para obligar al rebelde niño a cumplir las odiosas órdenes de las cortes.

“Si hasta los esclavos pueden escoger a sus amos, porque yo no puedo escoger con quien vivir?, gritaba a voz en cuello, cuando lo arrastraban por la acera..

Bolívar, huracán!...

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