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La Sociedad Civil
Por: Ángel Cristóbal Colmenares E. (catirecolmenares@hotmail.com)
Fecha de publicación: 07/07/02
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En estos tres años se ha popularizado el término "sociedad civil", con interpretaciones interesadas y al cual los medios de difusión masiva se han dado a la nada inocente tarea de referir como símbolo de organización y expresión de un sector muy reducido de la sociedad, que en Caracas --por ejemplo-- se ubica hacia lugares como la urbanización "Altamira". Y como contraposición señalan a los habitantes de las zonas populares, quienes somos calificados de turbas, hordas, tierrúos, malandros, desadaptados, maleantes y cualquier otro término que sirva para indicar minusvalía social, que marque la diferencia de clases.

Para completar el cuadro manipulador e inductor de consensos, esas interpretaciones interesadas tratan de hacer ver que la aparición de esa "sociedad civil" es consecuencia de una reciente división de los venezolanos a causa del "discurso violento de Chávez".

Comencemos entonces por definir qué es sociedad civil. "Supóngase etapas particulares del desarrollo de la producción, del comercio y del consumo, y se tendrá un orden social correspondiente, una correspondiente organización de la familia y de las jerarquías y clases: en una palabra, una correspondiente sociedad civil" (carta de Carlos Marx a P. V. Annekov, 1846); o: "… es preciso hacer constar que en la noción general de Estado entran elementos que deben ser referidos a la sociedad civil (se podría señalar al respecto que Estado = sociedad política + sociedad civil, vale decir, hegemonía revestida de coerción)" [Antonio Gramsci, Notas sobre Maquiavelo]

La sociedad civil concreta, no la ideal que pretenden fabricar ahora, es pues un conglomerado humano dividido en clases sociales producto de un determinado modo de producción y que en Venezuela, para no ir más lejos, viene siendo conocido desde hace por lo menos ochenta años con sus características propias y sus resultados de generación de pobreza y desigualdad.

La sociedad civil es el terreno en el cual se desarrolla la lucha de clases en la sociedad capitalista y no una organización de la cual un grupo de personas más o menos poderosas se hace propietario, y comprenderlo y asumirlo es tarea de todos los ciudadanos a fin de no permitir que mediante campañas atosigantes de medios que no comunican sino difunden e imponen criterios (recordemos las discusiones acerca de los aparatos ideológicos del Estado) se siga falsificando la realidad.

Comprenderlo nos ayuda a ver que esos grupos con pretensión de ser los dueños de la sociedad civil tienen vínculos con los sectores dominantes en Venezuela y más allá de sus fronteras. Y es una guía para identificar los intereses que defienden y las razones por las cuales lo hacen, pues debemos recordar que no todos los elementos de esos grupos pertenecen a los sectores dominantes pero les sirven (las clases dominantes son también dirigentes, construyen consensos, por ello devienen hegemónicas) concientemente y una de sus más importantes tareas es hacer creer que los intereses de sus patronos son "los de la sociedad".
Y para ejemplificar nos remontamos a los años setenta:

"El costo social de la crisis implicaba también una mayor desigualdad de la distribución del ingreso entre capitalistas y asalariados, por causa de la espiral inflacionaria que, conforme a la teoría sociológica de la inflación, resultaba de la confrontación entre aquéllos y éstos con el fin de lograr una mayor participación relativa en la renta nacional, pero que a ciencia cierta, según estadísticas oficiales, sólo beneficiaba a los primeros en detrimento de los segundos, puesto que los saltos sucesivos del nivel general de precios no contrarrestados por incrementos proporcionales de la remuneración del trabajo constituían un proceso de confiscación de los salarios monetarios que operaba como un formidable surtidor de la acumulación de capital. Los datos ilustran claramente la asimetría social que ocasionaba el componente inflacionario de la crisis. En efecto, la participación de las remuneraciones salariales en el ingreso nacional disminuyó en promedio de 49,6% en 1969-1973 a 43,7% en 1974-1978, mientras la participación de la retribución del capital aumentó de 50,4% en aquél lapso a 56,3% en este último, lo que significa que la mayor expansión económica durante el período de Pérez se tradujo en un reparto del ingreso aún más regresivo que el del quinquenio precedente, porque la política económica del régimen perecista auspició un proceso de acumulación basado en las ganancias exorbitantes del capital y facilitó relativamente poco la participación de los trabajadores en los beneficios del crecimiento".

Es una cita de "LOS EXTRAVÍOS DEL PODER - Euforia y Crisis del Populismo en Venezuela", Héctor Malavé Mata, UCV, 1987, y ante ese cuadro, ¿dónde estaban los medios, los partidos, la Iglesia, la "sociedad civil", los militares "preocupados" y la CTV que no denunciaban (y menos aún combatían) esa injusticia atroz que remachaba la miseria de la mayoría y profundizaba división y odio en la sociedad?

Pues alegres, indiferentes, robustos y por supuesto cobrando las utilidades que tal estado de cosas les garantizaba en ese ambiente "democrático", de "paz social" y de gran fedecamaradería. Y debemos tener claro que bajo la situación que hoy vivimos, dentro de un régimen capitalista, con la misma estructura estatal, la sola enunciación del programa social, político y económico que propone la Constitución Nacional es ya una cierta amenaza a los intereses de eso que en la cita del profesor Malavé Mata es nombrado como "el capital", concepto que parece un fantasma inasible pero que constituye una realidad con nombres y apellidos, cuyo voraz y obsceno apetito ha sido puesto a dieta por una nueva correlación de fuerzas.

Esa es la razón de tanta mentira, tanta conspiración, tanta amenaza de terrorismo, tanto movimiento que busca volver a esos sus felices tiempos de ingresos recesivos para los sectores dominados de la sociedad desigual. Por eso gritan que hoy la sociedad está dividida sin hablar de ese reciente y por ellos añorado ayer.

Por cierto, ¿leerían aquel libro escrito en 1973 por el jesuita Antonio Pérez Esclarín, "La Gente vive en el Este"?

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Ángel Cristóbal Colmenares E. (catirecolmenares@hotmail.com)


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