Cuando Mario Vargas Llosa llegó a Nicaragua, durante el primer
gobierno Sandinista, casi paso inadvertido. No le dimos, y eso fue lo
mejor, mayor importancia. Escribió contra el FSLN un larguísimo
artículo, dividido en 5 ó 6 partes, publicado, si no me equivoco, por
el Washington Post.
Yo le ofrecí una pequeña recepción y una entrevista y de aquel
encuentro apenas recuerdo su afirmación publica de que yo “usaba las
metáforas hasta la perversidad”, sus miradas persistentes de admiración
masculina hacia la hermosa poeta nicaragüense Gioconda Belli y de que
se fue de Nicaragua para nunca volver.
Mario es un escritor excepcional. Mi talentosa hija
Camila lo considera un maestro en el arte de la trama y la redacción.
Mi hijo Juan, de 11 años, ha devorado “La ciudad y los perros” y no hay
en América Latina quien no se deleite con su literatura. Tiene un
lucero en la frente y merece, que le otorguen por ello el premio Nobel
y si no se lo han dado debe de ser porque no le perdonan sus tinieblas
ideológicas para las cuales habría que inventar un premio, talvez el
del chavo del 8.
El prestigio del autor de la novela clásica “La Guerra
del fin del Mundo” ha sido, utilizado, por desgracia, para defender
las malas causas. No se conoce una palabra del famoso peruano–español,
sobre logros tan valiosos como haber liquidado el analfabetismo en
Cuba, Bolivia, Venezuela y Nicaragua, jamás protesto por el fascineroso
bloqueo contra Cuba.
No ha dicho palabra sobre la disminución, a nivel de milagro, de la mortalidad infantil en Cuba.
No se opone, que yo sepa, a la discriminación racial o de género, no
forma parte de la sociedad protectora de animales. No ha creado una
fundación para proteger a los inválidos, nada en su vida, es una prima
hermana de la solidaridad humana.
Se ha limitado a alinearse con representantes de las más rechinantes de las derechas en este mundo.
Fue a Venezuela con el fin deliberado de provocar,
sabiendo que su prestigio como escritor encontraría un eco desmesurado
e ignominioso en los medios de comunicación de América Latina.
Su prestigio lo condujo a una intensa vanidad, retando a una confrontación verbal al presidente Hugo Chávez.
Nunca retó a Busch, no se atrevió a iniciativa parecida con el
presidente de su país, con el cual ha tenido contradicciones
políticas. De haberlo hecho me hubiese parecido una inadmisible falta
de respeto. Pero lo que no quieras para el Perú, no lo quieras para
Venezuela, ni para ningún otro país.
La frase: “Chávez y Fidel son reaccionarios de izquierda”, es una estulticia, una simple tontería.
Solo hay reaccionarios y revolucionarios.
Revolucionarios son Fidel, Raúl, Chávez, Daniel, Evo, Correa, Chomsky
entre otros y reaccionarios son los Vargas Llosa, George Busch, Orlando
Bosh, Mariátegui, el pequeño, Chespirito y cuanto oligarca y vende
patria hay en este mundo ancho pero ya no tan ajeno.
No se puede ser revolucionario sin amar al género humano, sin vocación a la solidaridad y al sacrificio.
Los oligarcas, defendidos por los reaccionarios, no aman más que a
sus padres y a sus hijos. A veces aman a sus mujeres a la SIP y a los
perros de su casa.
Mario defiende su doble nacionalidad, la cual tan solo es explicable
para los hijos de padre y madre nacidos en diferentes paises.
Muchos patriotas de este continente jamas optaron por renunciar a su patria o para tener dos patrias.
Somoza arrebato vidas, haciendas y pasaportes. Nosotros
jamás buscamos ser mexicanos, con todo y nuestra amistad con López
Portillo, ni cubanos aunque fuéremos entrañables hermanos de Fidel
Castro, ni españoles a pesar de nuestras excelentes relaciones con
Felipe González.
La patria es una sola y jamás se comparte. Apatridas son nada mas
quienes tratan de arrebatarte la patria. Nosotros siempre fuimos y
seremos orgullosamente Nicaragüenses y, nada más.
Están lejos los días en que el gran escritor peruano se dolió por
la muerte heroica del joven poeta y revolucionario Javier Heraud.
Yo le oí decir a una persona muy intima de Vargas Llosa, cuando
perdió las elecciones presidenciales “Perú no merece a un hombre como
Mario”. Pero el Perú es la tierra de Túpac Amaru, Micaela Bastidas, de
Mariátegui, de Vallejo, de González Prada, de Haya de la Torre, de
Blanca Varela, Jose Santos Chocano y Arguedas, es la tierra de la
fantasía y del heroísmo. Podría estar en esta lista Mario Vargas
Llosa, si este no se hubiera convertido en un opaco y vagabundo vocero
del capitalismo salvaje.
Tomado de Isla_negra.zoomblogs
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