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Mi Mamá, mi Hermana y un Televisor
Por: Adnan Abidar
Fecha de publicación: 27/10/02
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tus panas

"Tantan...tan...tan...tan, Tantan...tan...tan...tan. Buenos días les habla Alejandro Marcano. Bienvenidos a Noticias Globovisión. De inmediato le damos el pase a nuestra compañera Carla Angola, ella se encuentra en el palac...."

Que musical suena lo anterior. Música mala de autores igualmente malos, que muy a mi pesar, sirve para ambientar lo que deseo relatarles. Quiero contarles una historia de la vida real. Es una historia que parece no tener principio, ni tampoco fin. Fin de ese que significa terminación y también del que significa propósito.

Esta es la historia de todas las historias, cambian los actores, cambian el escenario, pero la esencia es la misma y se repite una y otra vez, de eso estoy seguro.

Pero no seré yo quien se las cuente. Cómo hacerlo cuando se trata de algo tan intimo como el sufrimiento de mi amigo. Será él quien se las cuente, es su derecho. Yo sólo recojo aquí lo que me dijo una de esas noches de mucho hablar y confesar, aunque debo decir que no pude evitar adornar su relato con mi subjetividad...

Ahora el relato de mi amigo...

Ese día como todos los días, una mañana más en casa de mi mamá. Pobre mamá mía..!. Y ese mismo día, como todos los días, también fui a casa de mi hermana. Pobre hermana mía..!.

Todo comenzó hace aproximadamente un año. Para aquel entonces las cosas sucedían, pero no al ritmo e intensidad como ocurren hoy día. Recuerdo las reuniones dominicales, esas refrescantes convocatorias donde toda la familia se reúne alejándose de los avatares laborales que cada quien acomete y que nos mantiene algo distantes durante la semana. A veces, en esas amenas reuniones familiares, en medio de una bebida espirituosa y quizás algunos fugaces pasapalos improvisados, surgía algún comentario poco profundo sobre los acontecimientos políticos de nuestro país. Comentarios u opiniones que se hacían sin entrar a detallar los pormenores que cada quien guardaba en sus apreciaciones. Lógicamente, todo esto transcurría sin mayor problema. Pues los motivos que nos llevaban a encontrarnos, casi siempre en casa de mi hermana, permanecían puros e invariables. Me refiero al deseo de vernos y compartir entre nosotros el calor de familia, entre otras cosas más suculentas, por supuesto.

Poco a poco, tras cada nuevo encuentro los ánimos fueron tornándose más acalorados, como resultado de aquellos intercambios de opiniones. De la defensa se pasaba a ratos a la ofensa, y de allí al irrespeto. Claro, siempre los fuertes lazos familiares surtían su efecto conciliador, aunque en el campo de las opiniones no se llegará a ningún consenso.

Me llamó Luis, mi apellido me lo reservo, aunque no sé si eso tendrá alguna importancia. Pero no oculto mi apellido por mis preferencias políticas, lo hago en respeto a mi familia. También debo decir que soy adepto, creyente, seguidor o como se llame, del proyecto político del Sr. Hugo Chávez Frías, nuestro líder y presidente. Ahora bien, quizás debería auto definirme como chavista, aunque yo preferiría me tildasen de bolivariano, pero creo que ese calificativo de chavista ya me corresponde por boca de otros. De esos otros como mi mamá, como mi hermana, quizás los más duros al tildarme de esa manera con ánimos de ofenderme, ignorando que por el contrario, me enorgullece. Digo otros y entre éstos también debo incluir a mis otros dos hermanos, que también me ven como bicho raro. A la vista de ellos soy una especie de extraterrestre, algo extraño en medio de un rebaño que ellos visualizan tan homogéneo en su aborrecimiento a Chávez, que el día que yo me muera, creerán que una especie más, en este planeta tan hermoso, se habrá extinguido.

Entonces, permítanme resumir. En mi entorno familiar son cuatro contra uno, o mejor debo decir, uno contra cuatro. Todo esto- me refiero al enfrentamiento- en un ambiente clase media. Pero ahora que digo clase media, permítanme una corrección. Dije cuatro contra uno ¿cierto?, pero me equivoque, son casi todos contra unos pocos entre los cuales estoy yo, por supuesto. Puestas así las cosas se pueden imaginar la frustración que esto genera. Recuerden que cuatro son de mi familia más cercana. Ahora ustedes se preguntarán ¿Y el televisor?, pues ese es otro más. Entonces, resumamos de nuevo, veamos: mi mamá, mi hermana, mis dos hermanos y el televisor, entonces creo que me volví a equivocar, son casi todos los que frecuento de clase media y alta, mas cuatro, más uno que vale por muchos, contra uno, que soy yo. Peor todavía...

Muy bien, les dije que poco a poco los intercambios de opiniones se fueron tornando en discusiones acaloradas, pues un día comenzaron a ser peleas, claro que de puro verbo encendido. La reuniones familiares sufrieron entonces un duro golpe, tan duro como aquel de abril. Realmente yo pense que más allá de esos momentos de enfrentamiento, los lazos familiares harían su trabajo siempre, pero me equivoque. Y fue así, no porque supiera lo que ellos pensaban de mi, no..!, lo digo por lo que yo pensaba de ellos. Ah..!, se me olvidaba que debo incluir a mi esposa. Ella es y no es, como ese lugar entre las piernas que llaman "NIES". Conciliadora o quizás oportuna, bueno lo cierto es que ella en todo esto se comporta como el agua: transparente, insípida, inodora e incolora.

Pero un día llegó el día. El día de máxima agitación, como dicen por allí: llegamos al punto de no retorno. Adivinen que día fue ese, bueno adivinaron bien: el 13 de abril de 2002. Glorioso día ese, inolvidable. Esa tarde, ante el silencio informativo, la burla, y el lavado de cerebro al que los principales medios de comunicación nos sometían, pude romper el cerco enterándome de lo que realmente acontecía. En aquel momento, cuando ya era inminente el rescate de la constitucionalidad y el regreso del líder, opte por tomar una decisión apasionada. Le dije a mi esposa que llamara a mi hermana y le notificará del hermoso acontecimiento. Ella tomó el teléfono marcó el número respectivo, y procedió a darle la información. Adivinen cual fue la respuesta de mi hermana, pues se equivocaron, ella no se alegró, al contrario se molestó tanto que le tiró el teléfono a mi asombrada y humillada esposa acuífera. ¿Y cuál fue mi reacción?, pues tomé el teléfono, le di a "redial" y cuando hubo contestado, ZAPLATANNN, esta vez yo le tiré el teléfono a ella. La cosa no termino allí pues el teléfono volvió a repicar, así que lo tomé. Esta fue la conversación que surgió:

  • ALO..! - respondí mezclando rabia y euforia.
  • Perdóname..! - se escuchó decir por el auricular con una voz solloza y baja.
  • Conchale chica..!, tú eres una vaina seria. Te llamamos para darte esa buena noticia, creyendo que a pesar de tu posición sabes que lo que está pasando no es bueno..., y tú lo que haces es tirarnos el teléfono. Esa vaina no es así- exprese con rudeza.
  • Perdóname..!, Perdóname..!, Perdóname..! -repetía una y otra vez, esta vez a moco tendido.
  • Esta bien, tranquilízate... todos estamos nerviosos. La vaina se va a arreglar, no te preocupes. Ya el gobierno tomó el control y Chávez va a volver a su puesto- le dije bajando el tono de mi voz, de un alto ensordecedor a casi un susurro tierno y amoroso.
  • Pero es que tengo mucho miedo -expresó ella- Tengo miedo de los círculos bolivarianos. Por televisión se ve que están atacando a los medios y me parece que en cualquier momento vendrán a buscarme aquí, a la casa- dijo realmente aterrorizada.

En aquel momento, cuando ella me expresó su miedo por lo "círculos del terror", yo no sabía si reírme o volver a tirarle el teléfono. Entonces opte por una tercera posición: le dije que no se preocupara que eso era en Caracas y que aquí no había tales círculos motorizados. No se si lo creyó, pero cuando tranque el teléfono una película se proyecto en mi mente. La escena de un filme que vi cuando tenía unos 14 años, la cual recreó el terror que mi hermana me transmitía. El titulo en español de aquella película era "Carrera contra el Diablo", recuerdo que el protagonista era un actor de apellido Fonda. Esa película se vino a mi mente como un rayo. El tema comprendía a una familia y sus amigos, que en una casa rodante disfrutaban de sus vacaciones. Durante el desarrollo de la misma estas inocentes personas, tras un altercado sin mayor importancia que tuvieron con un transeúnte, mismo que resultó pertenecer a una secta satánica, fueron atacados de manera misteriosa, diabólica y sistemática por un grupo de alocados miembros de dicha secta, la venganza pues..!. Ustedes recuerdan al perro de las tiras cómicas (creo que se llama Druppi, o algo así), bueno estos tipos alocados eran como Druppi, ya que estaban en todos lados. Por más que la bella familia y sus amigos escaparan en su casa rodante, despistando a los satánicos, siempre eran esperados por éstos en el lugar al que llegaran. Cosas de película. Al final, en medio de la oscuridad de un paraje solitario y aislado, después de jugar con ellos usando el terror y mil artimañas diabólicas, los matan uno por uno. Fea la película, pero como muchacho al fin, algo masoquista y poco critico, esas eran las que uno veía. Por supuesto con el consecuente trastorno mental que estas provocaban, al punto que después de tanto tiempo me sorprende que esas imágenes todavía permanezcan en mi cerebro. Bueno, esa imagen de los satánicos en medio de aquel paisaje desértico y nocturno, acechando, sometiendo y asesinando aquella bella familia y sus amigos, era lo que creí, que imaginaba mi hermana. Tamaño terror tuvo la pobre, si de verdad imaginó a los aplicados y verdaderos círculos bolivarianos como aquellos satánicos tipos de la película.

Pero volviendo al 13 de abril, ya madrugada del 14, pues ese día termine de ver el maravilloso final, otra vez de película, pero de una muy buena película. Fue un final extraordinario, inédito, aquel que brindaba el pueblo venezolano a través de la mejor televisión de Venezuela, VTV. Que banquete histórico el de ese día..!: llore, reí, grité, recé, fumé, comí, tomé, fui al baño, me paraba, aplaudía, me sentaba, me acostaba, en fin, era demasiada la euforia y mi cuerpo la reflejaba. Por cierto, mientras esto ocurría, mi esposa dormía como un lirón. Otra vez estaba solo, en medio del ambiente que normalmente me rodea y que frecuento, pero eso si, feliz.

Después de esos días siento más a mi país y me mantengo desbordado de esperanza. Hoy creo más en lo que ya antes me apasionaba. Veo resultados a pesar de tanta desinformación y eso me permite seguir creyendo y apoyando la gestión de nuestro presidente. Todo esto aún cuando esos resultados me son ajenos, digo de manera directa, pues mi situación económica sigue igual o peor, y más aún, cuando como muchos, soy acribillado a través de los medios de difusión masiva en general.

Pero como les dije al principio de mi relato, ese día como todos los días, una mañana más en casa de mi mamá. Pobre mamá mía..!. Y ese mismo día, como todos los días, también fui a casa de mi hermana. Pobre hermana mía..!. En cada uno de esos lugares, que me son tan íntimos, siempre encuentro el televisor encendido. Nada raro ¿cierto?, ahora bien, que siempre esté sintonizado en el Globovisión y a todo volumen... CARAMBA..!, eso si es extraordinario. Cuanto veneno entra a la casa de mi mama, a la casa de mi linda hermana. Ese es el ambiente que después de saludar a mi bella madre con un beso, me espera al terminar de entrar a su casa. Igual pasa en casa de mi hermana, donde adicionalmente sucede que si a mi, o algún otro inocente ser, se le ocurre cambiar el televisor sintonizándolo en VTV, pues es execrado de inmediato con un fuerte grito: "NO..!, a mi no me vas a poner esa basura chavista..!". Fuerte ¿no?, muy fuerte para un chavista convencido como yo.

Ahora sucede que los domingos ya no puedo ir a casa de mi hermana. Cómo podría ir, si al hacerlo tendría que perderme de mi programa favorito ALO PRESIDENTE. Una vez mi esposa delirante comenzó desde muy temprano a decirme que quería ir a casa de mi hermana. Chillaba, me besaba, me traía café sin yo pedírselo, me preparo un batido de lechosa, me decía cositas al oído, en fin, trataba de convencerme chupándome las medias. Yo accedí a ir, no pude oponerme. Cuando finalmente llegamos a la casa de mi hermana no aguante y fui a la habitación de uno de mis sobrinos, ausente es ese momento, por supuesto, y aquí debo decir que sus hijos son sus discípulos ideológicos, tan radicales como su madre. Como dije, fui a esa habitación, solo, silencioso, clandestino, como si estuviera conspirando. Algo así como cuando el marido alborotado se cita con una chica, también alborotada y deseosa, para una aventura ultrasecreta. Entonces encendí el televisor, le baje el volumen y sintonice VTV. Allí estaba Chávez en su programa y yo perdiéndomelo. Estuve unos minutos observándolo, sin embargo, mi creciente nerviosismo, al tener que verificar que la puerta del pasillo no se abriera y llegara alguien, capturándome en mi osadía, terminó por hacerme desistir en mi atrevimiento.

Así están las cosas hoy día. Mi mamá, mi hermana y el bendito televisor se convierten para mi en una enfermedad mental crónica. Y es que no puedo decir nada, no puedo hablar de Chávez, defender el proceso, opinar, negar, informar o cualquier otra cosa que se me ocurra, sin embargo, tengo que calarme a cuanto bicho extraño aparece en las pantallas del susodicho canal televisivo, diciendo cualquier pendejada prefabricada, y otras tantas más que se le ocurre en el momento. Ah..! y la vaina es a todo volumen, y peor aún, tengo que escuchar las opiniones que genera en el alma de estas damas de mi corazón, el escuchar tamañas declaraciones subversivas. Imagínense, pudiera ser que uno vaya a un sitio y conscientemente permita que alguien le inyecte una dosis de veneno, tal cual algunos tratamientos médicos vanguardistas lo proponen, pero pegarse con una sonda a un tanque petrolero lleno de ese veneno, pareciera escapar a toda lógica suicida. Así ocurre con mi mama, mi hermana y otra vez el bendito televisor. 24horas, Triángulo, Primera Pagina, etc., esa es la primera dosis del día, luego, Hermes, Adriana, segunda dosis, y por ultimo una dosis corrida de noticieros y demás programas de opinión y maldición. Pero si por alguna razón tienen que salir de la casa, quiero decir a trabajar o hacer alguna diligencia, pues la radio, mis hermanos bolivarianos, la radio es otra intravenosa venenosa, quizás hasta peor que la misma televisión, dado que en ella se esconden, tras un velo de anonimato, muchos desgraciados alborotadores de oficio.

El colmo sucedió el otro día. Resulta que me cortaron el teléfono, claro, y cómo no me lo iban a cortar, si es que con tanta conspiración entorpeciendo este bello proceso bolivariano, uno no puede dejar de buscar información en la red. Eso si, información fidedigna, veraz. Uff..! www.aporrea.org, a cada rato, el foro nacional, pues ni le digo, mi email siempre lleno. Cuánto me deleito leyendo esos maravillosos correos. Claro que algunos foristas (suena extraño este término) andan por allí metiendo "veneno en frasco chico", medio disfrazados o sospechosamente conciliadores. De la misma manera, otra que me nutre es la pagina antiescualidos, excelente..!, en fin, le doy duro a los impulsos telefónicos, y después, como es de esperarse, ellos le dan duro a mi bolsillo. Alguien dijo una vez, que lo que gastan las empresas en vigilantes privados debería ser exonerado del pago de impuestos dado que el estado debe proveer de seguridad a los ciudadanos. Bueno, yo digo ahora que la abultada factura de mi teléfono deberían pagarla: Venevisión, Globovisión, RCTV, Televen, El NaZional, El Universal, y cuanto desgraciado me desinforma. Menos mal que está VTV, porque sino la vaina alcanzaría sumas astronómicas. Bueno en fin, me desvíe un poco de lo que quería decirles. Como les venía comentando, resulta que me quede sin teléfono, pues como mi hermana tiene tarifa plana y mi otro hermano conexión 24 horas, entonces comencé a conectarme desde sus PC. Configure mi propia y privada identidad en el Outlook Express, configure mis email, y entonces, a bajar correos se ha dicho. Los bajaba y luego copiaba la bandeja de entrada en un disco para leerlos con calma en mi casa. Resulta que en estos días le llegaron unos correos a mi hermano con información no deseada por él. Su comentario no se hizo esperar: "coño el guevón ese se está conectando en mi computadora y ahora hay puras vainas chavistas". Y algo por el estilo dijo mi hermana al verme conectado desde su PC. Total que ahora a mi me pasa un poco como lo que le sucede a Chávez. Me refiero a la ya casi frase popular que se escucha cuando alguna vaina pasa por allí, entonces algún necio chilla diciendo: "ese fue Chávez, el asesino, el traidor, el castrocomunista". Bueno, a mi me ocurre algo parecido. Si la computadora tiene un virus, ese fui yo, si se desconfigura alguna aplicación, ese fui yo, si se quema la fuente de poder, ese fui yo, en fin, cualquier bendita vaina que suceda... ESE FUI YO. Ahora debo conectarme clandestinamente, esperar que se vayan, disimular que estoy trabajando en alguna otra cosa, pero eso si, debo borrar todo rastro de corte chavista, sino, soy acusado en la Corte Hogareña de Justicia Fraternal. El otro día estaba revisando la pagina de aporrea. En la pagina que observaba aparecía predominantemente texto, pero en el encabezado se deja ver también un pequeño logotipo, mismo que muestra a unas personas con sus brazos elevados al cielo en señal de triunfo. Bueno, mi hermana, que usa lentes, ese día no los cargaba consigo, cuando me vio trabajando en la computadora se acercó para ver que hacia. Cuando les digo que se acercó, lo que quiero decir es que puso su cara a 10 centímetros de la pantalla. Cuando finalmente, ante tal zoom que sus ojos miopes hacían, logró ver este logotipo, bueno fue el acabose: "Coño..!, que vaina chico, tu con tus vergas chavistas..". Dicen que los miopes, al no usar lentes, ven de cerca mucho mejor que cualquiera. Yo no logro imaginar que fue lo que ella vió, quizás le vió el rostro a las diminutas imágenes humanas que aparecen como siluetas, y si fue así. ¿A quién coño habrá visto?. Habrá que preguntarle a la gente de Aporrea. En fin, soy un renegado, un execrado. Creo que algún día me van a llamar Lumpen, o algo por el estilo, o a lo mejor un día de estos me encuentro de frente con un aviso en el portón que rezará: "Se reserva el derecho de admisión. Chavista abstenerse de tocar este portón. Gracias". La palabra "gracias", de seguro será para que no me arreche.

En fin, no quiero fastidiarlos con tantos detalles superfluos de mi vida familiar. Tan sólo les contaré algo más, ya para terminar. Es algo que a todas luces se presenta como un hecho insólito, único diría yo, y que ojalá no esté ocurriendo en otros hogares. Resulta, que hace más o menos 3 meses el silencio comenzó a reinar entre nosotros. Cuando digo silencio me refiero no a ellos, me refiero a mi, es decir, era yo quien tenía que hacer silencio. Mientras ellos, sin limitación alguna, seguía manifestando todo cuanto quisieran decir. Puestas así las cosas, y antes de yo percatarme de este particular, mi inocencia y pasión, producto de aquello que me conmueve y convence, me motivaba a hablar sobre cada aspecto relevante que ocurría en nuestro país. Es fácil para un bolivariano expresar sus sentimientos respecto al proceso revolucionario que se adelanta. Es fácil porque son muchos los elementos integradores que se suscitan, que hablan del noble propósito que embarga al movimiento revolucionario bolivariano, sin embargo, la tarea de transmitir eficaz y efectivamente estos sentimientos, a aquellos que uno presiente necesitan ser alimentados con mensajes de esperanza, es imposible. No hay forma de lograrlo. La mejor defensa de aquellos que adversan a Chávez, consiste en tapar sus ojos y oídos, para no percibir nada que pueda afectar sus sentimientos de odio y rabia inducidos. Algo absurdo, pero cierto. Es como si supieran que la mano bolivariana amiga, conciliadora, esa que los invita a luchar unidos por su país, con su fuerza y amor, pudiera hacerlos cambiar de opinión, y aún así no lo desean. El sentimiento de rechazo y odio, totalmente desmedido e irracional, inculcado sistemáticamente por las fuerzas opositoras facistas y racistas, a través de campañas cuidadosamente diseñadas para inducir tales sentimientos, está tan enraizado en sus mentes, que honestamente nada pareciera servir de antídoto para contrarrestarlos. ¿Caso perdido?, quizás, pero cuando esos opositores desmedidos e irracionales son mi familia, no puedo concluir de esa manera tan desalentadora. En fin, yo no me doy por vencido, pero es extremadamente difícil lograrlo. Pero todavía no les cuento el hecho insólito. Bueno, resulta que en mi afán de humilde luchador bolivariano, trataba de explicar, muchas veces explicándome, sobre las bondades del proceso, pero que va..!, nada ocurría. Al mismo tiempo yo notaba que ante mis comentarios, muy oportunamente algo sucedía, permitiendo a mis escuchas salir con alguna excusa para no seguir haciéndolo. Este caso se constituía como uno de los más sutiles y disimulados, pero en otras oportunidades, el rechazo a mis palabras era tan evidente, que sinceramente me sentía como un estúpido bolivariano soñador. Me quitaban la mirada, interrumpían mi exposición bruscamente haciendo cualquier comentario superfluo sobre cosas rutinarias del hogar o del trabajo. Yo notaba que estas formas de evasión respecto a mis comentarios, eran tan bien logradas que comenzaba a sospechar. Un buen día, sentados en la mesa, alguien saco el tema político, claro que satanizando a Chávez. En ese momento me atreví a hablar en defensa del proceso, entonces una vez más ocurrió. Mi madre le dijo a mi hermana cualquier estupidez y cambiaron el tema bruscamente. En ese momento mis sospechas se convirtieron en certezas. Así que en medio de aquel espléndido almuerzo, con tono fuerte y una sonrisa irónica, les manifesté que yo sabía que se habían puesto de acuerdo todos ellos para que cada vez que yo hablará sobre algo bolivariano, rompieran la conversación dirigiéndola hacía otro tema distinto. Inmediatamente todos, cual paso de baile previamente conocido, voltearon a ver a mi callada esposa, que en ese momento comía placenteramente su almuerzo. Con la mirada acusadora, y casi al mismo tiempo, todos le reclamaron a la pobre esposa mía: "que vaina Cristina, le dijiste..!", "No..!, yo no le dije nada..." -respondió ella nerviosa y atragantada-. Todo estaba al descubierto, la conspiración se develo. Mi mama, mi hermana, mis hermanos y también mi esposa, habían estado conspirando contra mi desde hacía ya un tiempo. Insólito, ¿verdad?.

Yo tuve, y aún es así, mis día de ese abril conspirador. Ellos aún no han tenido su 13 y 14, pero seguro estoy que ese día llegará. El día que un antídoto maravilloso de amor y paz sea inyectado en sus corazones para curarlos de ese virus de maldad y tergiversación de la verdad. Un virus maligno creado en los laboratorios comunicacionales del terror, creado por uno bichos enfermos, que para lograr sus propósitos, andan regándolo por allí de manera diabólica.

Bueno amigos, esa es la historia de mi amigo Luis. Horrorosa..!, ¿verdad?. Pobre Luis, yo conozco a su familia muy bien y debo decirles que lo más asombroso es que todos sus miembros realmente debería tener el cielo ganado, sobre todo su madre. Señora de nobles sentimientos, solidaria, mano amiga que ayuda a quien puede, sin embargo, cuando a esta señora le hablan de algo bolivariano, pareciera que se transformara en un asesino en serie. Yo he estado allí y lo he visto con mis propios ojos. Siempre me he preguntado como puede esta señora ser tan noble y bella en su interior, y a la vez, cuando le hablan de Chávez, ignorar a tanta gente humilde que lo apoya. ¿Acaso ella no puede entenderlo?. Creo que no puede, ella está enferma, al igual que muchos. Necesitamos un antídoto. Necesitamos una campaña de vacunación como aquella que se hizo en el pasado contra la viruela. Necesitamos curar a nuestros familiares, a nuestros compatriotas. Eliminar la fuente virulenta de terror, neutralizarlos. Soluciones tan fantásticas como la que los terrícolas aplicaron contra los marcianos, en la película: Los Marcianos Atacan, parecieran ser necesarias. Ustedes se imaginan: una bella melodía creada quizás por la mano hermosa de un niño inocente, que transmitiéndola por grandes altoparlantes, pudiera hacerles explotar- en sentido figurado, por supuesto- la cabeza a Carlos Ortega, a Ravell, Rosendo, Coba, Soto, Peña, y cuanto ser enfermo halla por allí. Imagínenlo: el Sr. Carlos Ortega en medio de unas declaraciones dadas a la televisión en cadena, y de pronto una bella melodía lejana invade el ambiente, entonces el Sr. Carlos Ortega vira los ojos para arriba y para abajo, la cabeza le empieza a temblar e hincharse como un globo que se infla y desinfla. Ya en el punto de mayor intensidad musical, una gran explosión cerebral se sucede, y cámaras, periodistas y sus micrófonos quedan impregnados de aquella masa babosa, negruzca y putrefacta que de su cabeza de chorlito mana a borbollones. Guacala..!, que asco..!, mis hermanos bolivarianos, pero que bueno sería. Quizás de esa masa encefálica maligna pueda extraerse los elementos necesarios para lograr un vacuna e inyectársela a todos los golpistas. Al final, después de todo este relatar, sólo algo queda por decir: Que maravillosa es la imaginación..!.

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Adnan Abidar


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