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Reflexiones sobre el fin de una institución
Por: Sergio Milano
Fecha de publicación: 30/10/02
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Existen principios fundamentales que subyacen las ideologías y paradigmas que guían la gestión de cualquier institución en conformidad con su misión y funciones. A través de ellos se viabiliza su existencia. Tales principios están ubicados en un espectro doctrinario que imagino en forma de círculos concéntricos, ubicándose en los más externos los que cambian para interrelacionarse con el entorno y hacia el centro, están ubicados aquellos que tienen que ver con la naturaleza del Ser, son de carácter doctrinarios, dogmáticos e inmutables.

Se podrían mencionar muchas instituciones, a lo largo de la historia de la humanidad, que por introducir cambios arbitrarios a lo que debió ser inmutable, definieron su decadencia y desaparición.

De aquí mi preocupación por la Fuerza Armada venezolana. En la actualidad se observa con perplejidad ruptura de importantes esquemas dogmáticos de su Ser, proceso que se inició con derechos constitucionales que considero contrarios a su naturaleza, lo cual ha desencadenado en desorden donde se confunden posiciones altruistas institucionales con egoísmos propios de la naturaleza humana.

La Fuerza Armada NO ES ni debe ser en su interioridad DEMOCRÁTICA. Democrático es el sistema político del Estado al cual se debe y el Gobierno al que está indefectiblemente subordinada. El militar renuncia voluntariamente a algunos derechos constitucionales, tanto de orden político, como sociales y económicos; por ello, son ciudadanos de excepción que se rigen por leyes especiales y fuero propio.

El militar es entrenado para obedecer las órdenes de sus superiores sin réplica alguna, aún cuan ésta pueda significar riesgo cierto de su vida; y para la órdenes que considere arbitrarias, quedará el reclamo, con el debido respeto, por ante el superior inmediato de aquel que dio la orden. En todo caso, tal reclamo debe hacerse efectivo después de cumplida la orden, debiendo ser a título individual y no en grupo o en nombre de un grupo.

Por ello, la peor acusación que puede hacérsele a un militar, es la de negarse a cumplir una orden, es decir, signos manifiestos de “insubordinación”, de igual deshonra que la cobardía y la deslealtad, estos hechos punibles para los hombres de uniforme no son calificables como tales para los ciudadanos de una sociedad democrática, donde sólo podrían recibir por ello, sanción moral.

Por lo tanto, no tiene igual significación entre un civil y un militar, el hecho de éste pueda contar con el derecho de pararse en una plaza pública a criticar políticas de Estado o acciones u órdenes de sus superiores. La Democracia y la Constitución no pueden ser “muletillas” donde se soporten conductas de rebeldía forzosamente revestidas de legitimidad. La logicidad de tal acción obliga a asumir que de triunfar el movimiento contra el gobierno, los oficiales insubordinados volverán a las filas castrenses, entonces:

  1. ¿Qué harán con los oficiales que no se sumaron a su acción? … ¿los expulsarán de la FAN o simplemente los marginarán, como ha sido lo acostumbrado tradicionalmente?.
  2. ¿Que harán con los oficiales de conducta relajada, traducidos en ladrones, contrabandistas, corruptos, etc., sancionados en sus respectivos componentes, que se sumaron a la acción en Altamira al percibir posibilidades de “ganancias” ante una carrera ya perdida? …. Ellos exigirán cargos y posiciones de importancia ante el hecho “merecedor” de haber ayudado a “derrocar al Dictador”.
  3. ¿Cómo justificarán ante sus subalternos la práctica perpetrada de insubordinación en grupo?; supongo que lo justificarán así: “Nos vimos obligados a violar la norma para derrocar a un Presidente que nos estaba conduciendo a la aterradora tiranía del Castro-comunismo”. … “de ahora en adelante, todo volverá a la normalidad, ….”. “de ahora en adelante todos deben cumplir las órdenes de sus superiores, serles leales, ya no deben erigirse en árbitros de las leyes ni de las acciones y decisiones políticas…. “lo que ustedes vieron y oyeron, no debe ser imitado ….”.
  4. Pero… ¿Podrá actuarse de tal manera que todos los militares estén siempre “contentos” y “felices”?, como dijo uno de los insurrectos: “marchando todos, unidos de las manos, hacia la Venezuela que soñamos”.
  5. Estos militares ¿Volverán a sublevarse o permitirán que otros se subleven cuando sientan que la injusticia social, la discriminación, la explotación, la pobreza, la riqueza de pocos alimentada por la pobreza de muchos, la alienación de nuestros jóvenes por programas televisivos vulgares e inmorales y en general, cuando aprecien que la corrupción y demás vicios de la sociedad moderna no se solucione con la llegada de otro estilo de gobernar y más bien por el contrario, continúe en aumento la proporción de ciudadanos excluidos, como los campesinos, los indígenas, los obreros, los pescadores, las gentes de los cerros, etc.?.
  6. ¿Cómo actuarán cuando un militar, ante una orden de cambio para  trabajar en la selva, en las fronteras, o en cualquier zona inhóspita y peligrosa dejando en la ciudad a su familia, considere “injusta” tal orden y decida revelarse y declararse en desobediencia “legítima”?.
  7. O un Teniente, cuando dé una orden peligrosa a un soldado y éste la responda: ¿porque debo ser yo el que la cumpla y no usted mismo, o sutano, o mengano?.
  8. ¿Que se hará cuando un Oficial descontento por que no ascendió al grado inmediato superior, ya sea el retardo justo o injusto,  se declare en rebeldía en cualquier plaza pública o simplemente introduzca un Recursos de Amparo contra la decisión superior?.

Pienso que estamos presenciando el fin de la institución armada tal como la conocemos. El daño que se le ha hecho pudiera ser irreversible. Un mal que se inició en disposiciones constitucionales que considero contradictorias a la naturaleza militar al darle potestad a sus miembros para calificar y decidir sobre cuando y que órdenes debe cumplir; derrumbando con esto, el cuerpo de símbolos que identifican a sus miembros y homogeinizan su conducta. Ha sido un exceso de Democracia que sorprendió a una sociedad políticamente inmadura, dando pie al acomodo de las interpretaciones a intereses individuales y grupales.

Tanto los legisladores que decidieron incorporar tales derechos sin la suficiente reflexión, como los militares que han asumido posturas que no reflejan otra cosa que ignorancia e inmediatez, serán responsables.

Es evidente la falta de fundamentación teórica que sustente la argumentación expuesta por los militares rebeldes, aún en el discurso de los oficiales de más alta graduación se nota torpeza y ambigüedad al hilvanar ideas que den solidez a un objetivo concreto. Hasta ahora se mantiene en los dominios de lo insulso, de lo irrelevante, de lo superficial, de la banalidad simplista, vacío de contenido epistémico que señalen un camino a transitar. No se aprecian propuestas para la sustitución de los dogmas destruidos. Sólo se aprecian contradicciones aún sobre la actitud que debe asumir el Presidente y la ciudadanía en general y más delicado, cual debe ser el accionar de la Fuerza Armada como institución.

Todo parece indicar que los ciudadanos que nos mantenemos al margen, sufriremos un largo período de desorden y anarquía producto de la incompetencia, la improvisación y la falta de visión supraorgánica. Sólo han demostrado ignorancia sobre las consecuencias del rompimiento de los paradigmas que sus acciones han causado o pueden causar en la conciencia militar. No se aprecian indicadores que señalen que estos oficiales estén capacitados para dar sustento epistémico a la posición política asumida, ¿Qué puede esperarse si les corresponde dirigir el país y la Fuerza Armada?, ¿Qué harán si el Presidente gana el Referendun Revocatorio?.

Me pregunto si la institución militar está en capacidad de superar la incertidumbre a la cual ha sido sometida tanto por el gobierno como por sus opositores, o si por el contrario, veremos surgir una Fuerza con un nuevo orden distinto a lo tradicional.


Quisiera intercambiar reflexiones sobre esto.

Sergio Milano
smilano@uneg.edu.ve

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Sergio Milano


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