Existen principios
fundamentales que subyacen las ideologías y paradigmas que guían la gestión de
cualquier institución en conformidad con su misión y funciones. A través de ellos
se viabiliza su existencia. Tales principios están ubicados en un espectro
doctrinario que imagino en forma de círculos concéntricos, ubicándose en los
más externos los que cambian para interrelacionarse con el entorno y hacia el
centro, están ubicados aquellos que tienen que ver con la naturaleza del Ser, son
de carácter doctrinarios, dogmáticos e inmutables.
Se podrían mencionar muchas
instituciones, a lo largo de la historia de la humanidad, que por introducir cambios
arbitrarios a lo que debió ser inmutable, definieron su decadencia y
desaparición.
De aquí mi preocupación por
la Fuerza Armada venezolana. En la actualidad se observa con perplejidad
ruptura de importantes esquemas dogmáticos de su Ser, proceso que se inició con
derechos constitucionales que considero contrarios a su naturaleza, lo cual ha
desencadenado en desorden donde se confunden posiciones altruistas
institucionales con egoísmos propios de la naturaleza humana.
La Fuerza Armada NO ES ni
debe ser en su interioridad DEMOCRÁTICA. Democrático es el sistema político del
Estado al cual se debe y el Gobierno al que está indefectiblemente subordinada.
El militar renuncia voluntariamente a algunos derechos constitucionales, tanto de
orden político, como sociales y económicos; por ello, son ciudadanos de excepción
que se rigen por leyes especiales y fuero propio.
El militar es entrenado para
obedecer las órdenes de sus superiores sin réplica alguna, aún cuan ésta pueda
significar riesgo cierto de su vida; y para la órdenes que considere
arbitrarias, quedará el reclamo, con el debido respeto, por ante el superior
inmediato de aquel que dio la orden. En todo caso, tal reclamo debe hacerse
efectivo después de cumplida la orden, debiendo ser a título individual y no en
grupo o en nombre de un grupo.
Por ello, la peor acusación
que puede hacérsele a un militar, es la de negarse a cumplir una orden, es
decir, signos manifiestos de “insubordinación”,
de igual deshonra que la cobardía y la deslealtad, estos hechos punibles para
los hombres de uniforme no son calificables como tales para los ciudadanos de
una sociedad democrática, donde sólo podrían recibir por ello, sanción moral.
Por lo tanto, no tiene igual
significación entre un civil y un militar, el hecho de éste pueda contar con el
derecho de pararse en una plaza pública a criticar políticas de Estado o
acciones u órdenes de sus superiores. La Democracia y la Constitución no pueden
ser “muletillas” donde se soporten
conductas de rebeldía forzosamente revestidas de legitimidad. La logicidad de tal acción obliga a asumir que de
triunfar el movimiento contra el gobierno, los oficiales insubordinados
volverán a las filas castrenses, entonces:
- ¿Qué
harán con los oficiales que no se sumaron a su acción? … ¿los expulsarán
de la FAN o simplemente los marginarán, como ha sido lo acostumbrado
tradicionalmente?.
- ¿Que
harán con los oficiales de conducta relajada, traducidos en ladrones,
contrabandistas, corruptos, etc., sancionados en sus respectivos
componentes, que se sumaron a la acción en Altamira al percibir posibilidades
de “ganancias” ante una carrera
ya perdida? …. Ellos exigirán cargos y posiciones de importancia ante el
hecho “merecedor” de haber
ayudado a “derrocar al Dictador”.
- ¿Cómo
justificarán ante sus subalternos la práctica perpetrada de
insubordinación en grupo?; supongo que lo justificarán así: “Nos vimos obligados a violar la norma
para derrocar a un Presidente que nos estaba conduciendo a la aterradora
tiranía del Castro-comunismo”. … “de ahora en adelante, todo volverá a la
normalidad, ….”. “de ahora en adelante todos deben cumplir las órdenes de
sus superiores, serles leales, ya no deben erigirse en árbitros de las
leyes ni de las acciones y decisiones políticas…. “lo que ustedes vieron y
oyeron, no debe ser imitado ….”.
- Pero…
¿Podrá actuarse de tal manera que todos los militares estén siempre “contentos” y “felices”?, como dijo
uno de los insurrectos: “marchando
todos, unidos de las manos, hacia la Venezuela que soñamos”.
- Estos militares ¿Volverán a sublevarse o
permitirán que otros se subleven cuando sientan que la injusticia social,
la discriminación, la explotación, la pobreza, la riqueza de pocos
alimentada por la pobreza de muchos, la alienación de nuestros jóvenes por
programas televisivos vulgares e inmorales y en general, cuando aprecien
que la corrupción y demás vicios de la sociedad moderna no se solucione
con la llegada de otro estilo de gobernar y más bien por el contrario,
continúe en aumento la proporción de ciudadanos excluidos, como los
campesinos, los indígenas, los obreros, los pescadores, las gentes de los
cerros, etc.?.
- ¿Cómo
actuarán cuando un militar, ante una orden de cambio para trabajar en la selva, en las fronteras, o
en cualquier zona inhóspita y peligrosa dejando en la ciudad a su familia,
considere “injusta” tal orden y
decida revelarse y declararse en desobediencia “legítima”?.
- O un
Teniente, cuando dé una orden peligrosa a un soldado y éste la responda: ¿porque debo ser yo el que la cumpla y
no usted mismo, o sutano, o mengano?.
- ¿Que se
hará cuando un Oficial descontento por que no ascendió al grado inmediato
superior, ya sea el retardo justo o injusto, se declare en rebeldía en cualquier plaza pública o
simplemente introduzca un Recursos de Amparo contra la decisión superior?.
Pienso que estamos
presenciando el fin de la institución armada tal como la conocemos. El daño que
se le ha hecho pudiera ser irreversible. Un mal que se inició en disposiciones
constitucionales que considero contradictorias a la naturaleza militar al darle
potestad a sus miembros para calificar y decidir sobre cuando y que órdenes
debe cumplir; derrumbando con esto, el cuerpo de símbolos que identifican a sus
miembros y homogeinizan su conducta. Ha sido un exceso de Democracia que
sorprendió a una sociedad políticamente inmadura, dando pie al acomodo de las
interpretaciones a intereses individuales y grupales.
Tanto los legisladores que
decidieron incorporar tales derechos sin la suficiente reflexión, como los
militares que han asumido posturas que no reflejan otra cosa que ignorancia e
inmediatez, serán responsables.
Es evidente la falta de fundamentación
teórica que sustente la argumentación expuesta por los militares rebeldes, aún
en el discurso de los oficiales de más alta graduación se nota torpeza y
ambigüedad al hilvanar ideas que den solidez a un objetivo concreto. Hasta
ahora se mantiene en los dominios de lo insulso, de lo irrelevante, de lo
superficial, de la banalidad simplista, vacío de contenido epistémico que señalen
un camino a transitar. No se aprecian propuestas para la sustitución de los
dogmas destruidos. Sólo se aprecian contradicciones aún sobre la actitud que
debe asumir el Presidente y la ciudadanía en general y más delicado, cual debe
ser el accionar de la Fuerza Armada como institución.
Todo parece indicar que los
ciudadanos que nos mantenemos al margen, sufriremos un largo período de
desorden y anarquía producto de la incompetencia, la improvisación y la falta
de visión supraorgánica. Sólo han demostrado ignorancia sobre las consecuencias
del rompimiento de los paradigmas que sus acciones han causado o pueden causar
en la conciencia militar. No se aprecian indicadores que señalen que estos
oficiales estén capacitados para dar sustento epistémico a la posición política
asumida, ¿Qué puede esperarse si les corresponde dirigir el país y la Fuerza
Armada?, ¿Qué harán si el Presidente gana el Referendun Revocatorio?.
Me pregunto si la institución
militar está en capacidad de superar la incertidumbre a la cual ha sido
sometida tanto por el gobierno como por sus opositores, o si por el contrario,
veremos surgir una Fuerza con un nuevo orden distinto a lo tradicional.
Quisiera intercambiar reflexiones
sobre esto.
Sergio Milano
smilano@uneg.edu.ve